05-11-2025, 08:57 PM
¿Qué era el dolor? ¿Qué era la agonía? Mi ser, de infinita superioridad, se hallaba de rodillas, sintiendo como cada ápice de energía y fuerzas abandonaba bello y perfecto cuerpo. ¿Cómo alguien tan genuinamente maravilloso como, yo, Uoyon-sama, se encontraba en una situación así? No podía evitar preguntarmelo, mientras observaba junto a mi como, el Lunarian al que hasta hace momento tenía sostenido del cuello, parecía seguir con vida. No pude evitar sino soltar un chasquido con mi lengua, al comprobar que ni siquiera aquel emplumado enmascarado había perecido tras haber sido envuelto, al igual que yo, en aquel mar de brasas y espinas. Por otro lado, ante mi, aún seguían de pie aquellos tres guerreros que, a pesar de mis constantes acometidas y de mi excelsa figura, habían conseguido sobreponerse y, ante todo, contraatacarme. La rabia, la resignación y la frustración invadía cada fibra de mi cuerpo. ¿Qué era el dolor? ¿Qué era la agonía? En ese momento, lo que más me hacía sufrir, no eran las quemaduras que azotaban por todo mi cuerpo, debido a las explosiones ocasionadas por los dos tiradores, no la electricidad que aún recorría mi cuerpo debido a las flechas del arquero pelirrosa. Ni siquiera, ese extraño malestar que me afligía desde dentro, al poco de empezar el combate, el puñetazo en la espalda que me propinó la figura encapuchada era lo que me dolía... No... Para alguien que había nacido siendo perfecto, para alguien que no había conocido la derrota y para alguien que no había experimentado el dolor gracias a su belleza, letalidad y habilidad en combate, no había mayor herida que el choque de realidad de saber qué, al final del día, no era un ser perfecto.
Mientras mi mente andaba sumida en mis existenciales pensamientos, el humano de cabellos negros como el tizón, tras aproximarse hacia mi a una velocidad imperceptible para mí, me propinó un disparo en la espalda que, no pude ver ni oír. Con suerte, pude sentir durante, un breve tiempo, un agudo pinchazo en mi espalda que se extendió p
or todo mi sistema nervioso hasta que, mi consciencia, se iba desvaneciendo lenta y paulatinamente. Mis ojos se emblabquecian y, por el contrario, todo mi alrededor se volvía más y más oscuro, hasta el punto de eclipsar a la propia noche hasta que , todo, quedó en la nada. En aquel remanso de negritud mi psique, npor una vez en mi vida, mi atención se centró en mis hermanos en vez de un servidor. El que fue mi ídolo e inspiración de pequeño por su concepción del arte, Uoichi. Uoni, ese drogadicto de los esteroides y del gimnasio. El idiota pero, aún así, obediente de Uosan. El honorable guerrero y menor de los hermanos, Uoroku. Y por último, mi hermano gemelo, Uogo, ese cenutrio que no era capaz de limpiarse la baba sin mi ayuda, volviéndose alguien completamente uoyon-dependiente. Era un completo grano en el culo.- Espero que te vaya bien sin Uoyon-sama, Uogo-uo - Y aún así, esto fue lo único que pensé, lo último que dije en mi subconsciente mientras sentía como los gélidos brazos de la muerte me rodeaban. Fuera a donde fuera, estaba listo para brillar en mi nuevo destino.
Mientras mi mente andaba sumida en mis existenciales pensamientos, el humano de cabellos negros como el tizón, tras aproximarse hacia mi a una velocidad imperceptible para mí, me propinó un disparo en la espalda que, no pude ver ni oír. Con suerte, pude sentir durante, un breve tiempo, un agudo pinchazo en mi espalda que se extendió p
or todo mi sistema nervioso hasta que, mi consciencia, se iba desvaneciendo lenta y paulatinamente. Mis ojos se emblabquecian y, por el contrario, todo mi alrededor se volvía más y más oscuro, hasta el punto de eclipsar a la propia noche hasta que , todo, quedó en la nada. En aquel remanso de negritud mi psique, npor una vez en mi vida, mi atención se centró en mis hermanos en vez de un servidor. El que fue mi ídolo e inspiración de pequeño por su concepción del arte, Uoichi. Uoni, ese drogadicto de los esteroides y del gimnasio. El idiota pero, aún así, obediente de Uosan. El honorable guerrero y menor de los hermanos, Uoroku. Y por último, mi hermano gemelo, Uogo, ese cenutrio que no era capaz de limpiarse la baba sin mi ayuda, volviéndose alguien completamente uoyon-dependiente. Era un completo grano en el culo.- Espero que te vaya bien sin Uoyon-sama, Uogo-uo - Y aún así, esto fue lo único que pensé, lo último que dije en mi subconsciente mientras sentía como los gélidos brazos de la muerte me rodeaban. Fuera a donde fuera, estaba listo para brillar en mi nuevo destino.
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