10-11-2025, 09:18 PM
Aquella voz volvió a hablar, afirmando que no era mi Dios, sin embargo, seguía sin saber de donde procedía aquel susurro, ahora algo tembloroso. "Si no es un Dios..." Mis ojos se abrieron como platos mostrando un rostro estupefacto, incluso algo asustado. Un nudo en la garganta se formó, dejándome soltar un aterrado hilo de voz. -Entonces... ¿Eres el diablo?.- No me anduve con demasiados rodeos, si me enfrentaba al maligno quería saberlo lo antes posible, aunque... decir que iba a enfrentarme era demasiado optimista, solo quería saberlo para ver cuan rápido tenía que correr en dirección contraria.
Para mi alivio, aunque en primera instancia me alertó, pude ver que no era una amenaza demasiado grande, si era el demonio quizás podía haber elegido una forma mas allá del palmo y medio. En la mesa del altar vi que un cáliz se movía y tambaleaba, algo estaba intentando transportarlo "Hhmmm... Para ser un demonio... No parece muy peligroso." Me encogí de hombros tras aquel planteamiento, cogiendo la copa y descubriendo que lo que me pedía ayuda era una persona, o mas bien... Una personita. Dejé el cáliz al lado de la damita y me agaché para dejar mi cara a la altura de la mesa, pudiendo vernos cara a cara. -Vaya... Disculpa, no te había visto antes.- Le dije mientras sonreía de manera algo avergonzada y simpática Analicé la escena, intentando comprender porque una persona tan pequeña quería una copa tan grande a comparación de su tamaño. "¿Querrá una piscina para su casa?" La verdad es que daba la sensación de que intentaba robar la copa, y no era de extrañar realmente, pues parecía estar bañada en un metal preciado y tener alguna decoración de piedras preciosas en forma de símbolo sagrado. -No deberías robar este tipo de cosas mujer.- Alejé la copa de su lado, llevándola al extremo de la mesa. -Esta feo robarle a una iglesia. Si necesitas ayuda te darán cobijo y comida.- Le sonreí de forma apacible, casi incluso iluminada, queriendo transmitirle paz mientras volvía a erguirme y colocaba mis brazos en las caderas en forma de jarra. -Mucho ánimo, verás como puedes superar tu situación de pobreza sin ser una ladrona...- dirigí entonces mi zurda haca ella y le saqué el pulgar con intención de animo, le guiñé un ojo y sonreí animado. ...-Ten fe.-
Me encontraba satisfecho de mi discurso, sacudiendo mis manos unas con otras mientras me giraba para comenzar a andar a la cola de indigentes que sujetaban un cuenco, esperando todos a su turno para recibir una suerte de sopa con tropezones. Muchos desdeñarían ese manjar, sin embargo, había algo en las manos del cocinero de la iglesia que volvía la comida mas triste en un plato exquisito, con un sabor que, si bien no curaba las heridas, podía subir la moral y sanar el alma, además, nada mejor para el frio y la lluvia que un plato caliente.
Para mi alivio, aunque en primera instancia me alertó, pude ver que no era una amenaza demasiado grande, si era el demonio quizás podía haber elegido una forma mas allá del palmo y medio. En la mesa del altar vi que un cáliz se movía y tambaleaba, algo estaba intentando transportarlo "Hhmmm... Para ser un demonio... No parece muy peligroso." Me encogí de hombros tras aquel planteamiento, cogiendo la copa y descubriendo que lo que me pedía ayuda era una persona, o mas bien... Una personita. Dejé el cáliz al lado de la damita y me agaché para dejar mi cara a la altura de la mesa, pudiendo vernos cara a cara. -Vaya... Disculpa, no te había visto antes.- Le dije mientras sonreía de manera algo avergonzada y simpática Analicé la escena, intentando comprender porque una persona tan pequeña quería una copa tan grande a comparación de su tamaño. "¿Querrá una piscina para su casa?" La verdad es que daba la sensación de que intentaba robar la copa, y no era de extrañar realmente, pues parecía estar bañada en un metal preciado y tener alguna decoración de piedras preciosas en forma de símbolo sagrado. -No deberías robar este tipo de cosas mujer.- Alejé la copa de su lado, llevándola al extremo de la mesa. -Esta feo robarle a una iglesia. Si necesitas ayuda te darán cobijo y comida.- Le sonreí de forma apacible, casi incluso iluminada, queriendo transmitirle paz mientras volvía a erguirme y colocaba mis brazos en las caderas en forma de jarra. -Mucho ánimo, verás como puedes superar tu situación de pobreza sin ser una ladrona...- dirigí entonces mi zurda haca ella y le saqué el pulgar con intención de animo, le guiñé un ojo y sonreí animado. ...-Ten fe.-
Me encontraba satisfecho de mi discurso, sacudiendo mis manos unas con otras mientras me giraba para comenzar a andar a la cola de indigentes que sujetaban un cuenco, esperando todos a su turno para recibir una suerte de sopa con tropezones. Muchos desdeñarían ese manjar, sin embargo, había algo en las manos del cocinero de la iglesia que volvía la comida mas triste en un plato exquisito, con un sabor que, si bien no curaba las heridas, podía subir la moral y sanar el alma, además, nada mejor para el frio y la lluvia que un plato caliente.
