12-11-2025, 03:55 PM
Día 33 de otoño, Año 16
Juan ya se había acostumbrado a la isla y a sus gentes, un lugar tranquilo, con buen clima y en el que había podido conocer a dos buenos compañeros. Si algo faltaba, eran problemas ¿Cómo podría ascender en la Marina si lo único que hacía era patrullar las calles del pueblo, tranquilas y llenas de buena gente o fregar el cuartel? Solo llevaba diez días allí pero empezaba a preocuparle la situación, aunque tampoco tenía sentido preocuparse por ello ¿Para que preocuparse por algo que no estaba bajo su control?
La tarde llegó rápidamente, el clima tropical se hacía notar con un calor que agradaba al cangrejo, se alegraba de no tener que pasar frío allí, no era lo suyo. El sol se reflejaba con intensidad en las blancas paredes del pueblo y no soplaba ni una brizna de viento. El pueblo tenía el bullicio habitual, adultos sentados en las puertas, discutiendo sobre la situación de la pesca y los niños jugando por las calles ajenos a los problemas de estos.
Hoy a Juan le tocaba el rutinario patrullaje, era un buen día, prefería mil veces eso antes que fregar. Su ronda, como de costumbre se veía dificultada por la luz del sol reflejada en las paredes de los edificios, tenía que ir con los ojos entrecerrados para no cegarse. Pasaron las horas y nada pasaba, como siempre, pero de pronto vio a una chica adolescente llorando. Juan se acercó y le preguntó —Buenas tardes, ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?—Su apariencia hizo dudar a la chica, pero el uniforme de la Marina la tranquilizó, podía confiar en él .Había dejado unas joyas en una bolsa y alguien se las había robado, eran un recuerdo de su difunta madre.
Juan se puso manos a la obra, debía encontrar las pertenencias de aquella muchacha, se acercó a la costa, que era el lugar desde donde había venido ella y realizó el camino observando y preguntando a todos los presentes. Ninguno sabía nada de un robo, pero algunos ancianos cotillas de la zona habían visto a un hombre desconocido, alto, con una mirada algo fría y ojos verdes. Era un comienzo, buscaría a ese hombre y le preguntaría si sabe algo.
Después de poco tiempo pudo dar con él, estaba acostado en un banco, completamente despreocupado de lo que ocurría a su alrededor si tuviese la certeza de que fuera un criminal casi parecía que podría arrestarlo en el sitio, pero no era así como Juan actuaba. —¿Buenas?— No hubo respuesta, —¡¡¿¿BUENAS??!!— Seguía sin respuesta, si no fuese por su respiración podría pensar que estaba muerto, la tercera vez le movió cogiéndole del hombro y repitió —¡¡BUENOS DÍAS!!— Finalmente despertó, y pudo preguntarle —Buenas tarde, disculpa que te moleste buen hombre, pero me gustaría hacerle unas preguntas—

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