[T5 - Presente Absoluto] Cerezos manchados
#5
Outfit ---- Sigurd de Drum

Lo que prometía ser una trifulca aún más grande que la anterior, se convierte en una grata sorpresa. Ubbe es quien sale a recibirme a los pies de la cantina, pues es él quien está montando un follón enorme en su interior. Uno tan grande como para opacar el barullo que estoy liando en la avenida principal. Menudo mamón, este muchacho me llena de orgullo. Con una familiaridad acogedora, me invita a pasar y tomar algo. Yo no lo dudo ni un segundo y me adentro con el al bar.
Una vez dentro, parecen respetar a mi compañero. Ya sea por miedo o por genuino respeto, nadie duda de sus órdenes y antes de que pueda incluso pedir nada, ya estoy sentado en la mejor mesa y con platos calientes sobre la misma. Atención al detalle. Escucho sus batallas, las que ha tenido que librar estos días que hemos caminado por separado. Como ha perfeccionado su técnica y ha aprendido nuevas. Sus broncas por la isla y los monstruos que ha derrotado. Hazañas grandes que ensalzan su figura y que empiezan a juntar a curiosos y aventureros a nuestro alrededor. Yo le cuento mis propias andadas. Desde el encuentro con mi excompañero de tripulación y como obtuve éstas prendas, la caminata que sufrí por las montañas recogiendo material, la forja de Sköll y Hati... Nos ponemos al día mientras hombres y mujeres empiezan a vernos con más interés y respeto que miedo.
Han pasado varias horas desde que Ubbe me invitó a pasar y esto ya es más una fiesta que un local de comidas. Atraídos por nuestra aura indomable, se han juntado en el garito un puñado de criminales buscafamas, juerguistas locales y mujeres interesadas. En cada mesa hay una docena de botellas de alcohol mínimo, en cada esquina hay una pelea o acto vandálico y la música resuena por todas las paredes del lugar. Ubbe y yo seguimos en nuestra mesa, que se ha convertido en un foco de diversión. Piratas de todas partes cuentan sus historias mientras beben y trafican mercancías mágicas sobre la mesa. Las chicas más provocativas y sensuales reposan en nuestros enormes y musculosos brazos. Y los camareros no dejan de servirnos el verdadero néctar de los dioses. Para mí colega, ColaZero. Para mantener el tipín. Para mí, leche de vaca de Drum. Tibia. Llevamos una docena de vasos cada uno. Bebidas de macho.

Un tipo de pintas vulgares y acompañado de una docena de hombres, entra al bar. Nadie le hace caso, la fiesta es muy intensa. En el sombrero de quien dirige al grupo, hay una calavera negra y dos tibias, así que se asume pirata. Yo los veo cruzar por el rabillo del ojo, pero tampoco les hago mucho caso. Estoy más atento a Ubbe, que lleva 13 Colas y está contando una anécdota de las suyas. Además, mi mano derecha manosea el pecho de una pechugona que reposa en mi brazo mientras con la izquierda levanto la onceava jarra de leche. Si bebo menos que mi pana, seré un hazmerreír.
Piratas busca pleitos

Los hombres, ególatras y presumidos, gritan y buscan llamar la atención a toda costa, pero son silenciados por el rugido de la fiesta sin control. Llenos de rabia y envidia, buscan al responsable de todo este follón hasta que dan con nuestra mesa. Les veo llegar de lejos, dando un ligero toque de hombro para interrumpir la historieta de Ubbe y señalar al grupo. Sin moverme del sitio, inicio la conversación. -¿Buscan algo, caballeros?- digo de la forma más amable. Sin embargo mi rostro es serio. Nada me toca más la polla que los aguafiestas.
-¿Y vosotros os hacéis llamarrr pirrrratas?- responde con agresividad. Su acento alarga las R, como si fuera del este. Todo el bar se enmudece al comprobar que alguien nos ha venido a increpar. Deseo concedido, ahora tienen la atención de todos. Yo me mantengo callado. -Dos marrrriquitas muy grrrandes, sí. Perrrro que cuentan mentirrrras y prrrefieren mujerrr a espada.- se acercan. Yo no hago nada todavía. Giro el cuello para mirar a Ubbe un segundo. En silencio. Le sonrío. Nuestra mente se conecta por un instante y ya sabemos qué hacer y como va a acabar esto. El hombre parlanchín se acerca de más. -Y encima beben como bbbebebbes. Bebida azucarrrada y lechita de su mamá.- Y cuando va a extender el brazo para hacerse con la jarra y burlarse de más, le agarro el brazo al vuelo y le rompo el hueso con un mínimo de fuerza. Esa es la señal para que empiece la batalla.
Ubbe salta de su sitio y empieza a hacer lo que mejor se le da. Se convierte en un torbellino de ostias y guantazos que tonto aquel el que esté cerca. Seis de la docena de hombres van a por él. Yo me quedo con la otra mitad. Me levanto bruscamente, haciendo volar tanto la mesa como la chica que reposaba sobre mí. Ya aterrizará como pueda. Se abalanzan dos de un salto, pero con un barrido de mi antebrazo derecho en el aire, los conecto y los hago despegar hasta la otra punta del bar. No atraviesan la pared de milagro. Con destreza, cojo una jarra vacía de la mesa de al lado y la choco contra la cabeza del tercer hombrecillo que viene, reventando en su cabeza con vidrios afilados y derramando el contenido. El cuarto resbala y cae frente a mi. Graso error. Le piso la cabeza, que se queda hecha puré en una mezcla de trocitos de cerebro, cristal roto y cerveza sin alcohol. -¡Guakala!- me sorprendo yo mismo de lo grotesco y divertido que ha sido. -¡Esta vale por dos!¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- le grito a mi compañero mientras me río, como si lleváramos un contador personal de bajas. Por estar bromeando, los dos que quedan me sorprenden por la espalda, lanzándose contra mis hombros y mi cuello en un intento de mata león. Ligeramente sobrepasado, pienso la mejor forma de zafarme del ahorcamiento. Y ya sabes lo que dicen. No acorrales a un Buccaneer o serás su mejor ruta de escape. Me lanzo de espaldas contra la pared más cercana del local, aplastando a los tipos contra mi espalda y derribando media pared. El agujero es tan grande como yo, pero me permite librarme y tomar aire de vuelta.

Al salir a la calle de nuevo rompiendo una pared entera, provoca un gran desconcierto general a todo aquel que pasa por allí. La gente se asusta, grita y huye despavorida de la zona, temiendo lo peor. Yo me levanto lentamente, mientras me retiro escombros y manchas de sangre y polvo. -¡No se preocupen, estoy bien!- digo con flojera e ironía. Ubbe parece haber acabado también con su grupo de desgraciados. Antes de que pueda hablar. Vemos ambos (él desde dentro y yo desde fuera) como el "capitán" con el brazo roto huye del sitio, todavía con vida y abandonando a su gente. Yo miro a Ubbe. Desconcertado, pero alegre. Hay un silencio general y me gusta romper estos momentos. -Al menos uno que contará nuestra historia.- y empieza una risa general por toda la cantina. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
¿Qué es una tarde de juerga sin pelea, sangre y edificios rotos? Un mal chiste. Y allá donde van los Hermanos Bucaneros, hay buena juerga. El único que no va a estar muy contento es el propietario. Pero bueno, ya pedirá un préstamo al Gobierno o algo.

En efecto, cajita feliz


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RE: [T5 - Presente Absoluto] Cerezos manchados - por Sigurd Haakon - 05-11-2025, 02:47 PM

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