14-11-2025, 01:35 AM
Aparecen dos pistas a seguir que llevan al mismo destino. Tanto lo dicho por la chica de antes como lo escuchado por Gwen son motivos suficientes para aceptar dar este paso y arriesgarse. En primera instancia duda de si es buena idea llevarla consigo, pero convengamos en que ella es la más interesada en solucionar esto, y que será imposible de convencerla de quedarse aquí quietita.
— Tranquila, yo sé dónde está el este. — Porque teniendo una brújula es bastante sencillito. Un tipo como él siempre está preparado, pues necesita tener planes de reserva en caso de que las cosas salgan mal. Cuando no tienes confianza en tu capacidad de defenderte, las precauciones jamás sobran. — Conque sabes cómo sacar provecho de tu condición. Luces ingenua, pero eres bastante astuta. Está bien, avanzarás primero una vez estemos cerca. — No reduce la preocupación interna que siente, pero pasa totalmente de considerarla inútil y no dejarla participar en lo que sea que vayan a hacer. Ya suficiente con preocuparse de su propia debilidad como para también pensar tanto por el resto.
Al igual que hace ella, cuenta un poco lo que hace hecho estos días. Revela que en un principio no pensaba quedarse, pero que estudiar con los médicos de aquí le ha sido muy productivo. Tal vez le cuenta conceptos complejos para alguien no involucrada en el ámbito de la medicina, pero Kiyoshi no es un experto en la comunicación. Desconoce cómo contar ese tipo de cosas de una manera fácil de entender. No se le puede pedir mucho en ese sentido.
— Debo regresar a casa para preparar la medicina correspondiente con las flores que recogiste. No tengo el material necesario para hacerlo aquí. — Para este entonces, el médico ni ha tenido por la cabeza el pensamiento de lanzarse al mar a tener aventuras o algo parecido. — Luego debo ir con esos productos a atender clientes a la Isla Karate. — Una isla que marcará un antes y un después en su vida, pero que por ahora está en total desconocimiento para Kiyoshi.
La charla ha hecho que el camino se sienta breve y lleguen a la zona indicada. La misma posee una casa enorme pero solitaria, de un tamaño totalmente diferente al resto que han podido ver en la isla… Bueno, Gwen sentir, tocar, o lo que sea que haga para saber el tamaño de las cosas. Lo que también llama la atención es una cerca que Kiyoshi está seguro no estaba ahí el día que llegó a la isla. Debe haber sido implementada hace poco para alejar a cualquiera que quiera insertarse en la zona, lo que hace más sospechoso todo.
— ¿Mmm? — Guarda silencio y se detiene ante las palabras de Gwen. Le sorprende que ella pueda escuchar algo, pues por más que él se concentre, a sus oídos no llega absolutamente nada. Parece que alguien aquí tiene una excelente capacidad auditiva. — De acuerdo, pero asegúrate de correr lo más rápido que puedas si te sientes en peligro. Y no te vayas a caer. — Como cuando se encontraron hoy.
Kiyoshi obedece y comienza a rodear el sector, aprovechándose de árboles y rocas para esconderse. Si bien es un poco alto, lo que dificulta el pasar desapercibido, el moverse lento y con cautela contrarresta un poco esa debilidad.
Durante los primeros segundos que se separa Gwen, se mantiene preocupado por ella. Sin embargo, la imagen de la muchacha desaparece de su mente en el momento en que cae por una pequeña encrucijada que estaba oculta por un césped alto. Kiyoshi cae a tierra, ensuciando toda su ropa. — Maldita sea. Tonta Gwendolyn, sabía que no debí aceptar ayudarla. — Realmente le enfada demasiado ensuciarse.
Cuando se sacude y es capaz de ver hacia el frente, resulta que hay un niño que, juzgando su vestimenta, es oriundo de la isla. Lo que sí, no es el infante lo que más llama la atención de Kiyoshi, sino el enorme huevo que tiene entre sus manos. — ¿Qué es…? — Antes de terminar su pregunta, el niño le interrumpe y habla con una desesperación impropia de una conversación normal. — Por favor, no me lo quites. Debo devolverlo a su familia o si no todos se pelearán. — El médico piensa un momento para llegar a algunas teorías, pero, lamentablemente, otra vez alguien se pone entre medio.
