Una historia que nos encontro :: Privado :: Pasado
#5
Desafortunadamente, era de esperar la reacción de Han. Y más cuando escuchó la voz de la muchacha. Por el momento, solo lo sujetó de la zona inferior del codo, manteniéndose firme, calmado pese a la situación que se estaba dando. La seriedad se dibujaba claramente en su rostro.

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—Si aparece de golpe podría confundirla más. Sea paciente, Han.

Le dio escasos segundos antes de soltarlo, dejarlo ir y seguir retomando el camino hasta el tan esperado reencuentro.

[***]

Lo único positivo que había sacado de allí era que Han se había realmente creído el papel de “persona buena que ayudaba”. Tampoco es que fuera malo del todo, pero acostumbraba a lo opuesto, precisamente actitudes de rechazo similares a las de la mestiza. El reencuentro fue claramente emotivo, tanto que al propio Jin le asqueó. Siempre le dio la sensación de que ese tipo de reencuentros eran forzados, inservibles. Por lo que habían hablado, apenas se conocían de hacía poco, eso solo daba mayores razones para un apuñalamiento por la espalda, y ninguno de los dos era consciente de ello. Quizás porque prácticamente era a lo que él estaba habituado realmente. Si Han creía en bondad, que así fuera, es lo único que por el momento le vendría bien.

Separó el cigarrillo de entre sus labios, soplando el humo, dejando que éste se desvaneciera en el propio aire, cerrando sus ojos en un aire calmado, sin alteraciones. Le importaba poco y menos cómo se llevaran, o si en unos días fueran a traicionarse entre sí, eso ya era asunto de ellos. Ahora tenía cosas que solucionar, como que la propia mercancía ahora parecía ser un desperdicio con piernas. Halagaba incluso con tan poca gracia que si buscaba ligar, dudaba seriamente que lo lograse. Una lástima, hubiera preferido juntarla con Hyákinthos, estaba seguro de que al menos sabría apreciar la calidad del producto. Cuando ya sintió el aburrimiento del reecuentro, solo carraspeó, dejando caer las cenizas del cigarrillo en el suelo despreocupadamente.

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—Ahora que habéis terminado, ¿qué tal si charlamos un poco?

Sus ojos ascendieron, afilados, cargados de impasibilidad y, como bien describió la muchacha, sin un atisbo de vida en ellos. Podría haberle dicho a la chica que fue él quien la puso a salvo, quien logró encontrarle un médico que la tratara y, sin embargo… ¿el protagonismo? Nah, no era lo suyo. Si quería hacerlo Han, era asunto suyo. Reacomodó el cigarrillo entre sus labios, dando una nueva calada, el gris volviéndose anaranjado, el humo todavía con más intensidad en forma de zigzag pasando frente a su rostro. —Han, sería mejor no apretarla demasiado si no quiere que se reabran las heridas de la chica. — agh, qué inútiles habían sido sus hombres al fallar en un trabajo tan básico como traer a alguien. Irónico que, incluso así, pareciera mostrar la preocupación por la que Han parecía tener convicción. —Quiero ver también el punto de vista de la señorita e investigar si es necesario saber que haya alguien más detrás de ustedes. Si tanta energía tiene para gritar sin sentidos, señorita, creo que tiene fuerzas más que suficientes para dejar de actuar como un cachorrito asustado y hablar de persona a persona.

No esperó respuestas, acomodó su mano en el bolsillo, caminando de vuelta hasta el comedor, mirando de reojo a los hombres que habían frenado a medio camino.

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—Llamen al médico, que venga al Gran Comedor y revise a la señorita.

—S-sí jefe… — No esperó, solo se adelantó, ya fuera que lo siguieran o no, hablando con un tercer hombre para una nueva mesa para que la mujer pudiera alimentarse, frenando a media conversación para volverse a ella, apartando el cigarrillo de entre sus labios.

—¿Qué le gusta comer? Pida lo que quiera, estoy seguro de que nuestro cocinero lo tendrá. Si quiere terminar de recuperarse necesitará alimentarse adecuadamente. — Una vez más, su rostro no mostraba emoción alguna, como era de costumbre, como si solo estuviera hablando del tiempo. Fuera que le respondiera o no, le daría una información y caminaría de vuelta, caminando por los enormes pasillos, cargados de cuadros y elegancia. Era un dolor de huevos pensar en qué decirle otra vez a su jefe, eso solo lo tenía de peor humor. Elevó su mano, volviendo a dar una calada, mirando al frente.

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—Así que, cuénteme señorita María. ¿Cuál es su versión? Solo escuché la parte de Han.

Por supuesto, tenía exactamente planeado qué hacer con ellos después del primer encuentro y, obviamente, tras esos días transcurridos en la inconsciencia de la mujer, ya había preparado más que suficiente para llevarlos a donde él mismo quería. Un hombre calculador, preparado, siempre atento hasta el más mínimo detalle. Además, el que diera su nombre no era casualidad, quería hacer ver que sabía bien quién era, ya fuera que se lo tomara o no como amenaza. Suspiró, soltando nuevamente el humo del cigarro de entre sus labios al momento que entraba en el mismo comedor, solitario, enorme, de la entrada, y la comida había quedado a medias, en el asiento de Han y el suyo propio. Tomó su asiento, calmado, acercando el cenicero que había estado cerca de él, dando el último soplido del humo antes de apagarlo allí mismo. Se cruzó de piernas, con los ojos fijos en la mujer, ahora que estaba despierta, analizándola con mejor atención.

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—Han, tendrá los debidos cuidados, en breves vendrá un médico a analizarla.

Volvió de nuevo el rostro hacia la mujer, ya que la atención había vuelto al vagabundo, su calma sin verse afectada en lo más mínimo. Se mostró calmado, ambas manos sobre la mesa con la elegancia que ya de por sí lo caracterizaba.

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—Y me gustaría que no tuviera prejuicios, señorita.

Hizo una pequeña y corta pausa, dejando que las palabras fluyeran lo suficiente no solo para ella, también para él, aunque en el caso de Han ya había demostrado que no los tenía en el momento que se conocieron tiempo atrás. Descendió la mirada hacia los alimentos que estaban todavía a medio terminar, antes de elevar de nuevo la mirada hacia la mujer, con mayor convicción. —Solo nos entorpecerá a todos, y dudo que quiera que el señor Han siga en peligro. Como dije, hay que investigar qué pasó, por qué iban detrás de usted, o ustedes. He hecho que algunos investigaran mientras usted estaba inconsciente. No la conozco de nada, pero sí a Han, y obviamente me niego a que él esté en peligro y, si dio tanto por protegerla, significa que también tengo que cuidar de usted, señorita Merlot. — la voz empleada, de nuevo, era lenta, profunda, usando su ya tan característica voz que hacía temblar a sus hombres. A veces, como en ese momento, se volvía un movimiento involuntario, inconsciente. Así era como lograba que la atención se dirigiera en su dirección.—Para que pueda ver que soy de confianza, me presentaré. — Una nueva pausa, para dejar que la mujer adquiriera todo lo que estaba hablando.

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—Soy Onizuka Jin.
Karma
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RE: Una historia que nos encontro :: Privado :: Pasado - por Onizuka Jin - 14-11-2025, 04:37 PM

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