07-11-2025, 11:14 PM
No sabía definir con exactitud el por qué, pero se complementaba bastante bien con Ryota, quizás demasiado. Del mismo modo que algunas veces quería matarle, también la ayudaba a sentirse tranquila, a devolverla a un lugar seguro, a su zona de confort. Algo en su carácter la estabilizaba y desestabilizaba a partes iguales.
Cuando el joven la rodeó con sus brazos, la de cabellos aqua no dudó en hacer lo mismo, alzando los brazos para pasarlos sobre los hombros ajenos, estrechándole con aprecio—ya me conoces, es hablar de tesoros y aparezco —comentó entre ligeras risas. ¿Bendición o maldición? Tenía el don de emerger cuando se hablaba de cualquier tipo de recompensa.
Su amigo se dirigió hacia el hombre y ella mantuvo su posición. ¿Qué actitud debía adoptar? ¿Qué necesitaría para convencer a aquel hombre de dejarla quedarse con ellos? Necesitaba observar, obtener información para mimetizarse con el entorno, encontrar sus gustos y adaptarse a ellos. Como un camaleón que busca perderse en una rama.
Finalmente Ryota volvió a dirigirse a ella y ese guiño que le lanzó le indicó todo lo que necesitaba. Tenía una conexión con él como la tenía con pocos, quizás por su capacidad de observación, por su atención a los detalles, o porque ambos pensaban similar en algunas ocasiones, quién sabe. El caso era que entendió el juego que su compañero le proponía y no dudó en adaptarse a él—. Oh, por supuesto, adoro los hombres así —deslizó los dedos por la correa del bolso, subiendo y bajando en esta mientras un ligero rubor se posaba en sus mejillas, todo era parte de su papel, por el momento seguiría por el camino de la timidez y dulzura. Eso solía gustarle a los hombres ¿no? Una joven a la que poder cuidar, proteger... una persona débil para demostrar su valía y hombría.
Por un momento iba a reírse al escuchar el estómago de su amigo rugir reclamando alimento, pero antes siquiera de que pudiera hacerlo, su estómago decidió contestarle con el mismo sonido, casi como si tuvieran una conversación entre ellos. Llevó una de sus manos al plano abdomen y lo masajeó en círculos con suavidad, intentando acallar a la bestia que era ahora su estómago. Complementando las palabras del castaño se acercó al hombre, colocando el índice en el esternón ajeno—de verdad que estoy hambrienta... —a medida que las palabras se iban deslizando por su lengua también lo hacía su dedo, bajando suavemente por su torso hasta terminar el camino en el bajo vientre, deteniendo ahí su recorrido—... prometo que no se arrepentirá, soy muy agradecida con quienes me ayudan, querido~ —canturreó con cierto toque de sensualidad y ni corta ni perezosa, se alzó de puntillas otra vez, pero en esta ocasión para depositar un sutil beso en la mejilla ajena. Con ese coqueteo sería más que suficiente ¿no? Ese tipo de hombres acostumbraban a ceder ante cualquier apego femenino. Una vez cedió sonrió victoriosa—. Qué amable es usted.
Una vez en el restaurante se sentó al lado de Ryota, dejando el bolso apoyado en uno de los laterales de la silla para que este no cayera. Mientras esperaba pacientemente los pedidos extra grandes de comida que habían solicitado, se inclinó sobre la mesa, apoyando los antebrazos en esta mientras observaba a su amigo.
—A veces pienso que me conoces demasiado bien... —comentó con una pequeña risa—. Pero sí, ya sabes que me gusta probar comida nueva —se relamió los labios, casi como si ya estuviera saboreando de los manjares que podría llegar a degustar con su exquisito paladar—¿y tú qué? ¿Seguro que estás aquí por el festival? O quizás... ¿alguna nueva víctima de tus conquistas? —bromeó. Aunque quizás no era tanta broma. Conocía bastante bien a Ryota y sabía que una mujer podría ser motivo más que suficiente para llevarle a aquella isla y más en un evento de aquel calibre, donde seguro estaría plagado de preciosas mujeres.
Finalmente la comida llegó a las mesas y con el simple olor ya empezaba a salivar de más—. Aaaah... Qué buena pinta tiene —se apartó ligeramente para permitirle al camarero servir los platos. Su estómago rugió con fuerza una vez más, anhelando ser llenado. Y como quien intenta calmar una fiera, se palmeó la tripa—¡que aproveche! —sin siquiera dudarlo, comenzó a devorar los manjares que decoraban la mesa. No iba a dejar un solo plato lleno.
