08-11-2025, 12:25 PM
Algo había cambiado, algo estaba pasando.
De un momento a otro una punzada de dolor, como si algo de Uogo fuera arrancado de su ser ser le paralizó en seco mientras cargaba, no había sido la inventiva de Dong, quien se había movido hacia su arma y vuelto a la carga contra el gyojin para buscar evitar su muerte, tampoco los intentos inocuos del grupo, quienes no habían sido capaces de coordinarse para llevar a cabo un ataque que mermase las defensas del gyojin. Lo que acaba de pasar era que su sangre estaba siendo arrancada del mundo, y como no podía ser de otra forma, Uogo había sentido la muerte de su hermano gemelo, quién estaba aferrado a él por algo más que la sangre, el vínculo de haber compartido el vientre de su madre les había hecho estar más unidos de lo que su hermano mayor le gustaría asegurar.
Uogo se paralizó de rodillas con la cara totalmente desencajada, sus ojos se perdieron y los ataques de Dong, Maki y Hyak se materializaron en su cuerpo como una columna de acero. Aquel hombre de negras escamas no daba crédito a lo que sentía.
- Ani-uo - susurro mientras la lanza de Dong se clavaba en su cuerpo - ¿Ani-uo? - se preguntó a si mismo mientras maki lanzaba su ataque - Ani... - Siguió mientras los golpes del médico de pelo chicle le impactaban.
El gyojin se vio derrotado no por ellos, si no por un sentimiento de vacío, como si todo por lo que se moviera se hubiera visto arrancado de un momento para otro. De rodillas y rodeado, sin que le importase lo más mínimo lo que pasaba, miró al cielo ignorando a sus enemigos, pues ellos no eran un problema, sabía bien que el combate había sido ganado antes de empezar. Esas cucarachas solo estaban peleando para evitar su muerte mientras el los ponía contra las cuerdas una y otra vez. No fue capaz de llorar, pues el bruto de los Sakana no lo había echo nunca, ni si quiera encontró placer en los golpes que le asentaron, solo fue capaz de pensar en su hermano gemelo, en que nunca debió haberlo dejado solo, en que el debía protegerlo, en que había fallado la misión que su madre le había encomendado al haberlo parido a la par que a él. Había fallado en su misión y eso no era lo más importante... Sin su hermano este mundo carecía de placer. Esta vez su icónica risa no se personó, solo pensó en morir rápido para volver a juntarse con su Ani-uo.
De un momento a otro una punzada de dolor, como si algo de Uogo fuera arrancado de su ser ser le paralizó en seco mientras cargaba, no había sido la inventiva de Dong, quien se había movido hacia su arma y vuelto a la carga contra el gyojin para buscar evitar su muerte, tampoco los intentos inocuos del grupo, quienes no habían sido capaces de coordinarse para llevar a cabo un ataque que mermase las defensas del gyojin. Lo que acaba de pasar era que su sangre estaba siendo arrancada del mundo, y como no podía ser de otra forma, Uogo había sentido la muerte de su hermano gemelo, quién estaba aferrado a él por algo más que la sangre, el vínculo de haber compartido el vientre de su madre les había hecho estar más unidos de lo que su hermano mayor le gustaría asegurar.
Uogo se paralizó de rodillas con la cara totalmente desencajada, sus ojos se perdieron y los ataques de Dong, Maki y Hyak se materializaron en su cuerpo como una columna de acero. Aquel hombre de negras escamas no daba crédito a lo que sentía.
- Ani-uo - susurro mientras la lanza de Dong se clavaba en su cuerpo - ¿Ani-uo? - se preguntó a si mismo mientras maki lanzaba su ataque - Ani... - Siguió mientras los golpes del médico de pelo chicle le impactaban.
El gyojin se vio derrotado no por ellos, si no por un sentimiento de vacío, como si todo por lo que se moviera se hubiera visto arrancado de un momento para otro. De rodillas y rodeado, sin que le importase lo más mínimo lo que pasaba, miró al cielo ignorando a sus enemigos, pues ellos no eran un problema, sabía bien que el combate había sido ganado antes de empezar. Esas cucarachas solo estaban peleando para evitar su muerte mientras el los ponía contra las cuerdas una y otra vez. No fue capaz de llorar, pues el bruto de los Sakana no lo había echo nunca, ni si quiera encontró placer en los golpes que le asentaron, solo fue capaz de pensar en su hermano gemelo, en que nunca debió haberlo dejado solo, en que el debía protegerlo, en que había fallado la misión que su madre le había encomendado al haberlo parido a la par que a él. Había fallado en su misión y eso no era lo más importante... Sin su hermano este mundo carecía de placer. Esta vez su icónica risa no se personó, solo pensó en morir rápido para volver a juntarse con su Ani-uo.
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