14-11-2025, 06:11 AM
(Última modificación: 14-11-2025, 06:11 AM por Tezca Norova.)
[personajeinvalido=2329]
Normalmente no soy aquel para hacerle caso a un desconocido: si alguien me dice derecha, yo voy a la izquierda; si me dicen abajo, yo voy arriba. Es una regla tácita que llevo conmigo desde hace años, casi un reflejo automático que me ayuda a mantenerme con vida y a no confiar tan fácil en nadie. Pero en este caso, y con todo el dolor de mi corazón, tuve que admitir lo impensable: el de los rulos tenía razón. Qué más daba aferrarme a mi terquedad si la alternativa era convertirnos en un bocadillo para el oso que teníamos respirándonos en la nuca. A veces incluso mi orgullo sabía cuándo hacerse a un lado, y esta era, lamentablemente, una de esas ocasiones.
Debía admitir que la canción de esos dos volvía toda la escena todavía más surreal; una melodía tan tétrica, casi ritual, sonando de fondo mientras un oso se quemaba vivo y la chica parecía ofrecerse como si fuera algún tipo de sacrificio voluntario, mientras un lunarian hacía lo posible por mantener a la bestia a raya, daba la impresión de pertenecer a alguna secta extraña de esas que uno preferiría no encontrarse de noche en un bosque. Claro, yo también formaba parte del panorama, lo cual no ayudaba en absoluto: un chico apuesto, bien vestido, sosteniendo una soga en medio de semejante cuadro no aportaba precisamente tranquilidad ni cordura a lo que estaba ocurriendo. Pero era lo que había, y a esas alturas ya no podía preocuparme demasiado por las interpretaciones ajenas; bastante teníamos con intentar sobrevivir a la escena digna de una pesadilla colectiva.
A esta distancia no alcanzaría a darle la soga a Heras, así que corrí de regreso, acercándome a el lo más que podía para extender la cuerda al cielo, esperando que pudiera alcanzarla. — ¡Heras! Por aquí, la soga, debes amarrar al oso ¿Me entiendes? — Intenté llamar su atención con urgencia, no sabía cuánto tiempo nos quedaba, después que la tomara podría dedicarme a lo segundo; buscar comida para dársela a la chica que el de rulos había encargado. Miré a mi alrededor; vacío, tal vez tendría que moverme para seguir buscando.
Normalmente no soy aquel para hacerle caso a un desconocido: si alguien me dice derecha, yo voy a la izquierda; si me dicen abajo, yo voy arriba. Es una regla tácita que llevo conmigo desde hace años, casi un reflejo automático que me ayuda a mantenerme con vida y a no confiar tan fácil en nadie. Pero en este caso, y con todo el dolor de mi corazón, tuve que admitir lo impensable: el de los rulos tenía razón. Qué más daba aferrarme a mi terquedad si la alternativa era convertirnos en un bocadillo para el oso que teníamos respirándonos en la nuca. A veces incluso mi orgullo sabía cuándo hacerse a un lado, y esta era, lamentablemente, una de esas ocasiones.
Debía admitir que la canción de esos dos volvía toda la escena todavía más surreal; una melodía tan tétrica, casi ritual, sonando de fondo mientras un oso se quemaba vivo y la chica parecía ofrecerse como si fuera algún tipo de sacrificio voluntario, mientras un lunarian hacía lo posible por mantener a la bestia a raya, daba la impresión de pertenecer a alguna secta extraña de esas que uno preferiría no encontrarse de noche en un bosque. Claro, yo también formaba parte del panorama, lo cual no ayudaba en absoluto: un chico apuesto, bien vestido, sosteniendo una soga en medio de semejante cuadro no aportaba precisamente tranquilidad ni cordura a lo que estaba ocurriendo. Pero era lo que había, y a esas alturas ya no podía preocuparme demasiado por las interpretaciones ajenas; bastante teníamos con intentar sobrevivir a la escena digna de una pesadilla colectiva.
A esta distancia no alcanzaría a darle la soga a Heras, así que corrí de regreso, acercándome a el lo más que podía para extender la cuerda al cielo, esperando que pudiera alcanzarla. — ¡Heras! Por aquí, la soga, debes amarrar al oso ¿Me entiendes? — Intenté llamar su atención con urgencia, no sabía cuánto tiempo nos quedaba, después que la tomara podría dedicarme a lo segundo; buscar comida para dársela a la chica que el de rulos había encargado. Miré a mi alrededor; vacío, tal vez tendría que moverme para seguir buscando.
Resumen

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