04-11-2025, 07:51 PM
Me desperté con los primeros rayos de sol que entraban a través de los cristales de los portillos de mi camarote. Comencé a estirar los brazos sobre mi cama, bostezando de forma sonora, intentando quitarme la pereza que llevaba sobre mí; habíamos planeado el día anterior un entrenamiento a horas tempranas por el clima de la isla, pretendía enseñarme un no sé qué de no me acuerdo. Las primeras horas de la mañana eran las que más pereza me daba pero a su vez hacía que la temperatura fuese la más agradable. Me gustaban los climas tropicales sin embargo esa isla era demasiado, aunque, por suerte, desde que el dragón se había ido todo era más llevadero. Esperaba al menos que no volviese, o si lo hacía, que pudiésemos educarlo para que vigilase todo. Me imaginaba la cara que pondrían los altos cargos en Marineford si se enterasen de que en nuestra división, uno de los miembros era un dragón inmenso, me resultaba demasiado graciosa la idea.
Como si de un ritual fuese, hice lo de siempre antes de un entrenamiento: comencé a vendarme los puños, desde los nudillos hasta la muñeca, de una forma milimétrica y ya demasiado interiorizada. A continuación hice lo mismo con mis pies, desde la zona del metatarso hasta la parte superior de los tobillos, siempre acostumbraba a entrenar descalzo desde que era niño. Me puse un pantalón negro, adornado con tres líneas verticales en el lateral de color verde, amarillo y rojo y lo acompañé con mi cinturón de capoeira, una cuerda blanca que atada terminaba colgando por el lateral. Con la calma y parsimonia que me caracteriza, seguí preparando mis bártulos, metiendo en mi mochila mis accesorios de combate, el den den mushi y demás aparatos. Me miré a un espejo, me peiné con la mano diestra mi pelo llevándolo hacia atrás y me coloqué mi media máscara; debido al calor, ya no usaba la parte superior del uniforme más allá de la capa... y no dejaba de usar los pantalones simplemente por respeto, porque ganas no me faltaban.
Agarré la mochila y la capa de Marine con mi diestra y salí de mi camarote para dirigirme hacia la cocina. Al entrar en ella no vi un alma así que me tocaba hacerme el desayuno por mi cuenta, no era especialmente bueno cocinando pero con picar un par de cosas me daba por satisfecho. Preparé una cafetera llenándola de agua y café molido, la puse al fuego para a continuación poner en una tostadora algo de pan. Abrí la nevera y allí me encontré al mayor manjar jamás creado: el zumo de piña. Saqué una botella, la abrí y le di un trago mientras me apoyaba en una encimera esperando a que todo se preparase. — Ni un ruido por el barco, todos deben de estar durmiendo, he madrugado demasiado — Inconsciente y con la mirada perdida hacia el suelo, comencé a mover mi pie derecho de forma rítmica, soplando a través del borde de la botella que hacía de instrumento de viento de forma improvisada — Boa noite povo que eu chegueeeei... mais outra vez apresentar meu baianaaaaaaa — Tamborileé con los dedos de mi mano zurda sobre la encimera — Boa noite povo que eu chegueeeeeei — Sin querer llevé la mirada hacia el reloj de la cocina, la hora marcaba que hacía quince minutos que había quedado con Fuguwu dentro de la isla — Me cago en los campos de caña de azúcar que bañan Samba, llego tarde — Con prisa empecé a engullir la botella de zumo, junto a las tostadas que habían saltado de dentro de la tostadora. Seguí engullendo, esta vez con el café recién hecho que no me hirvió por dentro de milagro. — Mierda, mierda, mierda
Ni siquiera me dio tiempo a preparar mi Tone Dial y la música, cogí la capa que dejé apoyada sobre una silla, mi mochila y salí corriendo hacia la cubierta del barco. Una vez en el exterior, mis piernas se convirtieron en una corriente arenosa que me mantenía levitando sobre el suelo. Con un movimiento acrobático levanté la capa y la giré en el aire para que cayese sobre mis hombros, la fijé a ellos y comencé a volar hacia el interior de la isla llevando la mochila en mi mano. La ventaja aérea me permitía poder llegar a los sitios más rápido que caminando y con ello era más sencillo localizar a mi amigo.
