[Aventura T1] Orfandad en peligro
#7
La anciana, Rea, se aleja del puente, una silueta frágil y derrotada engullida por las sombras de un estrecho callejón lateral. Cada paso parece un esfuerzo, el peso de su shamisen envuelto en tela un eco del peso de la humillación que carga sobre sus hombros. El aire aquí es más frío, estancado, huele a agua de lluvia acumulada y a las hojas podridas que se amontonan en los rincones. El siseo de las lámparas de gas del puente apenas llega, dejando el callejón sumido en una penumbra opresiva, salpicada solo por el débil resplandor que se filtra desde una ventana lejana.

Es en este nido de sombras y silencio donde la imponente figura de Tensui Marlin emerge. Sus pasos, por muy deliberados que sean, son los de un coloso. El agua desplazada por sus botas salpica suavemente contra las paredes de ladrillo. Su sombra se derrama por el callejón, una mancha de oscuridad aún más profunda que precede su llegada, y por un instante, borra a la anciana de la vista.

Su voz, cuando habla, es un susurro. Para él, un acto de gentileza, una modulación cuidadosa para no asustar. Pero en la acústica muerta del callejón, para una mujer perdida en su propia amargura y con los nervios a flor de piel, no suena como un susurro. Suena como el retumbar bajo y gutural de una bestia de las profundidades, una vibración que parece nacer del propio suelo.

— Madrecita, madrecita. 

El efecto es instantáneo, visceral y catastrófico.
Rea, que caminaba con la mirada clavada en los adoquines resbaladizos, se congela. Un zarcillo de miedo helado le recorre la espina dorsal. No ha oído pasos. Solo ha sentido una presencia, una oscuridad que se cierne, y ahora, esa voz. Gira sobre sus talones, su cabeza se alza de golpe, y sus ojos se abren de par en par, desmesuradamente, al encontrarse no con una persona, sino con una montaña de carne y músculo malva que ha materializado el callejón, bloqueando la única salida. Ve una silueta titánica, unas gafas que atrapan un débil reflejo de luz, y la aleta dorsal recortada contra el cielo nocturno.

Su mente, ya golpeada por el desprecio de los guardias, no procesa la escena. No ve a un gyojin, ni a un individuo. Ve a la encarnación de la pesadilla, a un monstruo salido de las historias de terror que los pescadores cuentan sobre lo que acecha bajo las olas.

Antes de que Tensui pueda formular su siguiente pregunta, Rea abre la boca y de su garganta brota un grito. No es un grito de sorpresa. Es un alarido agudo, desgarrado y quebradizo, el sonido del puro terror, un sonido que corta la noche de Samba como un cuchillo.

En su pánico, sus manos se abren. El shamisen, su compañero y sustento, envuelto en su tela protectora, se le escapa de los dedos. Cae. No con un simple ruido sordo. El cuello de madera golpea el borde de un escalón de piedra, y el impacto produce un ¡TWANG! agudo y discordante, seguido del crujido sordo y nauseabundo de la madera al astillarse. El instrumento yace en el suelo húmedo, profanado, su voz rota antes de que pudiera ser escuchada.
Por un instante, un silencio tenso y vibrante cae sobre el callejón, el eco del grito aún rebotando en las paredes de ladrillo. Pero la noche ya ha sido despertada.

Primero, una solitaria luz rectangular se enciende en una ventana del segundo piso de un edificio cercano. Un cuadrado de luz amarilla que recorta una silueta somnolienta. Luego otra, y una más. Cabezas curiosas y asustadas se asoman, atraídas por el sonido de la angustia.

Desde el puente, se oye un juramento ahogado —¡Por el Rey!— seguido del sonido inequívoco de una botella de cristal rompiéndose contra la piedra. El parloteo de los guardias cesa abruptamente. Luego, el ruido metálico de las botas blindadas golpeando los adoquines, un CLANG-CLANG-CLANG que se acerca a una velocidad alarmante.
La anciana Rea, ahora tropezando hacia atrás, lejos del gigante, levanta un dedo tembloroso, su rostro una máscara de pánico ciego.