![[Imagen: 135625434-p4.png]](https://i.ibb.co/9MMbc5w/135625434-p4.png)
![[Imagen: 135625434-p0.png]](https://i.ibb.co/gFbzKqMm/135625434-p0.png)
Devoró la comida como si su vida dependiera de ello, degustando cada sabor, cada textura, cada nuevo ingrediente y tomando nota para futuras recetas. Cuando ya estuvo satisfecha y llena se inclinó hacia atrás, apoyando la espalda en la silla mientras llevaba ambas manos a su hinchado abdomen—afúh... ya me llené —exhaló un ligero suspiro antes de observar a Ryota, acto seguido desvió la mirada al hombre que estaba frente a ellos, anonadado por las ingentes cantidades de comida que se habían metido entre pecho y espalda—querido... ¿por qué no vas a pagar la cuenta? —esperó a que se levantara para apoyar su antebrazo en el hombro de su amigo. Sus pendientes reflejaron la luz del entorno, destellando por el movimiento—¿qué tesoro crees que tenga...? —se mordisqueó suavemente la uña del pulgar pero sin llegar a romperla, simplemente ejerciendo una ligera presión en ella—antes no escuché demasiado bien, ¿tienes algo de información relevante? —a penas habían pasado unos pocos minutos cuando vio al hombre acercarse de nuevo a ellos, haciendo que chasqueara la lengua y se apartara ligeramente.
Se levantó y cogió el bolso, colgándolo de nuevo en su hombro—vamos querido, llévanos a ese dojo. —Pese a que antes no había estado demasiado atenta a la conversación, había conseguido quedarse con la información de la ubicación del tesoro.
Cuando finalmente llegaron, paseó la mirada por el establecimiento. Estaba un tanto destartalado, parecía antiguo y quizás no tan cuidado como el resto de locales... definitivamente necesitaba un buen repaso y mantenimiento. El olor que desprendía era a viejo, a polvo y a cerrado—querido... —se agarró del brazo del señor—¿por qué no nos esperas fuera? Puede ser peligroso... —se alzó de nuevo, quedando de puntillas para alcanzar el oído ajeno—y no quisiera que algo malo le pasara a mi hombre —sus palabras eran casi un canto de sirena. Bastaba con la entonación correcta, un poco de contacto físico y decirles lo que les gusta oír para que cayeran en sus encantos. El pensamiento fue inevitable. «Patético.»
—¿Vamos, querido? —se acercó a Ryota de nuevo, pasando los dedos por la muñeca ajena mientras avanzaba hacia el interior del dojo, invitándole a acceder junto a ella.
Cuando el joven la rodeó con sus brazos, la de cabellos aqua no dudó en hacer lo mismo, alzando los brazos para pasarlos sobre los hombros ajenos, estrechándole con aprecio—ya me conoces, es hablar de tesoros y aparezco —comentó entre ligeras risas. ¿Bendición o maldición? Tenía el don de emerger cuando se hablaba de cualquier tipo de recompensa.
Su amigo se dirigió hacia el hombre y ella mantuvo su posición. ¿Qué actitud debía adoptar? ¿Qué necesitaría para convencer a aquel hombre de dejarla quedarse con ellos? Necesitaba observar, obtener información para mimetizarse con el entorno, encontrar sus gustos y adaptarse a ellos. Como un camaleón que busca perderse en una rama.
Finalmente Ryota volvió a dirigirse a ella y ese guiño que le lanzó le indicó todo lo que necesitaba. Tenía una conexión con él como la tenía con pocos, quizás por su capacidad de observación, por su atención a los detalles, o porque ambos pensaban similar en algunas ocasiones, quién sabe. El caso era que entendió el juego que su compañero le proponía y no dudó en adaptarse a él—. Oh, por supuesto, adoro los hombres así —deslizó los dedos por la correa del bolso, subiendo y bajando en esta mientras un ligero rubor se posaba en sus mejillas, todo era parte de su papel, por el momento seguiría por el camino de la timidez y dulzura. Eso solía gustarle a los hombres ¿no? Una joven a la que poder cuidar, proteger... una persona débil para demostrar su valía y hombría.
![[Imagen: Ara-araaa.jpg]](https://i.ibb.co/fVST5TBJ/Ara-araaa.jpg)
Por un momento iba a reírse al escuchar el estómago de su amigo rugir reclamando alimento, pero antes siquiera de que pudiera hacerlo, su estómago decidió contestarle con el mismo sonido, casi como si tuvieran una conversación entre ellos. Llevó una de sus manos al plano abdomen y lo masajeó en círculos con suavidad, intentando acallar a la bestia que era ahora su estómago. Complementando las palabras del castaño se acercó al hombre, colocando el índice en el esternón ajeno—de verdad que estoy hambrienta... —a medida que las palabras se iban deslizando por su lengua también lo hacía su dedo, bajando suavemente por su torso hasta terminar el camino en el bajo vientre, deteniendo ahí su recorrido—... prometo que no se arrepentirá, soy muy agradecida con quienes me ayudan, querido~ —canturreó con cierto toque de sensualidad y ni corta ni perezosa, se alzó de puntillas otra vez, pero en esta ocasión para depositar un sutil beso en la mejilla ajena. Con ese coqueteo sería más que suficiente ¿no? Ese tipo de hombres acostumbraban a ceder ante cualquier apego femenino. Una vez cedió sonrió victoriosa—. Qué amable es usted.
