Corazones rotos [Pasado Privado]
#5
El viento cambió en la Isla Karate.
 
Durante varias semanas, Moja y Kaori habían entrenado en silencio compartido, construyendo un vínculo firme como una cuerda trenzada poco a poco. Sin palabras grandes. Sin promesas. Solo presencia. Pero la calma nunca es eterna.
 
Un atardecer, mientras los faroles comenzaban a encenderse y el dojo se llenaba de un tono naranja suave, un sonido seco rompió el ambiente: la puerta del dojo se abrió de golpe. Un hombre entró con paso lento, seguro, como quien sabe que su presencia basta para imponer silencio. Llevaba un kimono oscuro, con marcas bordadas que parecían garras entrelazadas. La piel de su brazo estaba cubierta de tatuajes que serpenteaban desde el cuello hasta los dedos. Su mirada era turbia. Lenta. Como un depredador que no necesita correr para alcanzar a su presa.
 
Kaori se quedó quieta. Demasiado quieta. Moja, desde el tatami, lo observó. Su cuerpo no se movió, pero sus músculos se ajustaron como una cuerda tensándose en un arco.
 
-Ha pasado tiempo, Kaori- dijo el recién llegado. Su voz era ronca, curtida, con un eco de burla cansada. -Pensé que te habías olvidado de tu sangre.-
 
Kaori respiró hondo, sin bajar la mirada.
 
-No tengo nada que ver contigo, Daichi.-
 
El nombre quedó flotando en el aire. El dojo entero parecía haberse detenido para escucharlo. Antiguo heredero del Dojo Hoshigaki y el hermano mayor de Kaori. El mismo que abandonó la isla hace años después de provocar un conflicto que casi destruyó la escuela. El mismo que Kaori nunca mencionaba.
 
-Veo que sigues escondiéndote detrás de técnicas suaves- continuó Daichi, caminando por el tatami como si le perteneciera. -Siempre tan… frágil.-
 
Moja dio un paso al frente. No habló. Solo se colocó junto a ella. Como una sombra oscura, firme e imposible de apartar. Kaori no lo miró. Pero su respiración cambió apenas un poco. Alivio silencioso. Daichi lo observó con desprecio velado.
 
-Un mink militar, hm… ¿Y ahora proteges a débiluchos, Kaori? Qué bajo has caído.-
 
Moja no respondió. Su mirada se mantuvo firme. No necesitaba palabras para ser un muro.
 
-Daichi- dijo Kaori finalmente, su voz suave pero cortante. -Este dojo ya no es tu hogar. Vete.-
 
El hombre sonrió. No una sonrisa alegre, sino una sonrisa rota, afilada.
 
-Me iré. Pero antes… quiero lo que es mío.-
 
Su mirada cayó sobre un viejo pergamino sellado en el altar del dojo: La técnica secreta del Hoshigaki. El legado familiar. Kaori dio un paso hacia adelante. Su sombra tocó la de Moja.
 
-Ese legado ya tiene guardián- dijo ella.
 
Daichi arqueó una ceja.
 
-¿Tú?-
 
Kaori negó suavemente.
 
-No. El dojo mismo.- 

Daichi chasqueó la lengua, como quien pierde la paciencia con un juguete defectuoso.
 
-Entonces lo tomaré por la fuerza.-
 
Se lanzó hacia ella. Y Moja se movió. No fue un rugido lo que acompañó su movimiento. Fue un silencio denso, como el momento antes de la tormenta. Sus zarpas, ocultas en los guantes de combate, se deslizaron con precisión calculada. Interrumpió la embestida de Daichi con un bloqueo perfecto, como si ya hubiera estudiado cada músculo de su adversario antes de que se moviera.
 
Daichi reculó un paso.
 
-Así que este gato sabe luchar…-
 
Moja no respondió. Solo ajustó su postura. Kaori lo conocía lo suficiente para saber lo que eso significaba: Moja no estaba peleando por la Marina. No estaba peleando por honor. Estaba peleando porque alguien había tratado de herirla.
 
Daichi sonrió. Y atacó otra vez. Pero esta vez, Moja no solo bloqueó. Avanzó. Su cuerpo oscuro se movió como una sombra viva, sin ruido, con golpes que no eran agresivos… sino inevitables. Daichi, sorprendido, retrocedió. No esperaba encontrar una fuerza tan controlada. No esperó encontrar a alguien que peleara sin furia.
 
Porque Moja no estaba enojado. Estaba concentrado. Y eso era mucho más aterrador. En un giro perfecto, Moja derribó a Daichi contra el tatami, sujetándolo por el antebrazo. No lo golpeó. No lo humilló. Solo lo inmovilizó. Daichi quedó jadeando en el suelo. Miró a Moja, y luego a Kaori.
 
-Así que este es tu muro ahora… Una pantera muda.-
 
Kaori dio un paso adelante. Su voz fue tranquila. Pero firme como la piedra.
 
-No necesito que me proteja. Pero él eligió estar aquí. Y yo… acepté esa elección.-
 
Daichi no respondió. Solo bajó la mirada. Y se retiró sin una palabra más. El dojo quedó en silencio. Kaori se volvió hacia Moja. Su expresión no era de agradecimiento, ni de deuda, ni de vergüenza, era algo más profundo.
 
-Gracias por no pelear por mí- dijo con calma. -Gracias por pelear conmigo.-
 
Moja asintió.
 
-No estás sola.-
 
No lo dijo como promesa. No lo dijo como declaración. Lo dijo como hecho. Kaori cerró los ojos un segundo y respiró larga y profunda.
 
-Entonces… sigamos entrenando.-
 
Moja acomodó su postura. Los dos regresaron al tatami. Sin dramatismo. Sin confesiones. Solo el vínculo que crece, silencioso y fuerte como una cuerda trenzada… Que ahora ya no puede romperse.
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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Mensajes en este tema
Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 18-10-2025, 09:33 PM
RE: Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 04-11-2025, 04:03 PM
RE: Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 05-11-2025, 02:17 PM
RE: Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 08-11-2025, 02:12 PM
RE: Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 09-11-2025, 10:20 PM
RE: Corazones rotos [Pasado Privado] - por Moja - 10-11-2025, 09:06 PM

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