[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1]
#36
No me fijé en que, cuando me preparé para darle mi propio puñetazo, ella ya tenía el brazo tensado y el puño listo, y por ello el impacto vino como un encontronazo seco que, sorprendentemente, apenas dejó marca en mi piel dura. No sentí el golpe ni siquiera como una molestia, la sentí como si fuera una especie de cosquilleo que recorrió las protuberancias de mi torso y me sacó una mueca media divertida y media enfadada. En cambio, el golpe que lancé con la rabia contenida por mis hermanos y la intención de demostrar quién manda, le perturbó el equilibrio por completo. La vi tambalearse, los ojos enormes perdiendo foco por un instante, y luego su enorme cuerpo cayó al suelo con un estruendo que hizo vibrar el polvo bajo mis pies. La sensación de poder fue inmediata y burbujeante, como si algo dentro de mí se hinchara y me hiciera creer que era capaz de partir rocas con la punta de un dedo. Tal vez es que yo era extremadamente fuerte, o al menos eso sentí, una certeza que me hizo sonreír tonta y peligrosamente, o tal vez ella, a pesar de su tamaño de gigantona, era en realidad una soberana debilucha que había engañado a su propia estatura con falsa solemnidad. Miré su caída y noté que el silencio que siguió tuvo la textura del asombro; algunos ojos se abrieron como platos, otros bajaron la mirada con vergüenza, y yo me permití reírme, una risita aguda que sabía a triunfo y a infancia. Ni siquiera me acerqué a ella. No me moví de donde estaba, pero dirigí a ella con voz burlona. -Mujer y débil. Parece ser que algunos dioses sí castigan dos veces-uo.- La frase salió filosa, machista y provocadora, exactamente lo que quería para incendiar la escena y recordarles a todos quién tenía la lengua más afilada y la cola más rápida.

Mientras se incorporaba con ese gesto torpe que la hacía parecer más enorme y menos peligrosa a la vez, soltó una palabra que retumbó con gracioso veneno: "zarrapastroso de mierda". Arqueé una ceja, más por pura curiosidad que por ofensa. ¿Qué demonios querría decir "zarrapastroso"? No lo sabía pero la entonación y la rabia en su voz me dijeron todo lo que necesitaba: era un insulto dirigido a mí, y los insultos sirven como combustible para ciertos juegos que mis hermanos disfrutan cuando me vigilan. Dejé que un retazo de sonrisa tonta se curvara en mi boca, esa misma que a veces asusta a los demás, y noté cómo la sangre me empezaba a hervir con la precisión de una caldera a punto de pitar. Ella dio media vuelta y, con sorprendente poca rapidez para alguien de su tamaño, comenzó a huir. Dos metros fue todo lo que tardó en intentar buscar refugio entre las sombras o entre el resto de mis presas, como si creyera que la distancia curaría su orgullo. No contaba con mi temperamento ni con mis piernas, ni por supuesto, con mi velocidad. Sentí el impulso animal de perseguirla: no por necesidad de aplastarla hasta el silencio, sino porque la escena pedía una lección clara, un recordatorio de que provocar a un gyojin suele acabar mal para el provocador. Alcancé velocidad con la soltura de quien ha corrido mil veces por terrenos irregulares; cada zancada levantaba un pequeño abanico de polvo que se pegaba a mi piel azul. Cuando estuve a un metro de su espalda, todo se volvió cuestión de gesto y tiempo: giré mi torso sobre la cintura con la suavidad implacable de una ola que decide romper en un punto preciso, y preparé el puño derecho como si fuera la punta de un arpón, cargándolo con la inercia de mi propio cuerpo para que el golpe no fuera sólo fuerza sino propósito. Apunté a la zona lumbar, buscando un impacto que la hiciera doblar la voluntad antes que el cuerpo, para que entendiera que burlarse de mí tiene consecuencias prácticas, no solo palabras.

