13-11-2025, 04:51 AM
— _No somos tan distintos._
Susurró suavemente cómo si esas palabras hubiesen sido una caricia al alma que, sin darse cuenta, necesitaba oír. Con cuanta facilidad un dialogo casi trivial podía volverse un recuerdo hermoso.
La bondad era para Eros un concepto conocido en parte, la teoría definía la bondad como una sumatoria de factores individuales que instaban al poseedor de tales virtudes a hacer el bien ¿Era él un hombre bondadoso? Generoso sin duda alguna, vivía haciendo regalos aunque él fuese tan pobre que ni volteando sus bolsillos y poniéndolo de cabeza caería una moneda ¿Pero hacía el bien? Casi toda su vida se dedicó a la contemplación y al pragmatismo, quizás por imposición. Por unos segundos se mantuvo en silencio, más para él no era incomodo, hallarse reflexivo indicaba que la castaña no lo ponía nervioso en lo más mínimo.
Ella era bondadosa, sin duda. Bastaba con observarla mantener a raya la salud de todos para entender que en ella nacía algo intrínseco a su persona más él no sentía esa entrega inmediata más allá de lo que él consideraba justo.
— ¿Mareado? —Dudó, aunque finalmente negó con la cabeza suavemente para no hacer ningún movimiento brusco mientras mantenía la zurda a la altura de su cabeza como si estuviese congelado en un saludo distante. — Pensativo, sí. Es una persona muy interesante, sabe poner en palabras bonitas y simples temas muy complejos sobre las personas, la vida, la muerte —No era un elogio en vano, era honesto. Suspiró con profundidad cuando ella lo eximió de culpas, porque hasta entonces nadie lo había hecho.
Podía parecer algo menor o tonto, pero para él se sentía como si un peso enorme se liberase de su pecho. — No es mi... culpa —Repitió casi como si él mismo estuviese buscando creer en esas palabras. — Pero sí mi responsabilidad —Convicción, algo casi inusitado en el tímido sepulturero. Cada vez que el muchacho hablaba de su labor lo hacía como quien hablaba con naturalidad de caminar, amarrar sus zapatos o respirar pues era algo básico y fundamental para su existencia, llegados a ese punto y habiendo vivido toda su vida en el claustro de su hogar, pero era cuestión de tocar una pequeña fibra en él para que esa fría faceta mecánica mostrase determinación en su mirada: Su orgullo.
— Quiero enmendar las cosas, castigar a quien deba castigar pero... No se si quiero volver a mi hogar —Aclaró confesando en voz alta por primera vez lo que había pensado desde que se hizo a la mar. — Tengo casi treinta años y aún no conozco el mundo, hay tanto que ignoro... Debo hacerme cargo de las sepulturas de mi pueblo, pero desde que comencé a navegar que siento un nuevo tipo de culpa —Remordimiento, uno de sus mejores amigos.
Inspiró profundamente, llamándose a silencio nuevamente pues había dicho algo que escapaba de su propio entendimiento ¿Había sido su subconsciente rebelándose contras las opresivas cadenas del deber?
Observó su mano herida. — Toda mi vida siempre fue meticulosa y repetitiva, siguiendo pasos, procesos, indicaciones. Repitiendo la misma labor una, y otra vez pero desde que salí de las cuatro paredes... Metafóricas cuatro paredes, es que estoy sintiendo cosas —Finalmente pudo comprender el rompecabezas de su psique. Arqueando su ceja derecha con propia sorpresa.
— Hay gente muy interesante, muchas cosas llaman mi atención, estoy aprendiendo a "divertirme" y todo eso... Se siente como si estuviese desatendiendo mi propósito, pero al mismo tiempo se siente como un propósito en si mismo ¿Alguna vez le ha pasado? Debo estar delirando por la hemorragia, no me está llegando sangre al cerebro seguramente.
Susurró suavemente cómo si esas palabras hubiesen sido una caricia al alma que, sin darse cuenta, necesitaba oír. Con cuanta facilidad un dialogo casi trivial podía volverse un recuerdo hermoso.
La bondad era para Eros un concepto conocido en parte, la teoría definía la bondad como una sumatoria de factores individuales que instaban al poseedor de tales virtudes a hacer el bien ¿Era él un hombre bondadoso? Generoso sin duda alguna, vivía haciendo regalos aunque él fuese tan pobre que ni volteando sus bolsillos y poniéndolo de cabeza caería una moneda ¿Pero hacía el bien? Casi toda su vida se dedicó a la contemplación y al pragmatismo, quizás por imposición. Por unos segundos se mantuvo en silencio, más para él no era incomodo, hallarse reflexivo indicaba que la castaña no lo ponía nervioso en lo más mínimo.
Ella era bondadosa, sin duda. Bastaba con observarla mantener a raya la salud de todos para entender que en ella nacía algo intrínseco a su persona más él no sentía esa entrega inmediata más allá de lo que él consideraba justo.
— ¿Mareado? —Dudó, aunque finalmente negó con la cabeza suavemente para no hacer ningún movimiento brusco mientras mantenía la zurda a la altura de su cabeza como si estuviese congelado en un saludo distante. — Pensativo, sí. Es una persona muy interesante, sabe poner en palabras bonitas y simples temas muy complejos sobre las personas, la vida, la muerte —No era un elogio en vano, era honesto. Suspiró con profundidad cuando ella lo eximió de culpas, porque hasta entonces nadie lo había hecho.
Podía parecer algo menor o tonto, pero para él se sentía como si un peso enorme se liberase de su pecho. — No es mi... culpa —Repitió casi como si él mismo estuviese buscando creer en esas palabras. — Pero sí mi responsabilidad —Convicción, algo casi inusitado en el tímido sepulturero. Cada vez que el muchacho hablaba de su labor lo hacía como quien hablaba con naturalidad de caminar, amarrar sus zapatos o respirar pues era algo básico y fundamental para su existencia, llegados a ese punto y habiendo vivido toda su vida en el claustro de su hogar, pero era cuestión de tocar una pequeña fibra en él para que esa fría faceta mecánica mostrase determinación en su mirada: Su orgullo.
— Quiero enmendar las cosas, castigar a quien deba castigar pero... No se si quiero volver a mi hogar —Aclaró confesando en voz alta por primera vez lo que había pensado desde que se hizo a la mar. — Tengo casi treinta años y aún no conozco el mundo, hay tanto que ignoro... Debo hacerme cargo de las sepulturas de mi pueblo, pero desde que comencé a navegar que siento un nuevo tipo de culpa —Remordimiento, uno de sus mejores amigos.
Inspiró profundamente, llamándose a silencio nuevamente pues había dicho algo que escapaba de su propio entendimiento ¿Había sido su subconsciente rebelándose contras las opresivas cadenas del deber?
Observó su mano herida. — Toda mi vida siempre fue meticulosa y repetitiva, siguiendo pasos, procesos, indicaciones. Repitiendo la misma labor una, y otra vez pero desde que salí de las cuatro paredes... Metafóricas cuatro paredes, es que estoy sintiendo cosas —Finalmente pudo comprender el rompecabezas de su psique. Arqueando su ceja derecha con propia sorpresa.
— Hay gente muy interesante, muchas cosas llaman mi atención, estoy aprendiendo a "divertirme" y todo eso... Se siente como si estuviese desatendiendo mi propósito, pero al mismo tiempo se siente como un propósito en si mismo ¿Alguna vez le ha pasado? Debo estar delirando por la hemorragia, no me está llegando sangre al cerebro seguramente.
