10-11-2025, 07:39 AM
Su tono de voz es como una melodía. Cada palabra me hace ver poco a poco lo peligrosa que es, casi puedo ver en ella un fuego. Le puedo ver de cerca, pero no puedo dejar que el fuego se apodere de mi. Le miré de reojo luego de separarme esperando pillar su interés. Por un momento me siento un espectador que está apretando el hilo y luego solo lucha por sostenerlo. Ella es ese valioso premio porque lucha y se enfrenta al mar.
Por un momento me siento superada, que no podré retenerla pero entonces puedo percibir esa mirada. Pensaba que ella solo estaba pasando de mi por un instante y más que herirse físicamente sería una marca en el orgullo. Su mano, su tacto, su acercamiento, comienzo a sentir que poco a poco los latidos se aceleran poco a poco.
Las vistas cruzadas me hacen sentir un desafío, ahora ya no luchaba por mantener ese hilo tenso entre nosotros, ahora lucho por cortarlo lo más posible pues aquel gran tesoro viene hacía mi con intensidad. Mi vista marrón cruzada con su mirada de chocolate, adictiva, hipnótica. Al inicio solo la sostengo aceptando el desafío. Pero el punto no es hacer un duelo de miradas, no. Mordí fuerte, aun tengo esa costumbre en mí para lidiar con estos nervios que me genera esta hermosa fémina.
—Claro Tesoro~~. Se dice que ellas están en donde ningún barco ha llegado jamás. Todos los hombres, siempre desean encontrar pues se dice que allí ninguno ha puesto el pie jamás. Y que son lo más temidas porque dicen que los barcos no pueden huir de ellos el resh…— Lo poco que sabe de mitos y leyendas que han sido pasadas de voz en voz y que los marineros en baquella repiten sin confirmar.
Las palabras como quien cuenta un mito del ha escuchado tantas veces. Las palabras fueron saliendo y necesitaba hilar los pensamientos, pero cuando me di cuenta la proximidad era tanta que solo podía ver sus ojos. Me atraparon y no pude hilar más palabras. Agarré aire y todo pasó muy rápido, los vidrios, las ventanas abriéndose de golpe, las luces de los candelabros, la brisa entró pero no llegó a ella, las alas azabache la cubrieron.
La mirada completamente atrapada, sin palabras, ese momento, el trueno, nada de eso fue relevante y Heydi que parecía atrapada sin aire, sorprendida, tensa, más tensa que nosotros habló como un marinero. No pudo presenciar ese momento cuando solo pude sentir ese roce en mis labios. Mi manos fueron hacia ella tras el primer contacto, no para agarrarla, pero para dar ese pequeño empujón que parecía necesitar.
Cómo un gato que empuja una taza mis dedos sobre su piel, en la zona toracolumbar, solo para que ese roce de sus labios dejará de serlo. Sin testigos de ese pequeño encuentro sus alas cerraron un poco más para mantenerla cálida. Los sabios con un sabor a miel y vino, ese dulce que encanta no empalagada, apuesto que se lo pone en los labios.
Las quejas, los ruidos, las gotas, nada de eso me importó me sentí atrapado en unos segundos que se me hicieron una eternidad placentera. Mis labios en el encuentro fueron simples al inicio, buscando curiosidad y al mismo tiempo pudor, pero luego atraparon su labio inferior, ese labios seductor. Mi palma te se recuesta en la parte baja de tu espalda, no hace fuerza solo está allí para que nuestra cercanía se conserve.
No quiero ser abrumador pero no puedo evitar que mi otra mano llegue a su cadera, para atraerla un poco más, no me había dado cuenta y ya nuestras respiraciones estaban cruzadas. ¿Cuánto pasó? ¿Lo había sentido tan disfrutado tanto? Claro que había cerrado los ojos al instante de encontrar nuestros labios, pero al abrirlos aquellos ojos café tan cerca.
—Eh. Yo creo que debe haber un lugar un poco más privado para estas historias. — La verdad es que los hombres no tienen mucha información sobre ellas, por lo que no hay mucho que decir o bueno tal vez sí pues habría conocido a una de ellas en un pasado no demasiado lejano, algo más tenía para contar.
Alguno de los bebedores encendió un caldero cuando la brisa dejó de azotar las ventanas. Sentía sus pantalones peligrosamente arrugados más que nada pues el peso de su palma estaba cerca, demasiado cerca de encontrar un paquete especial. La luz tenue solo me permite ver su piel con más contraste y luce suave. Aun en la oscuridad no puede ocultar esa belleza única.
Las piernas, largas y oscuras pasan por cada lado de Runin, sus músculos con líneas marcadas sin llegar a ser demasiado pronunciadas. —No creo que lo convertir en estatua fuera literal. Creo que puede ser muy entretenido— Ahora me ha sacado una sonrisa de medio lado bastante pícara. Cosa que no sucedía, no con este cuerpo así caliente. Es notorio afuera hacía mucho frío y aquí estamos calentando.
