08-11-2025, 12:28 AM
¿Qué tanto deben hacer para someter a esta bestia? ¿Qué tan al límite de sus capacidades deben llegar para asegurar su propia vida? ¿Qué tan similares a este serán los desafíos que le aguardan en el futuro? Luego de un tiempo viajando, Kiyoshi experimenta nuevamente lo que ha intentado dejar atrás: inseguridad. ¿Está listo? ¿Podría sobrevivir si el destino no lo pusiera al lado de estos combatientes que actúan como compañeros en esta cruzada?
Los ataques a al gigante lo hacen dudar, aun cuando sus piernas son testarudas y siguen avanzando hacia el frente, específicamente cuatro metros más, queriendo entrar en un posible rango de disparo.
— Ella es mucho más grande que yo, y aun así no puede resistir sus embates. — Entonces, ¿qué puede hacer un tipo débil como Kiyoshi? Solo sosteniendo su rifle es que planea defenderse de los peligros que atenten contra su vida. Supuestamente los médicos no deben ir al campo de batalla, pues son los encargados de atender a aquellos que lo han dado todo en el frente. Pero aquí, esa regla no corre. No tiene amigos, no tiene conocidos. Cada uno de los presentes se esfuerza por ganar una pelea que le significará a sí mismo vivir un día más.
Es el topo quien da el primer paso para unir a todos más allá de un simple miedo a la muerte. Cuesta verlo debido a la oscuridad, a pesar del buen ojo de Kiyoshi, pero logra identificarlo. Y no es solo él quien entra en acción, sino la propia mujer más alta que todos decide unirse a la acción para sujetar al monstruo que tan altanero comienza a hablar. Es aquí donde Kiyoshi decide actuar y ponerse manos a la obra. Y es que con su último movimiento, ayudado del propio posicionamiento de Uosan, sumado a los agarres de sus compañeros, esto listo para recibir un nuevo balazo. El que viene te va a doler, sucio amiguito.
— No funcionó en la cabeza, tampoco en la cola. Eres un tipo al que le gusta hablar, me recuerdas a ese sujeto… — Uno de cabellos rojos que también tiene el defecto de no saber cuándo guardar silencio. Kiyoshi utiliza el factor psicológico para motivarse a sí mismo a tener perfecta puntería, obligándose a pensar que el monstruo frente a él se trata de aquel tipo tan gritón y molesto.
Sin embargo, un percance ocurre, pero uno muy breve. Kibai, cuyo nombre desconoce pero yo me puedo dar el lujo de nombrar para ser más específico, se acerca a paso veloz hacia Uosan. No es que a Kiyoshi le preocupe demasiado su seguridad, pero quedarse con un aliado menos es un factor que no piensa utilizar. Por este motivo es que da un salto de un metro, sumado a la diferencia de estatura entre Kibai y Uosan, no hay forma para que el disparo le llegue a su nuevo compañero Mink.
Una vez alcanza la altura deseada, el médico jala el gatillo y la bala sale recta apuntando a la boca del monstruo, queriendo colarse en ella debido a las palabras que muy confiado intenta soltar. ¿Se atragantará? ¿Se trabará? ¿No le pasará nada como en las dos ocasiones anteriores? El resultado es incierto. Lo que puede confirmar es que ya es la cuarta bala que gasta, siendo la tercera que se impacta en el cuerpo enemigo.
— Será mejor que aprendas a cerrar la boca, bicho sucio. No creo que te agrade el sabor a plomo, tonto.
Los ataques a al gigante lo hacen dudar, aun cuando sus piernas son testarudas y siguen avanzando hacia el frente, específicamente cuatro metros más, queriendo entrar en un posible rango de disparo.
— Ella es mucho más grande que yo, y aun así no puede resistir sus embates. — Entonces, ¿qué puede hacer un tipo débil como Kiyoshi? Solo sosteniendo su rifle es que planea defenderse de los peligros que atenten contra su vida. Supuestamente los médicos no deben ir al campo de batalla, pues son los encargados de atender a aquellos que lo han dado todo en el frente. Pero aquí, esa regla no corre. No tiene amigos, no tiene conocidos. Cada uno de los presentes se esfuerza por ganar una pelea que le significará a sí mismo vivir un día más.
Es el topo quien da el primer paso para unir a todos más allá de un simple miedo a la muerte. Cuesta verlo debido a la oscuridad, a pesar del buen ojo de Kiyoshi, pero logra identificarlo. Y no es solo él quien entra en acción, sino la propia mujer más alta que todos decide unirse a la acción para sujetar al monstruo que tan altanero comienza a hablar. Es aquí donde Kiyoshi decide actuar y ponerse manos a la obra. Y es que con su último movimiento, ayudado del propio posicionamiento de Uosan, sumado a los agarres de sus compañeros, esto listo para recibir un nuevo balazo. El que viene te va a doler, sucio amiguito.
— No funcionó en la cabeza, tampoco en la cola. Eres un tipo al que le gusta hablar, me recuerdas a ese sujeto… — Uno de cabellos rojos que también tiene el defecto de no saber cuándo guardar silencio. Kiyoshi utiliza el factor psicológico para motivarse a sí mismo a tener perfecta puntería, obligándose a pensar que el monstruo frente a él se trata de aquel tipo tan gritón y molesto.
Sin embargo, un percance ocurre, pero uno muy breve. Kibai, cuyo nombre desconoce pero yo me puedo dar el lujo de nombrar para ser más específico, se acerca a paso veloz hacia Uosan. No es que a Kiyoshi le preocupe demasiado su seguridad, pero quedarse con un aliado menos es un factor que no piensa utilizar. Por este motivo es que da un salto de un metro, sumado a la diferencia de estatura entre Kibai y Uosan, no hay forma para que el disparo le llegue a su nuevo compañero Mink.
Una vez alcanza la altura deseada, el médico jala el gatillo y la bala sale recta apuntando a la boca del monstruo, queriendo colarse en ella debido a las palabras que muy confiado intenta soltar. ¿Se atragantará? ¿Se trabará? ¿No le pasará nada como en las dos ocasiones anteriores? El resultado es incierto. Lo que puede confirmar es que ya es la cuarta bala que gasta, siendo la tercera que se impacta en el cuerpo enemigo.
— Será mejor que aprendas a cerrar la boca, bicho sucio. No creo que te agrade el sabor a plomo, tonto.
OFF ROL
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
