13-11-2025, 08:13 PM
Llegado el peso de su cabeza a mi pecho. Por supuesto, le acobijé con dulzura y paciencia mientras también reposaría con soltura mi propio mentón sobre su risada caballera bicolor, a manera que complete su abrazo, manteniendo la mano izquierda a sostén de mi espalda en lo qué frenaba cualquier intención habida sobre la dirección de mi diestra, sosteniendo el agarre a su pecho, incapaz de soltarla a completo y todavía viajando, presionando, tal vez brusco, a manera que la piel enrojecería y se estiraría alrededor de mis dedos para que quedara una marca que ensanche intencionalmente durante la estira y que se produjera un delicado escozor.
Nada que permaneciera por más que un breve instante.
Todo porque simplemente deseaba cumplir el capricho,
Liberando su pecho bruscamente a manera que tembló,
E inmediatamente rozando la palma hacia sus costillas.
Era consciente, además, del movimiento que no hacía más que solicitar con su pelvis por lo que no indulgente y aunque mi mirada estuviera sobre las hebras de su cabello o las variedades que adornaban en toda la habitación. -¿Bai?- Pregunte, no un algo circunstancial sino buscándola por su nombre con un tono bajo casi susurrante en medio de lo que me sorprendió como una mordida de la mujer sobre la altura de mi pecho cercana a la clavícula, entonces nos sentí como algo más que un polvo, imaginando la marca de sus dientes sobre mi piel como un tipo de firma por sí se me ocurría ver a otras mujeres y enternecido por mi propia imaginación ni siquiera rechiste.
…¿Estaba mal dejarse morder con agrado ante su boca?
La presión o la saliva no fue más que nuestra cercanía,
Tal vez un impulso en ella que no valía la pena juzgar,
Busque no dar importancia más mi pene solo se excito.
Así, sin más, aunque en un principio estaba sentado a su lado mi compañera en su manera salvaje de conseguir control y poder acabo por levantar ambas de sus rodillas mientras todavía clavaba su mordida sobre mi piel, acortándose cualquier distancia rápidamente, palpite intencionalmente alegre cuando encima busco tomar del trozo hinchado de mi carne y soltaba su mordida para dirigirme una mirada sombría o agotada de sí misma, ¿qué estaba pensando? me pregunte sobre la altura de sus pechos, abrazado por la eterna y efímera sensación salvaje de sentir el cuerpo ajeno y de ser agarrado, expectante del siguiente instante, de solo metérsela duro.
Más ella restregó mi glande sobre sus labios vaginales.
Labios se estiraban con dulzura áspera sin abrirse paso,
Observando en una sensación ahogada a nuestra carne,
E inhalando y exhalando ella busco refugio en un beso.
No pude estar más de acuerdo. De hecho, aunque la sangre se me subía a la cabeza y no dejaba de palpitar debo haberme detenido un momento para acariciar su boca mientras dejaba sus brazos por encima de mis hombros, pero aquello no era un gesto dulce e inocente sino depravado y demandante, por lo qué cuando introdujo en mi boca su lengua lo primero fue raspar en seco un intento de agarre que inevitablemente no iba a poder sostener, intentando seguir el gesto con mi propia lengua hasta que utilizando la mano libre empujaría con mi pulgar de su índice hacia abajo y succionaría con un sonido pesado a su lengua, para repetir, para saborearla y su saliva.
Entonces ella busco respirar, busco apartarse un poco y me resulto desafortunado por lo qué si había pensado que la iba a dejar ir estaba demasiado equivocada, entonces mordí su lengua desde la mitad atrapándola, entonces con el antebrazo a la altura de su hombro hice fuerzas y la obligue a sentarse hasta el fondo de manera que de pronto estaba completamente adentro, por primera adentro, de forma brusca y seca, repentina y sucia dejando una sensación de falta de aire que ni siquiera podía completarse mientras que mordía su lengua manteniéndome apegado a ella, no quería que se moviera siquiera, en ese momento quería que me sintiera.