-¡AYUDA! ¡UN MONSTRUO! ¡Me... me ha atacado!-Balbucea, sus palabras un torrente incoherente de terror.


Dos figuras blindadas irrumpen en la boca del callejón. Areys y su compañero. Desenvainan sus espadas cortas, el acero brillando con frialdad bajo la luz de las farolas. Su mirada pasa de la mujer sollozante en el suelo, al instrumento roto, y finalmente se alza, y sigue alzándose, hasta encontrarse con la imponente, oscura, silenciosa y ahora terriblemente incriminada figura de Tensui Marlin, a pesar de ser irreconocible en la oscuridad del callejón, el contorno de su altura se aprecia.

-¡Quieto ahí!- brama Areys, su arrogancia reemplazada por una mezcla de ira y una pizca de miedo muy bien disimulado. -¡Manos donde pueda verlas! ¡Estás arrestado por agredir a una ciudadana del Reino de Samba!

En lo alto de un edificio de apartamentos de ladrillo rojizo que linda con el callejón, una contraventana de madera se abre con un chirrido quejumbroso en el segundo piso. Una luz cálida y anaranjada de una lámpara de queroseno se derrama hacia la calle. Se perfila la silueta de una mujer corpulenta con el pelo recogido en un pañuelo de dormir. Entrecierra los ojos, intentando discernir el origen del caos en la oscuridad de abajo.

Un piso más arriba, en la misma fachada, una ventana de guillotina es empujada hacia arriba con un ruido sordo. Un hombre flaco, en camisola, asoma la cabeza calva. "¿Qué diablos es todo ese escándalo a estas horas?", se le oye mascullar, su voz impregnada del mal humor de alguien a quien le han interrumpido el primer sueño.
Del otro lado del callejón, sobre el tejado de un almacén de cañas de azúcar, se ve un movimiento diferente. La pequeña ventana abuhardillada de un ático se ilumina, pero nadie se asoma. Solo se puede distinguir el temblor de la cortina, apartada discretamente por una mano invisible. Alguien está observando, pero no quiere ser visto.

Mientras Areys se intenta centrar en la imponente amenaza que no llega a ver o identificar bien, su compañero, un guardia recién ascendido más joven y nervioso, se da cuenta del creciente público. Con la punta de su espada, hace un gesto amenazador hacia las ventanas iluminadas.

-¡Vuelvan adentro! ¡No hay nada que ver aquí! ¡Es un asunto de la Guardia Real! ¡Cierren esas ventanas o serán los siguientes en la lista de interrogatorios de mañana!-

Su voz, menos segura que la de su superior, está impregnada de un pánico autoritario. Funciona. Una a una, las cabezas curiosas se retiran. La mujer corpulenta cierra su contraventana con un golpe seco. El hombre calvo baja su ventana con un murmullo de resignación. La cortina del ático vuelve a su sitio. Las luces no se apagan del todo, pero los testigos han desaparecido de la vista, convirtiéndose en oídos anónimos tras la seguridad de sus muros.

El callejón vuelve a ser un espacio privado, un escenario aislado. Ahora, solo están los cuatro: dos guardias, una víctima aterrorizada, y el enorme individuo silencioso en la oscuridad del callejón que, sin haber movido un músculo, ha sido juzgado y sentenciado. El olor a ozono antes de una tormenta llena el aire, y las dos espadas que apuntan a Tensui brillan con una promesa de violencia inminente.

Aclaraciones para Tensui


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RE: [Aventura T1] Orfandad en peligro - por Develio Torum - 10-11-2025, 09:25 AM
RE: [Aventura T1] Orfandad en peligro - por PX-4 - 23-11-2025, 08:27 PM

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