Una vez en el restaurante se sentó al lado de Ryota, dejando el bolso apoyado en uno de los laterales de la silla para que este no cayera. Mientras esperaba pacientemente los pedidos extra grandes de comida que habían solicitado, se inclinó sobre la mesa, apoyando los antebrazos en esta mientras observaba a su amigo.
![[Imagen: Observando.png]](https://i.ibb.co/Y43fS8Lk/Observando.png)
—A veces pienso que me conoces demasiado bien... —comentó con una pequeña risa—. Pero sí, ya sabes que me gusta probar comida nueva —se relamió los labios, casi como si ya estuviera saboreando de los manjares que podría llegar a degustar con su exquisito paladar—¿y tú qué? ¿Seguro que estás aquí por el festival? O quizás... ¿alguna nueva víctima de tus conquistas? —bromeó. Aunque quizás no era tanta broma. Conocía bastante bien a Ryota y sabía que una mujer podría ser motivo más que suficiente para llevarle a aquella isla y más en un evento de aquel calibre, donde seguro estaría plagado de preciosas mujeres.
Finalmente la comida llegó a las mesas y con el simple olor ya empezaba a salivar de más—. Aaaah... Qué buena pinta tiene —se apartó ligeramente para permitirle al camarero servir los platos. Su estómago rugió con fuerza una vez más, anhelando ser llenado. Y como quien intenta calmar una fiera, se palmeó la tripa—¡que aproveche! —sin siquiera dudarlo, comenzó a devorar los manjares que decoraban la mesa. No iba a dejar un solo plato lleno.
![[Imagen: 135625434-p4.png]](https://i.ibb.co/9MMbc5w/135625434-p4.png)
![[Imagen: 135625434-p0.png]](https://i.ibb.co/gFbzKqMm/135625434-p0.png)
![[Imagen: 135625434-p2.png]](https://i.ibb.co/gY0hqBT/135625434-p2.png)
Devoró la comida como si su vida dependiera de ello, degustando cada sabor, cada textura, cada nuevo ingrediente y tomando nota para futuras recetas. Cuando ya estuvo satisfecha y llena se inclinó hacia atrás, apoyando la espalda en la silla mientras llevaba ambas manos a su hinchado abdomen—afúh... ya me llené —exhaló un ligero suspiro antes de observar a Ryota, acto seguido desvió la mirada al hombre que estaba frente a ellos, anonadado por las ingentes cantidades de comida que se habían metido entre pecho y espalda—querido... ¿por qué no vas a pagar la cuenta? —esperó a que se levantara para apoyar su antebrazo en el hombro de su amigo. Sus pendientes reflejaron la luz del entorno, destellando por el movimiento—¿qué tesoro crees que tenga...? —se mordisqueó suavemente la uña del pulgar pero sin llegar a romperla, simplemente ejerciendo una ligera presión en ella—antes no escuché demasiado bien, ¿tienes algo de información relevante? —a penas habían pasado unos pocos minutos cuando vio al hombre acercarse de nuevo a ellos, haciendo que chasqueara la lengua y se apartara ligeramente.
Se levantó y cogió el bolso, colgándolo de nuevo en su hombro—vamos querido, llévanos a ese dojo. —Pese a que antes no había estado demasiado atenta a la conversación, había conseguido quedarse con la información de la ubicación del tesoro.
Cuando finalmente llegaron, paseó la mirada por el establecimiento. Estaba un tanto destartalado, parecía antiguo y quizás no tan cuidado como el resto de locales... definitivamente necesitaba un buen repaso y mantenimiento. El olor que desprendía era a viejo, a polvo y a cerrado—querido... —se agarró del brazo del señor—¿por qué no nos esperas fuera? Puede ser peligroso... —se alzó de nuevo, quedando de puntillas para alcanzar el oído ajeno—y no quisiera que algo malo le pasara a mi hombre —sus palabras eran casi un canto de sirena. Bastaba con la entonación correcta, un poco de contacto físico y decirles lo que les gusta oír para que cayeran en sus encantos. El pensamiento fue inevitable. «Patético.»
![[Imagen: IMG-20251107-220852.jpg]](https://i.ibb.co/CsDsDncn/IMG-20251107-220852.jpg)
—¿Vamos, querido? —se acercó a Ryota de nuevo, pasando los dedos por la muñeca ajena mientras avanzaba hacia el interior del dojo, invitándole a acceder junto a ella.
