13-11-2025, 10:34 PM
Tantas preguntas a un hombre deberían ser ilegales, una tortura moderna disfrazada de simple curiosidad. Cada una me caía encima como si pesara toneladas, y aun así mantenía una sonrisa porque, claro, ¿qué otra cosa podía hacer? Si algo tenía claro, era que si me daba la vuelta, ese chico seguiría como un sabueso hambriento de respuestas. Y no era solo eso, parecía dudar de mí, como si mis palabras fueran poco más que humo o un truco barato. Vamos, ¿quién en su sano juicio dudaría de este rostro? Tan confiable, tan encantador… o al menos eso me gustaba creer.
Lo peor es que la situación se estaba alargando demasiado. La paciencia nunca había sido mi punto fuerte, y empezar el día con un interrogatorio no figuraba en mis planes. Me cruzó por la mente que el silencio sería mi mejor aliado, pero sabía que eso solo despertaría más sospechas. Al parecer, conseguir que me dejara trabajar no iba a ser tan sencillo como pensaba. No bastaría con sonreír o decir un par de frases bien colocadas; esto iba a requerir un poco más de maña, de astucia.
Escuché su parloteo y como quería zafarse de su relación con el arma, para su mala suerte ya había dicho que era “nuestra” antes de ponerse en alerta y por supuesto se lo haría saber. —Pues supondré que es importante para ti, dijiste “nuestra espada” ¿Me entiendes? — Ladeé la cabeza, varios de mis mechones cayendo por el frente de mi rostro, así que para no perderlo de vista los acomodé detrás de mi oreja, terminando por fruncir un poco el ceño ¿Ahora me preguntaba del exterior? ¿Este chico era muy distraído o algo?
Lo pensé un poco, no quería dar mucha información. — No lo sé, no conozco mucho, hay mucho mar: Más allá de lo que tus ojos pueden ver y casas, gente. — Terminé diciendo la verdad, el señor Okiomi no me dejaba andar por ahí tanto como me gustaba así que no conocía tantos lugares como me gustaría. Volví a balancear los pies, cuando escuché un rugido proveniente de mi estomago… Supongo que comenzaba a hacerse tarde. —No, no todos pueden ser yo. De hecho es imposible llegar a este nivel para cualquiera, bueno, me voy a comer, si vas a seguir haciéndome preguntas sigue- ¡No vengas! —
Lo peor es que la situación se estaba alargando demasiado. La paciencia nunca había sido mi punto fuerte, y empezar el día con un interrogatorio no figuraba en mis planes. Me cruzó por la mente que el silencio sería mi mejor aliado, pero sabía que eso solo despertaría más sospechas. Al parecer, conseguir que me dejara trabajar no iba a ser tan sencillo como pensaba. No bastaría con sonreír o decir un par de frases bien colocadas; esto iba a requerir un poco más de maña, de astucia.
Escuché su parloteo y como quería zafarse de su relación con el arma, para su mala suerte ya había dicho que era “nuestra” antes de ponerse en alerta y por supuesto se lo haría saber. —Pues supondré que es importante para ti, dijiste “nuestra espada” ¿Me entiendes? — Ladeé la cabeza, varios de mis mechones cayendo por el frente de mi rostro, así que para no perderlo de vista los acomodé detrás de mi oreja, terminando por fruncir un poco el ceño ¿Ahora me preguntaba del exterior? ¿Este chico era muy distraído o algo?
Lo pensé un poco, no quería dar mucha información. — No lo sé, no conozco mucho, hay mucho mar: Más allá de lo que tus ojos pueden ver y casas, gente. — Terminé diciendo la verdad, el señor Okiomi no me dejaba andar por ahí tanto como me gustaba así que no conocía tantos lugares como me gustaría. Volví a balancear los pies, cuando escuché un rugido proveniente de mi estomago… Supongo que comenzaba a hacerse tarde. —No, no todos pueden ser yo. De hecho es imposible llegar a este nivel para cualquiera, bueno, me voy a comer, si vas a seguir haciéndome preguntas sigue- ¡No vengas! —

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