Tras unos minutos desplazándome por el aire por fin lo localicé y, a medida que me acercaba, mi voz se podría oír desde tierra cada vez más alto — Povo que eu chegueeeei, mais outra vez apresentar meu baianaaaaa — Me estrellé de golpe contra el suelo, provocando que la arena saliese por los aires para regenerar mi cuerpo y comenzar a caminar hacia mi compañero, me hacía especial gracia aterrizar de esa forma ya que no me dolía. — Cowabunga Fuguwu, perdón por llegar tarde, por el camino me encontré a un gato negro y cruzarlo trae mala suerte... a un gato negro... volador... ¿me sigues? ... ¿qué tienes preparado? ¡kakahaha!
Como si de un ritual fuese, hice lo de siempre antes de un entrenamiento: comencé a vendarme los puños, desde los nudillos hasta la muñeca, de una forma milimétrica y ya demasiado interiorizada. A continuación hice lo mismo con mis pies, desde la zona del metatarso hasta la parte superior de los tobillos, siempre acostumbraba a entrenar descalzo desde que era niño. Me puse un pantalón negro, adornado con tres líneas verticales en el lateral de color verde, amarillo y rojo y lo acompañé con mi cinturón de capoeira, una cuerda blanca que atada terminaba colgando por el lateral. Con la calma y parsimonia que me caracteriza, seguí preparando mis bártulos, metiendo en mi mochila mis accesorios de combate, el den den mushi y demás aparatos. Me miré a un espejo, me peiné con la mano diestra mi pelo llevándolo hacia atrás y me coloqué mi media máscara; debido al calor, ya no usaba la parte superior del uniforme más allá de la capa... y no dejaba de usar los pantalones simplemente por respeto, porque ganas no me faltaban.
Agarré la mochila y la capa de Marine con mi diestra y salí de mi camarote para dirigirme hacia la cocina. Al entrar en ella no vi un alma así que me tocaba hacerme el desayuno por mi cuenta, no era especialmente bueno cocinando pero con picar un par de cosas me daba por satisfecho. Preparé una cafetera llenándola de agua y café molido, la puse al fuego para a continuación poner en una tostadora algo de pan. Abrí la nevera y allí me encontré al mayor manjar jamás creado: el zumo de piña. Saqué una botella, la abrí y le di un trago mientras me apoyaba en una encimera esperando a que todo se preparase. — Ni un ruido por el barco, todos deben de estar durmiendo, he madrugado demasiado — Inconsciente y con la mirada perdida hacia el suelo, comencé a mover mi pie derecho de forma rítmica, soplando a través del borde de la botella que hacía de instrumento de viento de forma improvisada — Boa noite povo que eu chegueeeei... mais outra vez apresentar meu baianaaaaaaa — Tamborileé con los dedos de mi mano zurda sobre la encimera — Boa noite povo que eu chegueeeeeei — Sin querer llevé la mirada hacia el reloj de la cocina, la hora marcaba que hacía quince minutos que había quedado con Fuguwu dentro de la isla — Me cago en los campos de caña de azúcar que bañan Samba, llego tarde — Con prisa empecé a engullir la botella de zumo, junto a las tostadas que habían saltado de dentro de la tostadora. Seguí engullendo, esta vez con el café recién hecho que no me hirvió por dentro de milagro. — Mierda, mierda, mierda
Ni siquiera me dio tiempo a preparar mi Tone Dial y la música, cogí la capa que dejé apoyada sobre una silla, mi mochila y salí corriendo hacia la cubierta del barco. Una vez en el exterior, mis piernas se convirtieron en una corriente arenosa que me mantenía levitando sobre el suelo. Con un movimiento acrobático levanté la capa y la giré en el aire para que cayese sobre mis hombros, la fijé a ellos y comencé a volar hacia el interior de la isla llevando la mochila en mi mano. La ventaja aérea me permitía poder llegar a los sitios más rápido que caminando y con ello era más sencillo localizar a mi amigo.
Tras unos minutos desplazándome por el aire por fin lo localicé y, a medida que me acercaba, mi voz se podría oír desde tierra cada vez más alto — Povo que eu chegueeeei, mais outra vez apresentar meu baianaaaaa — Me estrellé de golpe contra el suelo, provocando que la arena saliese por los aires para regenerar mi cuerpo y comenzar a caminar hacia mi compañero, me hacía especial gracia aterrizar de esa forma ya que no me dolía. — Cowabunga Fuguwu, perdón por llegar tarde, por el camino me encontré a un gato negro y cruzarlo trae mala suerte... a un gato negro... volador... ¿me sigues? ... ¿qué tienes preparado? ¡kakahaha!
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