Presente Absoluto / T1 Búsqueda de Motivos
#13
El viejo anciano al final entró razón, las palabras de Develio calaron en un longevo corazón, no por empatía a los marines, sino a la gente buena. Akira se quedó con ganas de saber qué tipo de “encuentros con la ley” había tenido en su juventud, pero esto era otra historia. Y a lo que ahora tenían que estar era a los disturbios del puerto y al miedo de los pescadores con trayectoria en dicha profesión. Que como bien habían intuido los cuatro, no eran los alborotadores.

El viejo les aclaró que, en efecto, los que estaban creando el caos no eran ellos, sino algunos revolucionarios o piratas que habían llegado sin avisar y sin decir quienes eran. El apoyo de los nuevos reclutas trasladados al sur venía provocado por la creciente peligrosidad del mar. Y Akira no podía permitir que ganaran territorio y que acabaran con la paz de lo que había sido su hogar durante prácticamente toda su vida. Y de pronto sucedió. El miedo del anciano sobre aquel grupo de maleantes apareció en escena, casi invocado por sus palabras. Se giró de inmediato, haciéndose hacia un lado para poder diferenciarlos con claridad, ya que su compañero Develio se había interpuesto entre ellos y el anciano.

Con un veloz barrido Akira pudo diferenciar veinte personas. ¡Veinte! Y ninguno de ellos parecía trabajar en el mar. Palos, antorchas, cadenas, hachas… Pero, ¿qué era esto? No solo eran agitadores, sino que eran violentos y sus conductas amenazantes resultaban aterradoras—. Primer y último aviso, eso digo yo. Es más, me atrevería a decir que sois un grupo de retrasados mentales, así que dejad esas armas u os acabaréis haciendo daño —amenazó el rubio con cortesía y amabilidad, en respuesta a aquel que parecía ser el líder del grupo. Si todavía había un “jefe” como dijo, el cabecilla de todo esto tenía que acabar entre rejas. Y Akira y sus compañeros se iban a encargar de ello. Movió con cuidado su cuello de izquierda a derecha y estiró sus dedos hacia el frente, entrelazados unos con otros.

Las advertencias de los marines no parecieron achantar a ninguno de aquellos maleantes, probablemente por la cantidad numérica y por la cantidad de cachivaches que llevaban capaces de hacer daño. Pero que un gigante de once metros o un enorme cangrejo con una pinza del tamaño de sus cabezas no les hicieran pensarse las cosas dos veces, era una valentía digna de reconocer.

Akira podía resultar amenazante y agresivo, pero era incapaz de empezar ningún conflicto físico. Confiaba en la incomodidad de las palabras antes que recurrir a la violencia. Pero aquel grupo tenía que disuadirse, y el plan del médico era la oportunidad perfecta para acabar con ellos sin que le sucediera nada ni al anciano, ni a la gente. Y además, sin destrozar ninguna estructura de las que les rodeaban—. Me parece un plan perfecto, grandullón —y flexionando levemente sus rodillas en dirección a aquel grupo de delincuentes, y adoptando un rostro casi maníaco, con una amplia sonrisa inconsciente y confiada, esperó a la señal de Develio.

Poco tardó su compañero en echar a correr, con la intención de investir al grupo como lo hace un toro. Lo siguió manteniendo una distancia coherente para no dejar ningún punto sin protección entre su espalda y el anciano. Sus oídos, bien abiertos, para ser capaz de escuchar en qué dirección se moverían si esquivaban a su amigo, ya que con su enorme cuerpo no podía visualizarlos del todo. Sus ojos, rebotando como bolas de pinball entre unos y otros, sin perder detalle de sus posibles movimientos. La adrenalina del momento le hacía moverse con velocidad y soltura, disfrutando de cada segundo. No le gustaba iniciar conflictos, pero si le habían dado un motivo, o una excusa, lo que sí que le gustaba era terminarlos.

Arrastrando a un cuarto del grupo su compañero de grandes dimensiones, los que quedaban en sus francos derecho e izquierdo, que le quedaban detrás, serían las “víctimas” del joven marine. Decidió quedarse con el grupo de la izquierda, al chico le daba igual, a puño limpio se podía decir que era ambidiestro, pero mantener controlado lo que tenía a su derecha le daba mayor tranquilidad, ya que fuera de combate sí que era diestro.

Se acercó a los cinco que le correspondían e imitando a su compañero, echó a correr en su dirección, con la diferencia de que, cuando estaba a punto de llegar al que tenía más cerca, de un salto le pasó por encima, dándole con el talón en la nuca y dejando inconsciente al primero de ellos. Con la inercia y un leve impulso gracias al talonazo, consiguió caer con una voltereta para darle un fuerte codazo al segundo, también en la nuca. A este segundo que tenía dándole la espalda, ahora lo tenía también en el suelo.

Pronto sus otros tres compañeros se le lanzaron al unísono como si se encontraran en un episodio de los Looney Toons—. ¿Se están pegando entre ellos? —habían levantado tanto polvo con sus antorchas, su roña y sus historias que no se habían dado cuenta de que Akira les había esquivado con un salto hacia atrás. Tenía a aquel par en el suelo a sus espaldas, así que podía pasarles por encima con facilidad. Se sentó encima de uno ellos mientras veía como se pegaban—. ¿De verdad son tan tontos? —le faltaban las palomitas—. ¡Se acabó la tontería! —cogió el palo de uno de los que habían caído de los primeros y empezó a zarandearlo con fuerza mientras lo acercaba a aquel montón de arena que habían levantado y que se encontraba en suspensión. Sin ningún tipo de sentido y de manera aleatoria, movía el trozo de madera dándoles palazos en la cara, en los brazos, las piernas, la tripa. Cuando se quiso dar cuenta, había acabado con los cinco.

Se giró para ver la situación en la que se encontraban el resto de sus compañeros.



Resumen

Karmas

Bélico
—Hablo —. ”Pienso”
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 267 + 0 = 267
Energia: 268 - 50 = 218
Espiritu: 138 + 0 = 138


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RE: Presente Absoluto / T1 Búsqueda de Motivos - por Akira Raito - 07-11-2025, 06:17 PM

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