09-11-2025, 06:21 PM
"No es que el haki sea la versión mejorada del waki. Es que siempre se ha llamado haki. Karl simplemente lo pronuncia mal" — Fueron las palabras de Fuguwu que comenzaron a reverberar en el interior de mi cabeza, a la par que trotaba. Palabras que a través de la pupila de mi ojo, comenzaron a hacer que viese una estrella en un cielo oscuro. Una estrella que pronto fueron miles, de ahí el cosmos. Colores azules, morados, fríos... del cosmos a una concentración de más estrellas. Galaxias. Una tras otra formando el todo en el universo, que a su vez era la nada. Éramos nada y todo explotaba en una cadena cual fichas de dominó. Una orquesta de cuerda sincronizada al máximo de su volumen. El nirvana. Como si mi propia imagen descendiese de todo ese cosmos, pronto sentí como mi alma volvió a unirse a mi cuerpo — Vamos no me jodas — Miré a Fuguwu — Y yo hablándole del waki a todo el mundo en Marineford.
El ser mitológico del gato volador no sólo podía sonar a una leyenda, sino que además tenía un himno propio que Fuguwu empezó a enseñarme. En cuanto noté que empezó a entonar los versos de la canción, comencé a acompañarle dándome golpecitos en los pectorales, usando mi manos de forma rítmica y potenciándolo con unos coros. Podría oírse un ligero "pum-kaká, pum-ká, pum-kaká, pum-ká" carioca, que sumado a esa canción, empezaba a formar una banda. A la vez que comenzaba a notar el aire que respiraba más pesado de lo normal, puesto que la zona volcánica estaba más cerca, escuchaba a mi compañero hablarme sobre su isla natal, aquella que finalmente no pudimos visitar antes de llegar al cuartel de Marineford. Me interesaba de forma genuina el hecho de poder conocer los festivales de los que siempre me hablaba y ver qué diferencias y similitudes podrían tener con los de Samba, pero empezaba a no estar seguro de si algún día podríamos poner los pies allí. Y menos aún cuando, conforme los meses pasaban, el nombre de nuestra división se hacía cada vez más famoso.
El siguiente ejercicio era intentar predecir el vuelo de unas aves que señalaban en el aire a, quizás, carroña que les serviría de alimento. Hasta ahora el haki simplemente lo usaba como un radar que detectase gente a mi alrededor, pero predecir los movimientos sonaba a algo mucho más complicado. Expandí mi haki de observación desde los cien metros que me acompañaba, hasta los ciento cuarenta que Fuguwu me indicó — Oye Fuguwu — concentrado, empecé a enfocarme sobre las aves en la distancia — ¿crees que algún día podríamos visitar tu isla?. Según lo que pude leer en los periódicos parece que el lugar no es muy favorable para que los Marines lo visitemos... yo pude tener un contacto pacífico con un miembro del Ejército Revolucionario — dije pensando en aquel mink panda que me crucé en Sabaody, dispuesto a acabar con la subasta de esclavos — pero no sé si todos surfean la misma ola, ¿me sigues? — Seguí concentrándome en el aura de los pájaros carroñeros pero no notaba que progresase — Puedo intuir hacia dónde se van a mover... pero eso es porque están volando en círculos ¡kakahaha!. Más allá de eso no creo que lo esté haciendo bien — Estaba claro que esa técnica sería más difícil de llevar a cabo que lo que ya conocía, sería un iluso pensar que podría romper el límite de ese poder de una forma tan sencilla.
El ser mitológico del gato volador no sólo podía sonar a una leyenda, sino que además tenía un himno propio que Fuguwu empezó a enseñarme. En cuanto noté que empezó a entonar los versos de la canción, comencé a acompañarle dándome golpecitos en los pectorales, usando mi manos de forma rítmica y potenciándolo con unos coros. Podría oírse un ligero "pum-kaká, pum-ká, pum-kaká, pum-ká" carioca, que sumado a esa canción, empezaba a formar una banda. A la vez que comenzaba a notar el aire que respiraba más pesado de lo normal, puesto que la zona volcánica estaba más cerca, escuchaba a mi compañero hablarme sobre su isla natal, aquella que finalmente no pudimos visitar antes de llegar al cuartel de Marineford. Me interesaba de forma genuina el hecho de poder conocer los festivales de los que siempre me hablaba y ver qué diferencias y similitudes podrían tener con los de Samba, pero empezaba a no estar seguro de si algún día podríamos poner los pies allí. Y menos aún cuando, conforme los meses pasaban, el nombre de nuestra división se hacía cada vez más famoso.
El siguiente ejercicio era intentar predecir el vuelo de unas aves que señalaban en el aire a, quizás, carroña que les serviría de alimento. Hasta ahora el haki simplemente lo usaba como un radar que detectase gente a mi alrededor, pero predecir los movimientos sonaba a algo mucho más complicado. Expandí mi haki de observación desde los cien metros que me acompañaba, hasta los ciento cuarenta que Fuguwu me indicó — Oye Fuguwu — concentrado, empecé a enfocarme sobre las aves en la distancia — ¿crees que algún día podríamos visitar tu isla?. Según lo que pude leer en los periódicos parece que el lugar no es muy favorable para que los Marines lo visitemos... yo pude tener un contacto pacífico con un miembro del Ejército Revolucionario — dije pensando en aquel mink panda que me crucé en Sabaody, dispuesto a acabar con la subasta de esclavos — pero no sé si todos surfean la misma ola, ¿me sigues? — Seguí concentrándome en el aura de los pájaros carroñeros pero no notaba que progresase — Puedo intuir hacia dónde se van a mover... pero eso es porque están volando en círculos ¡kakahaha!. Más allá de eso no creo que lo esté haciendo bien — Estaba claro que esa técnica sería más difícil de llevar a cabo que lo que ya conocía, sería un iluso pensar que podría romper el límite de ese poder de una forma tan sencilla.
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