11-11-2025, 09:19 PM
Ah Baterilla qué lugar tan encantador.
Desde que puse un pie en esta islita, sentí una paz distinta, cálida, como si el aire mismo quisiera abrazarme. Es una de esas islas pequeñas que dan gusto visitar, donde cada sonrisa parece sincera y los días huelen a mar y pan recién hecho. La gente aquí es amable, de esas personas que te saludan sin conocerte, que te ofrecen agua antes de que la pidas y que hablan con esa calma de quien no tiene prisa por huir de nada.
Hay algo hermoso en eso, en su bondad tan simple, tan genuina. No sé si es la brisa o su forma de vivir, pero se siente honesto. Sí, esa es la palabra. Honestidad. La misma que intento llevar conmigo, aunque a veces me cueste entender este mundo fuera de la isla de las mujeres.
He decidido quedarme unos días aquí, antes de seguir navegando hacia otras tierras. Quiero escuchar sus historias, probar sus frutas dulces, aunque mi gusto no sea el mejor, jejeje, y mirar el atardecer desde sus acantilados. Quizá hasta encuentre a alguien dispuesto a enseñarme una nueva receta o una forma diferente de bailar. Mi instinto me dice que cada isla tiene algo que enseñarme y si todas son como Baterilla, puede que este viaje termine siendo más hermoso de lo que imaginaba.
Y parece que mi instinto no me fallaba, Mientras paseaba por el mercado de Baterilla, dejándome llevar por el bullicio alegre y el aroma a frutas frescas, algo curioso sucedió. Yo solo buscaba algo nuevo que probar, algún dulce típico, quizá, o un pan con ese toque casero que tanto me gusta, cuando sentí una mirada fija sobre mí. No era hostil, no, era esa mirada curiosa, casi traviesa, que uno nota incluso antes de girar la cabeza.
Entonces apareció él. Un chico de cabello negro, de esos que caminan con paso decidido, aunque los nervios les tiemblen por dentro. Se acercó a mí con la valentía torpe pero encantadora de un niño que ve algo que le fascina y, sin pensarlo mucho, me dijo que yo era la mujer más guapa que había visto en su vida. No pude evitar sonreír. Su sinceridad fue tan repentina, tan limpia, que me tomó por sorpresa. Pocas veces alguien me habla con esa franqueza y menos aún sin intención de presumir. “Jensen Valentine”, dijo llamarse. Qué nombre tan curioso, ¿no? Tiene ritmo, como una melodía elegante. Incluso suena coqueto, debo admitirlo.
—Trixxie Pappitson, Exploradora Kuja del mar Azul— Un titulo largo si, pero así me habían enseñado a presentarme. —Gracias por tus hermosas palabras Jensen, tú también eres un hombre muy guapo y sobre todo valiente. — No cualquiera se acercaría a una mujer como yo, algunos prefieren solo lanzarme piropos sin sentido, sin tener la voluntad suficiente para acercarse hablar, pero este pelinegro parecía ser diferente.
Desde que puse un pie en esta islita, sentí una paz distinta, cálida, como si el aire mismo quisiera abrazarme. Es una de esas islas pequeñas que dan gusto visitar, donde cada sonrisa parece sincera y los días huelen a mar y pan recién hecho. La gente aquí es amable, de esas personas que te saludan sin conocerte, que te ofrecen agua antes de que la pidas y que hablan con esa calma de quien no tiene prisa por huir de nada.
Hay algo hermoso en eso, en su bondad tan simple, tan genuina. No sé si es la brisa o su forma de vivir, pero se siente honesto. Sí, esa es la palabra. Honestidad. La misma que intento llevar conmigo, aunque a veces me cueste entender este mundo fuera de la isla de las mujeres.
He decidido quedarme unos días aquí, antes de seguir navegando hacia otras tierras. Quiero escuchar sus historias, probar sus frutas dulces, aunque mi gusto no sea el mejor, jejeje, y mirar el atardecer desde sus acantilados. Quizá hasta encuentre a alguien dispuesto a enseñarme una nueva receta o una forma diferente de bailar. Mi instinto me dice que cada isla tiene algo que enseñarme y si todas son como Baterilla, puede que este viaje termine siendo más hermoso de lo que imaginaba.
Y parece que mi instinto no me fallaba, Mientras paseaba por el mercado de Baterilla, dejándome llevar por el bullicio alegre y el aroma a frutas frescas, algo curioso sucedió. Yo solo buscaba algo nuevo que probar, algún dulce típico, quizá, o un pan con ese toque casero que tanto me gusta, cuando sentí una mirada fija sobre mí. No era hostil, no, era esa mirada curiosa, casi traviesa, que uno nota incluso antes de girar la cabeza.
Entonces apareció él. Un chico de cabello negro, de esos que caminan con paso decidido, aunque los nervios les tiemblen por dentro. Se acercó a mí con la valentía torpe pero encantadora de un niño que ve algo que le fascina y, sin pensarlo mucho, me dijo que yo era la mujer más guapa que había visto en su vida. No pude evitar sonreír. Su sinceridad fue tan repentina, tan limpia, que me tomó por sorpresa. Pocas veces alguien me habla con esa franqueza y menos aún sin intención de presumir. “Jensen Valentine”, dijo llamarse. Qué nombre tan curioso, ¿no? Tiene ritmo, como una melodía elegante. Incluso suena coqueto, debo admitirlo.
—Trixxie Pappitson, Exploradora Kuja del mar Azul— Un titulo largo si, pero así me habían enseñado a presentarme. —Gracias por tus hermosas palabras Jensen, tú también eres un hombre muy guapo y sobre todo valiente. — No cualquiera se acercaría a una mujer como yo, algunos prefieren solo lanzarme piropos sin sentido, sin tener la voluntad suficiente para acercarse hablar, pero este pelinegro parecía ser diferente.