Ahora se trata de una voz adulta que parece haberlos encontrado en ese supuesto escondite. — ¡Eh! ¡Aquí está el mocoso con el huevo! — Tanto ese hombre como otro más saltan para quedar junto con nuestro protagonista y el infante. — Mierda, hay otro tipo aquí… No nos queda de otra más que callarlo. — Pues si lo dejan ir y habla, todo su plan se irá al carajo.
— ¿Son tontos? ¿A quién creen que callarán? — De inmediato sucede un intercambio de golpes que Kiyoshi pierde por paliza. Aquí no hay lugar para milagros. El débil no tuvo ninguna oportunidad. Aunque el niño llora, lo toman con fuerza del brazo y lo obligan a ir con ellos. Kiyoshi también debe hacer lo mismo, siento pateado mientras lo obligan a salir y entrar a esa enorme casa.
Regresando con Gwen, el hombre frente a ella se encuentra nervioso no solo por su presencia, sino porque está al tanto de lo que sucede a su alrededor. — Espera un momento, niñita. En seguida te ayudo a buscar a tu cuidador. — Al voltearse y ver a sus compañeros llevar rehenes, sobre todo uno desconocido, entiende que hay un infiltrado. Por lo mismo, no puede seguir perdiendo el tiempo acá.
— Mira, no sé si es difícil o no andar sin ver, pero te exijo que te vayas. Solo date la vuelta y sigue recto. Aquí estamos muy ocupados y no podemos perder el tiempo con niñitas perdidas. Si regresas, te meterás en graves problemas.— Por si tratarla así no fuera suficiente, le da un pequeño empujón que, considerando que es un tipo grandote, puede que la tire al suelo. ¿Quién dijo que los sujetos de este lugar eran buenos? Con esto ya podemos concluir que son todos unos malditos.
¿Gwen se irá o intentará algo? Sobre todo cuando a sus oídos nuevamente llegan sonidos que no cualquiera captaría. La palabra “tonto” tan característica de quien hoy funge como su compañero, pues Kiyoshi regaña todo el tiempo que lo guían a la vivienda. A pesar de que hay unos 30 metros de diferencia entre la pared y la cerca que le impide el paso a Gwen, ella puede oírlo. Ya lo demostró antes.
Confiado, el tipo del empujón ya se ha marchado, pero no cerrando el portón, subestimando totalmente a la chica que ahí se encuentra.
— Tranquila, yo sé dónde está el este. — Porque teniendo una brújula es bastante sencillito. Un tipo como él siempre está preparado, pues necesita tener planes de reserva en caso de que las cosas salgan mal. Cuando no tienes confianza en tu capacidad de defenderte, las precauciones jamás sobran. — Conque sabes cómo sacar provecho de tu condición. Luces ingenua, pero eres bastante astuta. Está bien, avanzarás primero una vez estemos cerca. — No reduce la preocupación interna que siente, pero pasa totalmente de considerarla inútil y no dejarla participar en lo que sea que vayan a hacer. Ya suficiente con preocuparse de su propia debilidad como para también pensar tanto por el resto.
Al igual que hace ella, cuenta un poco lo que hace hecho estos días. Revela que en un principio no pensaba quedarse, pero que estudiar con los médicos de aquí le ha sido muy productivo. Tal vez le cuenta conceptos complejos para alguien no involucrada en el ámbito de la medicina, pero Kiyoshi no es un experto en la comunicación. Desconoce cómo contar ese tipo de cosas de una manera fácil de entender. No se le puede pedir mucho en ese sentido.
— Debo regresar a casa para preparar la medicina correspondiente con las flores que recogiste. No tengo el material necesario para hacerlo aquí. — Para este entonces, el médico ni ha tenido por la cabeza el pensamiento de lanzarse al mar a tener aventuras o algo parecido. — Luego debo ir con esos productos a atender clientes a la Isla Karate. — Una isla que marcará un antes y un después en su vida, pero que por ahora está en total desconocimiento para Kiyoshi.
La charla ha hecho que el camino se sienta breve y lleguen a la zona indicada. La misma posee una casa enorme pero solitaria, de un tamaño totalmente diferente al resto que han podido ver en la isla… Bueno, Gwen sentir, tocar, o lo que sea que haga para saber el tamaño de las cosas. Lo que también llama la atención es una cerca que Kiyoshi está seguro no estaba ahí el día que llegó a la isla. Debe haber sido implementada hace poco para alejar a cualquiera que quiera insertarse en la zona, lo que hace más sospechoso todo.
