10-11-2025, 10:36 PM
Tras unos segundos de contemplación, Eros parecía absorto en las palabras de la médica hasta que finalmente — Teheehee —Dejó escapar una risa divertida cuando sus preguntas fueron respondidas con una de igual calibre, era una duda válida pero la primera vez que alguien se la había planteado. Por un momento su mirada se alejó hasta el pequeño pueblo en las afueras de Baterilla, recordó tanto las enseñanzas de su padre como las de su madre. Algunas noches fueron más duras que otras, más nunca se paró a preguntarse si el ambiente de reclusión y hermetismo en el que se había criado era lo más racional para un joven de su edad. Pudiendo ver la vida desde otra perspectiva por primera vez a sus casi treinta años, Eros entendía que había muchas más variables en la fórmula de su vida de la que siquiera se podría haber planteado meses atrás, simplemente negando con la cabeza. — Cómo usted mi padre aprendió de su padre, y él de mi bisabuelo... No recuerdo mucho de mi madre, pero a mi solo se me enseñó a desempeñar la labor que correspondía a la familia. Recibir a los difuntos, prepararlos, preparar sus ataúdes, sus nichos, panteones y tumbas, darles la última sepultura y finalmente cuidar su descanso —Explicó paso por paso sin darle mayor relevancia en su tono casi tan fúnebre como los rituales que su familia realizaban, no obstante pese a su inmóvil mano izquierda en alto y su clara inexpresividad había jovialidad en su tono.
Con suavidad devolvió la manzana tras unos bocados, pues la condición era compartir. — Nunca he sentido el fervor por la vida, o mejor dicho, siempre he naturalizado bastante la muerte como un proceso natural de la existencia de las especies... Entiendo que la vida se debe cuidar, preservar y proteger por una cuestión moral más nunca he sentido más apego a la vida que a la muerte. Para mi son iguales, el descanso eterno también debe ser cuidado, preservado y protegido pues solo a través del olvido yace la verdadera desaparición de la existencia... Con la perdida del recuerdo, del ser y su historia es que verdaderamente morimos —Aclaró con convicción.
— Siempre me ha costado memorizar las palabras y testamentos, soy demasiado tonto para todo lo teoríco pero siempre me especialicé en la construcción de ataúdes y la protección de las criptas. Desde joven he tenido que medirme con cuanto oportunista busca profanar las tumbas, es lo que se me da bien, usar las manos —Su mirada no obstante se posaría sobre su mano herida, suspirando. Debía ser obediente y dejarla quieta, como si no la tuviese. — Por eso también me llevo bien con el barco, entiendo su madera y sus formas... Es fácil poner hacerle el mantenimiento aun sin ser yo un experto sobre navegar —Se encogió de hombros suavemente al terminar de hablar, entendiendo que si él estuviese en la posición de Alana sería más vidas las que se perderían que las que salvaría.
Le sorprendió la última oración de la tontatta, ladeando su cabeza suavemente. — Espero que cuando yo me rompa, usted pueda arreglarme siempre y que cuando me muera, no llore por mi —Lo que para muchos eran palabras de ultratumba, no lo eran para él, dibujándose una sonrisa serena y honesta en su rostro. Podía ver que Alana era una profesional de vocación, y respetaba la vocación de salvar vidas. Ella era una protectora de los vivos como él lo era de los muertos. — ¿Todos necesitamos un propósito? —Añadió a la charla filosófica todavía dándole vueltas al concepto de Alana salvándose a sí misma a través de la medicina.
Con suavidad devolvió la manzana tras unos bocados, pues la condición era compartir. — Nunca he sentido el fervor por la vida, o mejor dicho, siempre he naturalizado bastante la muerte como un proceso natural de la existencia de las especies... Entiendo que la vida se debe cuidar, preservar y proteger por una cuestión moral más nunca he sentido más apego a la vida que a la muerte. Para mi son iguales, el descanso eterno también debe ser cuidado, preservado y protegido pues solo a través del olvido yace la verdadera desaparición de la existencia... Con la perdida del recuerdo, del ser y su historia es que verdaderamente morimos —Aclaró con convicción.
— Siempre me ha costado memorizar las palabras y testamentos, soy demasiado tonto para todo lo teoríco pero siempre me especialicé en la construcción de ataúdes y la protección de las criptas. Desde joven he tenido que medirme con cuanto oportunista busca profanar las tumbas, es lo que se me da bien, usar las manos —Su mirada no obstante se posaría sobre su mano herida, suspirando. Debía ser obediente y dejarla quieta, como si no la tuviese. — Por eso también me llevo bien con el barco, entiendo su madera y sus formas... Es fácil poner hacerle el mantenimiento aun sin ser yo un experto sobre navegar —Se encogió de hombros suavemente al terminar de hablar, entendiendo que si él estuviese en la posición de Alana sería más vidas las que se perderían que las que salvaría.
Le sorprendió la última oración de la tontatta, ladeando su cabeza suavemente. — Espero que cuando yo me rompa, usted pueda arreglarme siempre y que cuando me muera, no llore por mi —Lo que para muchos eran palabras de ultratumba, no lo eran para él, dibujándose una sonrisa serena y honesta en su rostro. Podía ver que Alana era una profesional de vocación, y respetaba la vocación de salvar vidas. Ella era una protectora de los vivos como él lo era de los muertos. — ¿Todos necesitamos un propósito? —Añadió a la charla filosófica todavía dándole vueltas al concepto de Alana salvándose a sí misma a través de la medicina.
