07-11-2025, 07:41 PM
Día 28 de Otoño del Año 16, 8:00 AM
Una mañana como cualquier otra Eros golpeaba la madera usando sus herramientas con la precisión que un cirujano ejercería en su trato con el paciente, tenía que respetar el Crimson Stage despues de todo. Cada martillazo que el joven efectuaba hacía eco a través de los pasillos del barco. Si bien la madera de aquel barco no parecía querer ceder fácilmente ante su tacto, la determinación de la Estrella de la Muerte no era moco de pavo. Con serenidad acarició las maderas del barco: se mecía, su madera era más o menos firme en distintos lugares, el sepulturero podría decir que inclusive tenía su propia personalidad. Con cada golpecito que iba dando a los clavos, Eros trataba de darle toda su atención, manteniendo la postura correcta, respirando con calma y llevando a cabo su labor con la mayor dedicación posible así fuesen simples tareas de mantenimiento. El sudor le recorría la frente en pequeñas gotitas cristalinas, pero los brazos no titubeaban en los más mínimo, no podía detenerse despues de todo. Cada milímetro del Crimson Stage debía ser firme, y él era quien debía asegurarse de ello: No era una tarea menor.
Tras unos momentos lijando la madera, pasó lo peor. El aserrín que se levantó llegó a su nariz, su nariz picó en un momento y casi como si una fracción de segundo fuese suficiente para la desgracia su mano izquierda resbaló martillándose con fuerza contra el clavo. Tal fue su fuerza, que cuando removió la mano el clavo no estaba. Lo buscó en el suelo con ahínco agachándose para ello, revisó la pequeña hendidura en la tabla pero no había nada. Dejó con con cuidado el martillo en su cinturón de herramientas cuando sintió un ligero goteo. Tac, tac, tac. Cuando observó su mano izquierda pudo notar sus nudillos heridos por el golpe del martillo y, al girar su palma, contempló el clavo profundamente clavado por el cabezal enterrado en su palma. Ladeó su cabeza casi maravillado por el trabajo que él mismo había efectuado ¿Con cuanta fuerza le estaba dando al martillo? Pensó en removerse el clavo así sin más, pero bien sabía que si uno liberaba a ciegas y tontas una herida sangrante había posibilidad de empeorarlo.
Suspiró, dispuesto a seguir trabajando. Pero más allá del dolor que intentaba ignorar, su mano temblequeaba un poco. Negó con la cabeza, dándose un puñetazo en la mejilla con la mano sana como reprimenda por cometer un error tonto, un error de novato que no se debería permitir llegados a esas instancias.
— Creo que lo más responsable será que tenga la atención médica adecuada ¿No? —Se preguntó a si mismo antes de asentir con la cabeza. — Sí, creo que tengo razón... Mira que ponerme a perder el tiempo y holgazanear para ir a la enfermería... —Se regañó a si mismo tirándose un mechón de cabello con la mano sana a medida que sus zancadas iban hasta la enfermería derrotado como un alma en pena para finalmente golpear tímidamente la puerta de la misma. — Señorita Alana... Disculpe que la inoportune en éste momento, seguramente esté ocupada con cosas más serias pero me he atravesado la mano con un clavo, y está impidiendo que me concentre en mis labores... Perdón —No espero a que la médica contestase, en cambio hablando a través de la puerta. Avergonzado, tímido y charlatán por su nerviosismo. Podía sentir el calor de sus nervios recorriendo su cuerpo, y la sangre seguía brotando, ésta vez dejando un rastro a través del barco que delataba su origen.
Tras unos momentos lijando la madera, pasó lo peor. El aserrín que se levantó llegó a su nariz, su nariz picó en un momento y casi como si una fracción de segundo fuese suficiente para la desgracia su mano izquierda resbaló martillándose con fuerza contra el clavo. Tal fue su fuerza, que cuando removió la mano el clavo no estaba. Lo buscó en el suelo con ahínco agachándose para ello, revisó la pequeña hendidura en la tabla pero no había nada. Dejó con con cuidado el martillo en su cinturón de herramientas cuando sintió un ligero goteo. Tac, tac, tac. Cuando observó su mano izquierda pudo notar sus nudillos heridos por el golpe del martillo y, al girar su palma, contempló el clavo profundamente clavado por el cabezal enterrado en su palma. Ladeó su cabeza casi maravillado por el trabajo que él mismo había efectuado ¿Con cuanta fuerza le estaba dando al martillo? Pensó en removerse el clavo así sin más, pero bien sabía que si uno liberaba a ciegas y tontas una herida sangrante había posibilidad de empeorarlo.
Suspiró, dispuesto a seguir trabajando. Pero más allá del dolor que intentaba ignorar, su mano temblequeaba un poco. Negó con la cabeza, dándose un puñetazo en la mejilla con la mano sana como reprimenda por cometer un error tonto, un error de novato que no se debería permitir llegados a esas instancias.
— Creo que lo más responsable será que tenga la atención médica adecuada ¿No? —Se preguntó a si mismo antes de asentir con la cabeza. — Sí, creo que tengo razón... Mira que ponerme a perder el tiempo y holgazanear para ir a la enfermería... —Se regañó a si mismo tirándose un mechón de cabello con la mano sana a medida que sus zancadas iban hasta la enfermería derrotado como un alma en pena para finalmente golpear tímidamente la puerta de la misma. — Señorita Alana... Disculpe que la inoportune en éste momento, seguramente esté ocupada con cosas más serias pero me he atravesado la mano con un clavo, y está impidiendo que me concentre en mis labores... Perdón —No espero a que la médica contestase, en cambio hablando a través de la puerta. Avergonzado, tímido y charlatán por su nerviosismo. Podía sentir el calor de sus nervios recorriendo su cuerpo, y la sangre seguía brotando, ésta vez dejando un rastro a través del barco que delataba su origen.