Por un momento me siento superada, que no podré retenerla pero entonces puedo percibir esa mirada. Pensaba que ella solo estaba pasando de mi por un instante y más que herirse físicamente sería una marca en el orgullo. Su mano, su tacto, su acercamiento, comienzo a sentir que poco a poco los latidos se aceleran poco a poco.
Las vistas cruzadas me hacen sentir un desafío, ahora ya no luchaba por mantener ese hilo tenso entre nosotros, ahora lucho por cortarlo lo más posible pues aquel gran tesoro viene hacía mi con intensidad. Mi vista marrón cruzada con su mirada de chocolate, adictiva, hipnótica. Al inicio solo la sostengo aceptando el desafío. Pero el punto no es hacer un duelo de miradas, no. Mordí fuerte, aun tengo esa costumbre en mí para lidiar con estos nervios que me genera esta hermosa fémina.
—Claro Tesoro~~. Se dice que ellas están en donde ningún barco ha llegado jamás. Todos los hombres, siempre desean encontrar pues se dice que allí ninguno ha puesto el pie jamás. Y que son lo más temidas porque dicen que los barcos no pueden huir de ellos el resh…— Lo poco que sabe de mitos y leyendas que han sido pasadas de voz en voz y que los marineros en baquella repiten sin confirmar.
Las palabras como quien cuenta un mito del ha escuchado tantas veces. Las palabras fueron saliendo y necesitaba hilar los pensamientos, pero cuando me di cuenta la proximidad era tanta que solo podía ver sus ojos. Me atraparon y no pude hilar más palabras. Agarré aire y todo pasó muy rápido, los vidrios, las ventanas abriéndose de golpe, las luces de los candelabros, la brisa entró pero no llegó a ella, las alas azabache la cubrieron.
La mirada completamente atrapada, sin palabras, ese momento, el trueno, nada de eso fue relevante y Heydi que parecía atrapada sin aire, sorprendida, tensa, más tensa que nosotros habló como un marinero. No pudo presenciar ese momento cuando solo pude sentir ese roce en mis labios. Mi manos fueron hacia ella tras el primer contacto, no para agarrarla, pero para dar ese pequeño empujón que parecía necesitar.
Cómo un gato que empuja una taza mis dedos sobre su piel, en la zona toracolumbar, solo para que ese roce de sus labios dejará de serlo. Sin testigos de ese pequeño encuentro sus alas cerraron un poco más para mantenerla cálida. Los sabios con un sabor a miel y vino, ese dulce que encanta no empalagada, apuesto que se lo pone en los labios.
Las quejas, los ruidos, las gotas, nada de eso me importó me sentí atrapado en unos segundos que se me hicieron una eternidad placentera. Mis labios en el encuentro fueron simples al inicio, buscando curiosidad y al mismo tiempo pudor, pero luego atraparon su labio inferior, ese labios seductor. Mi palma te se recuesta en la parte baja de tu espalda, no hace fuerza solo está allí para que nuestra cercanía se conserve.
No quiero ser abrumador pero no puedo evitar que mi otra mano llegue a su cadera, para atraerla un poco más, no me había dado cuenta y ya nuestras respiraciones estaban cruzadas. ¿Cuánto pasó? ¿Lo había sentido tan disfrutado tanto? Claro que había cerrado los ojos al instante de encontrar nuestros labios, pero al abrirlos aquellos ojos café tan cerca.
![[Imagen: YCvtYEA.jpeg]](https://i.imgur.com/YCvtYEA.jpeg)
—Eh. Yo creo que debe haber un lugar un poco más privado para estas historias. — La verdad es que los hombres no tienen mucha información sobre ellas, por lo que no hay mucho que decir o bueno tal vez sí pues habría conocido a una de ellas en un pasado no demasiado lejano, algo más tenía para contar.
Alguno de los bebedores encendió un caldero cuando la brisa dejó de azotar las ventanas. Sentía sus pantalones peligrosamente arrugados más que nada pues el peso de su palma estaba cerca, demasiado cerca de encontrar un paquete especial. La luz tenue solo me permite ver su piel con más contraste y luce suave. Aun en la oscuridad no puede ocultar esa belleza única.
Las piernas, largas y oscuras pasan por cada lado de Runin, sus músculos con líneas marcadas sin llegar a ser demasiado pronunciadas. —No creo que lo convertir en estatua fuera literal. Creo que puede ser muy entretenido— Ahora me ha sacado una sonrisa de medio lado bastante pícara. Cosa que no sucedía, no con este cuerpo así caliente. Es notorio afuera hacía mucho frío y aquí estamos calentando.
