Presente Relativo/ [Entrenamiento] Reclutas
#1
48 de Otoño Año 16.
South Blue.
Baterilla/Base de la Marina-Campo de Entrenamiento 
Hora 6:48 AM

El mundo aún estaba pintado en tonos de gris y púrpura cuando la primera luz del alba comenzó a besar el horizonte de Baterilla. El aire era fresco, preñado de la humedad de la noche y del aroma limpio y salado del mar en calma. La base de la Marina dormía. El único sonido era el lejano murmullo de las olas rompiendo contra la costa y el ocasional grito de un pájaro marino madrugador. Era una paz profunda, el tipo de silencio que precede a la acción.

En este lienzo de quietud, una montaña se movió.

La figura de Develio Torum emergió de las sombras del edificio de alojamientos, su paso un retumbar sordo y rítmico que era la única percusión en el silencio matutino. Llegó primero, como siempre solía hacer. La puntualidad, para él, no era una virtud, sino una necesidad táctica. Llegar antes significaba comprender el terreno, eliminar las variables desconocidas, prepararse.

El campo de entrenamiento se extendía ante él, un mosaico de oportunidades y peligros potenciales. Era, como había observado anteriormente, una instalación sorprendentemente completa para una base tan modesta. A su izquierda, una amplia zona de tierra batida anaranjada, salpicada de maniquíes de entrenamiento de madera con los torsos marcados por innumerables golpes. A su derecha, un profundo foso de arena para ejercicios de agilidad y combate en terreno inestable. Al fondo, un imponente muro de obstáculos de madera y cuerda se alzaba como el esqueleto de una bestia prehistórica. Y dispersa por todo el lugar, una colección de equipamiento pesado: esferas de piedra de varios tamaños, enormes pesas de hierro que parecían anclas de barcos pequeños y troncos de palmera pulidos para ser usados como barras.

Develio no vio un gimnasio. Vio un laboratorio.

Comenzó a caminar por el perímetro, un lento recorrido de inspección. Sus enormes botas se hundían ligeramente en la arena, y evaluó su densidad y la resistencia que ofrecería al movimiento. Tocó uno de los maniquíes de madera, notando una grieta cerca del cuello; un punto de fallo estructural. Su mirada recorrió el muro de obstáculos, no pensando en cómo superarlo, sino en los ángulos de caída y las probables lesiones por impacto: fracturas, esguinces, laceraciones por astillas.

Cada pieza del equipo era, en su mente, una causa potencial de un efecto que él tendría que tratar más tarde.
Terminada su inspección, se detuvo en el centro del campo de tierra batida. Era hora de prepararse. Lentamente, con la deliberada gracia de un glaciar en movimiento, comenzó a estirar. No eran los estiramientos rápidos y enérgicos de un hombre normal. Eran movimientos profundos, sostenidos, que parecían hacer crujir el propio aire. Inclinó su torso masivo, sus manos del tamaño de escudos casi tocando el suelo. Giró su cuello, un movimiento que produjo un chasquido sordo como el de rocas asentándose tras un corrimiento de tierras. Para un observador, sería como ver a una criatura geológica despertando de un largo letargo.

Una vez que sus músculos estuvieron listos, se sentó en la base de piedra del arsenal, la única estructura que parecía capaz de soportar su peso sin quejarse. De su bolsa, sacó su pipa de Elbaf. El ritual era el mismo: llenó la cazoleta de roca de lava con su tabaco con aroma a mango, y con un simple movimiento de pedernal, la encendió. La primera calada fue larga, profunda. El humo denso y aromático se arremolinó en el aire frío de la mañana, un cálido y exótico contraste con la esterilidad del campo de entrenamiento.

Con la pipa entre los labios, esperó. El sol ahora se alzaba claramente sobre el mar, bañando la arena anaranjada en una luz dorada y proyectando su sombra colosal a lo largo de todo el campo de entrenamiento. Su mente ya no estaba en la preparación física. Estaba en el análisis.

El combate de hoy no era una prueba de dominación. Era un procedimiento de diagnóstico. ¿Cómo reaccionaría Akira bajo presión? ¿Usaría su agilidad para evadir, o su sorprendente intensidad para atacar directamente? ¿Cuál era el umbral de dolor real de Juan Sebastián siendo un gyojin? ¿Hasta qué punto podía confiar en la dureza de su caparazón? Y él mismo... ¿cómo de bien podría controlar su cuerpo contra combatientes más pequeños y ágiles?

La brisa matutina levantó un poco de polvo a sus pies, no era silencioso, por suerte se encontraba algo lejos del resto de dependencias. Develio exhaló un anillo de humo perfecto que flotó y se disipó sobre el terreno vacío. No estaba esperando una pelea. Estaba esperando a sus pacientes. La consulta estaba a punto de comenzar, y el lenguaje de hoy sería el del combate. Estaba listo.




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Presente Relativo/ [Entrenamiento] Reclutas - por Develio Torum - 07-11-2025, 01:53 PM

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