El golpe la mandó directo al suelo, con un ruido seco que me resultó tan satisfactorio como el estallido de una burbuja en el agua. Su cuerpo se desplomó hacia adelante, las manos tratando inútilmente de amortiguar el impacto, y por un instante pensé que había terminado todo; pero el aire a mi alrededor cambió. Una vibración cortó la calma, ese zumbido agudo y reconocible, y antes de poder girar del todo, sentí el impacto en el pecho, justo en la gema celeste que centelleaba en mi piel. El disparo no fue tan potente como el que un gyojin de guerra podría temer, pero sí lo suficiente como para dejar una marca en mi orgullo. Cuando mis ojos se alzaron hacia el tirador, lo vi: el alado que había golpeado antes, con las plumas desordenadas y la mirada llena de ese valor torpe que da la estupidez o la desesperación. Escupió palabras que, para mi desgracia, sí entendí perfectamente. Dijo que sólo me sentía seguro escondiéndome detrás de una mujer. Una mujer. Otra vez esa palabra, dicha con el mismo filo inútil con el que un pez pequeño intenta intimidar a un tiburón. Sentí la rabia colarse por mis venas, esa furia caliente que se mezcla con una risa que no se puede contener. Sonreí, dejando que mis labios se estiraran hasta mostrar los dientes, esa mueca que algunos llaman sonrisa tonta y otros simplemente evitan mirar. Extendí los brazos lentamente, como quien ofrece el pecho al destino mismo, y mi voz, aguda y burlona, se elevó entre ellos. -¡Vamos entonces-uo! Si piensan que una piedra lanzada puede tumbar a una corriente, los invito a probar todos juntos. ¡Golpeadme-uo!- —dije, abriendo los brazos de par en par. Quería ver si eran capaces de más que palabras. Quería sentir si alguno merecía llamarse enemigo.

Cada vez los veía más cerca, esos rostros deformados por el esfuerzo y la rabia, moviéndose como si creyeran tener alguna posibilidad. Pero dentro de mí sólo había una certeza fría y arrogante: ninguno de ellos era rival para mí. Mis ojos rojos se clavaron en sus figuras, observando los detalles mínimos de su torpe coordinación: los pasos desacompasados, las armas mal empuñadas, las miradas llenas de miedo disfrazado de valor. Todo eso me resultaba... divertido. Sí, esa era la palabra. Divertido. Como ver a un grupo de crías jugando a ser cazadores cuando ni siquiera saben distinguir el olor de la sangre en el agua. El aire a mi alrededor vibraba con la tensión de la batalla, el suelo temblaba bajo los pasos de los idiotas que venían a intentar su “gran ofensiva”, y yo simplemente me quedé de pie, relajado, sin una pizca de miedo. No tenía la menor intención de moverme ni un paso atrás. ¿Para qué? Sería insultante para mi orgullo. Me limité a reír, esa risa aguda y molesta que siempre irrita a los demás, dejando que resonara entre los gritos y los pasos apresurados. -Estoy seguro que aunque no levante un solo brazo, aunque me quede quieto como una roca, no podrían ni siquiera tirarme al suelo-uo.- Sentí una oleada de fuego recorrerme el pecho, no por la adrenalina, sino por la emoción de ser el centro de esa escena. La sangre de mis venas hervía con superioridad, mi cola se movía lentamente de un lado a otro, marcando el ritmo de mi provocación. -¡ESTE ES EL PODER DE LOS SAKANA! ¡UO UO UO UO!- Grité con el pecho inflado, dejando que el eco retumbara en el aire. Mis palabras eran una declaración, una burla y una invitación a la humillación. Que vinieran. Que probaran suerte. Ninguno saldría intacto.

RESUMEN


BÉLICO


SIGUIENTE TURNO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 735 - 38 = 697
Energia: 722 - 109 = 613
Espiritu: 150 + 0 = 150


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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 1] - por Uosan Sakana - 07-11-2025, 04:06 AM

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