— ¿Mmm? — Guarda silencio y se detiene ante las palabras de Gwen. Le sorprende que ella pueda escuchar algo, pues por más que él se concentre, a sus oídos no llega absolutamente nada. Parece que alguien aquí tiene una excelente capacidad auditiva. — De acuerdo, pero asegúrate de correr lo más rápido que puedas si te sientes en peligro. Y no te vayas a caer. — Como cuando se encontraron hoy.
Kiyoshi obedece y comienza a rodear el sector, aprovechándose de árboles y rocas para esconderse. Si bien es un poco alto, lo que dificulta el pasar desapercibido, el moverse lento y con cautela contrarresta un poco esa debilidad.
Durante los primeros segundos que se separa Gwen, se mantiene preocupado por ella. Sin embargo, la imagen de la muchacha desaparece de su mente en el momento en que cae por una pequeña encrucijada que estaba oculta por un césped alto. Kiyoshi cae a tierra, ensuciando toda su ropa. — Maldita sea. Tonta Gwendolyn, sabía que no debí aceptar ayudarla. — Realmente le enfada demasiado ensuciarse.
Cuando se sacude y es capaz de ver hacia el frente, resulta que hay un niño que, juzgando su vestimenta, es oriundo de la isla. Lo que sí, no es el infante lo que más llama la atención de Kiyoshi, sino el enorme huevo que tiene entre sus manos. — ¿Qué es…? — Antes de terminar su pregunta, el niño le interrumpe y habla con una desesperación impropia de una conversación normal. — Por favor, no me lo quites. Debo devolverlo a su familia o si no todos se pelearán. — El médico piensa un momento para llegar a algunas teorías, pero, lamentablemente, otra vez alguien se pone entre medio.
Ahora se trata de una voz adulta que parece haberlos encontrado en ese supuesto escondite. — ¡Eh! ¡Aquí está el mocoso con el huevo! — Tanto ese hombre como otro más saltan para quedar junto con nuestro protagonista y el infante. — Mierda, hay otro tipo aquí… No nos queda de otra más que callarlo. — Pues si lo dejan ir y habla, todo su plan se irá al carajo.
— ¿Son tontos? ¿A quién creen que callarán? — De inmediato sucede un intercambio de golpes que Kiyoshi pierde por paliza. Aquí no hay lugar para milagros. El débil no tuvo ninguna oportunidad. Aunque el niño llora, lo toman con fuerza del brazo y lo obligan a ir con ellos. Kiyoshi también debe hacer lo mismo, siento pateado mientras lo obligan a salir y entrar a esa enorme casa.
Regresando con Gwen, el hombre frente a ella se encuentra nervioso no solo por su presencia, sino porque está al tanto de lo que sucede a su alrededor. — Espera un momento, niñita. En seguida te ayudo a buscar a tu cuidador. — Al voltearse y ver a sus compañeros llevar rehenes, sobre todo uno desconocido, entiende que hay un infiltrado. Por lo mismo, no puede seguir perdiendo el tiempo acá.
— Mira, no sé si es difícil o no andar sin ver, pero te exijo que te vayas. Solo date la vuelta y sigue recto. Aquí estamos muy ocupados y no podemos perder el tiempo con niñitas perdidas. Si regresas, te meterás en graves problemas.— Por si tratarla así no fuera suficiente, le da un pequeño empujón que, considerando que es un tipo grandote, puede que la tire al suelo. ¿Quién dijo que los sujetos de este lugar eran buenos? Con esto ya podemos concluir que son todos unos malditos.
¿Gwen se irá o intentará algo? Sobre todo cuando a sus oídos nuevamente llegan sonidos que no cualquiera captaría. La palabra “tonto” tan característica de quien hoy funge como su compañero, pues Kiyoshi regaña todo el tiempo que lo guían a la vivienda. A pesar de que hay unos 30 metros de diferencia entre la pared y la cerca que le impide el paso a Gwen, ella puede oírlo. Ya lo demostró antes.
Confiado, el tipo del empujón ya se ha marchado, pero no cerrando el portón, subestimando totalmente a la chica que ahí se encuentra.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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