De esa manera erguí mi cadera más hacia delante y con el brazo izquierdo presione a su cintura disponiendo como un gesto no verbal que no deseaba que se meciera, no deseaba que saltara y no deseaba nada menos, únicamente deseaba que su interior empezara a grabarse la forma de mi pene, que su calor interno llegara a colmarme y exhale a inhale, negándole un siguiente gesto, negándole ser frenéticos durante el momento, sencillamente obligándola a sentir y respirar.
Nada que permaneciera por más que un breve instante.
Todo porque simplemente deseaba cumplir el capricho,
Liberando su pecho bruscamente a manera que tembló,
E inmediatamente rozando la palma hacia sus costillas.
Era consciente, además, del movimiento que no hacía más que solicitar con su pelvis por lo que no indulgente y aunque mi mirada estuviera sobre las hebras de su cabello o las variedades que adornaban en toda la habitación. -¿Bai?- Pregunte, no un algo circunstancial sino buscándola por su nombre con un tono bajo casi susurrante en medio de lo que me sorprendió como una mordida de la mujer sobre la altura de mi pecho cercana a la clavícula, entonces nos sentí como algo más que un polvo, imaginando la marca de sus dientes sobre mi piel como un tipo de firma por sí se me ocurría ver a otras mujeres y enternecido por mi propia imaginación ni siquiera rechiste.
…¿Estaba mal dejarse morder con agrado ante su boca?
La presión o la saliva no fue más que nuestra cercanía,
Tal vez un impulso en ella que no valía la pena juzgar,
Busque no dar importancia más mi pene solo se excito.
Así, sin más, aunque en un principio estaba sentado a su lado mi compañera en su manera salvaje de conseguir control y poder acabo por levantar ambas de sus rodillas mientras todavía clavaba su mordida sobre mi piel, acortándose cualquier distancia rápidamente, palpite intencionalmente alegre cuando encima busco tomar del trozo hinchado de mi carne y soltaba su mordida para dirigirme una mirada sombría o agotada de sí misma, ¿qué estaba pensando? me pregunte sobre la altura de sus pechos, abrazado por la eterna y efímera sensación salvaje de sentir el cuerpo ajeno y de ser agarrado, expectante del siguiente instante, de solo metérsela duro.
Más ella restregó mi glande sobre sus labios vaginales.
Labios se estiraban con dulzura áspera sin abrirse paso,
Observando en una sensación ahogada a nuestra carne,
E inhalando y exhalando ella busco refugio en un beso.
No pude estar más de acuerdo. De hecho, aunque la sangre se me subía a la cabeza y no dejaba de palpitar debo haberme detenido un momento para acariciar su boca mientras dejaba sus brazos por encima de mis hombros, pero aquello no era un gesto dulce e inocente sino depravado y demandante, por lo qué cuando introdujo en mi boca su lengua lo primero fue raspar en seco un intento de agarre que inevitablemente no iba a poder sostener, intentando seguir el gesto con mi propia lengua hasta que utilizando la mano libre empujaría con mi pulgar de su índice hacia abajo y succionaría con un sonido pesado a su lengua, para repetir, para saborearla y su saliva.
Entonces ella busco respirar, busco apartarse un poco y me resulto desafortunado por lo qué si había pensado que la iba a dejar ir estaba demasiado equivocada, entonces mordí su lengua desde la mitad atrapándola, entonces con el antebrazo a la altura de su hombro hice fuerzas y la obligue a sentarse hasta el fondo de manera que de pronto estaba completamente adentro, por primera adentro, de forma brusca y seca, repentina y sucia dejando una sensación de falta de aire que ni siquiera podía completarse mientras que mordía su lengua manteniéndome apegado a ella, no quería que se moviera siquiera, en ese momento quería que me sintiera.
De esa manera erguí mi cadera más hacia delante y con el brazo izquierdo presione a su cintura disponiendo como un gesto no verbal que no deseaba que se meciera, no deseaba que saltara y no deseaba nada menos, únicamente deseaba que su interior empezara a grabarse la forma de mi pene, que su calor interno llegara a colmarme y exhale a inhale, negándole un siguiente gesto, negándole ser frenéticos durante el momento, sencillamente obligándola a sentir y respirar.
