14-11-2025, 06:06 PM
El plan de Ubbe se resuelve sin ningún contratiempo ni complicación. Es una jugada maestra. Asaltar a los trabajadores, quitarles la mercancía y hacernos pasar por repartidores. Lo más complicado es convencer a los vigilantes para que nos dejaran acceder al recinto. Nos saltamos la cola con la excusa de que venimos a descargar cargas extremadamente pesadas, aunque la gente colabora fácilmente viendo el tamaño que gastamos y los kilos que sostenemos sin dificultad. Puedo sentir el crujir de la plataforma que nos sostiene antes de plantarnos frente a la vigilancia, en el control de acceso. Esa tensión me da un impulso extra para forzar nuestra entrada a cualquier precio.
Los guardias parecen asustados. Son conscientes de que a la fuerza no nos van a poder frenar y que enfrentarse a nosotros es un suicidio. Sin embargo, para nosotros la única manera de disfrutar de los lujos del interior es generar una situación pacífica. Ubbe inicia la conversación y yo la refuerzo con el argumento de los tiempos, cosa que se acrecenta al estar con tantos kilos en un estrecho tan endeble. Y quizás es por esta misma razón por la que los seguratas no oponen resistencia. Aunque extrañados, valoran más la retirada a tiempo y pasarle el marrón a otro que encargarse personalmente de tratar el tema como es debido, y con unas indicaciones pobres, conseguimos pasar.
Cruzamos y estamos a una puerta de llegar al interior, donde nos espera la madre de las fiestas. Pero antes hay que superar a otro portero y deshacernos de estos pesos y estos trajes. El gorila con uniforme se paraliza al vernos llegar, pasando de ser una bestia musculosa a verse como una mosca indefensa. Atónito, pero sin caer en la locura, nos indica la dirección donde supuestamente dejaríamos la mercancía. Me mantengo en silencio, con el rostro serio e impasible, aunque por dentro me estoy descojonando vivo. Mi compañero camina frente a mi, aunque conociéndolo, fijo que está igual. Ya es un milagro que sepamos mantener la compostura en momentos así.
Bajo las escaleras con cautela. Siento el temblor de cada escalón bajo mis pies, como si cada paso fuera a reventar la estructura. Apenas entro. Mi envergadura es tan masiva que cada pasillo se me hace estrecho. Y cargar con dos caballos no facilita la misión. Una vez abajo, hay un pasillo largo que seguir y una puerta de almacén. Seguimos las indicaciones y entramos. Como bien decían los trabajadores de aquí, es el lugar donde tenemos que dejar la mercancía. Un sitio donde todas las cajas y alimentos reposan ordenadamente entre estanterías y espacios pensados para tenerlo todo a mano. Se entiende, ya que la puerta de la cocina está a mano. Descargo los caballos en un rincón, junto a pedazos de carne embutida. -Madre mía, cabronazo, ¡Lo hemos conseguido!- me giro mirando a Ubbe, emocionado y feliz. -Tu plan ha salido de huevos-. Se le ve tan contento y con ganas de quemar la noche como a mí.
Nos cambiamos tan rápido como podemos, dejando las prendas en cajas y estás en fondos de estanterías, inaccesibles si vas con prisa y quieres coger algo, a sabiendas de que para acceder a ellas, has de consumir tres o cuatro cajas antes del producto. Nos dará tiempo suficiente para estar bien lejos antes de que se den cuenta. Una vez con la capa y el casco puesto, saco de mis bolsillos todo el capital que llevo encima, unos 776.650 berrys. -Yo llevo esto.- comento a la espera de saber cuanto se piensa gastar él. -Me sobran un millón en el barco, pero esos se guardan para futuros gastos.-
No hay tiempo que perder. Nos dirigimos a la sala de juegos con la ilusión de quien entra en un parque de atracciones. Al final, no deja de ser eso, un divertimento para el placer adulto. Mi hermano Buccaneer me cuenta cual es su noche ideal, como piensa hacer pasta y quemar la noche. Entre risas, le respondo de la misma forma. -Para mi lo primero es una buena cerveza y una mujer de categoría, que me haga compañía toda la noche.- le doy unos toques jugones con el hombro, con picardía. -Y cuando tenga eso, pienso apostarlo todo al rojo, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- nos descojonamos mientras entramos al paraíso del juego. No hay fracasos esta noche. O ganamos una fortuna o tiramos el mayor casino de la Gran Line al fondo del mar. Esta noche rebosa de fama Buccaner.
Los guardias parecen asustados. Son conscientes de que a la fuerza no nos van a poder frenar y que enfrentarse a nosotros es un suicidio. Sin embargo, para nosotros la única manera de disfrutar de los lujos del interior es generar una situación pacífica. Ubbe inicia la conversación y yo la refuerzo con el argumento de los tiempos, cosa que se acrecenta al estar con tantos kilos en un estrecho tan endeble. Y quizás es por esta misma razón por la que los seguratas no oponen resistencia. Aunque extrañados, valoran más la retirada a tiempo y pasarle el marrón a otro que encargarse personalmente de tratar el tema como es debido, y con unas indicaciones pobres, conseguimos pasar.
Cruzamos y estamos a una puerta de llegar al interior, donde nos espera la madre de las fiestas. Pero antes hay que superar a otro portero y deshacernos de estos pesos y estos trajes. El gorila con uniforme se paraliza al vernos llegar, pasando de ser una bestia musculosa a verse como una mosca indefensa. Atónito, pero sin caer en la locura, nos indica la dirección donde supuestamente dejaríamos la mercancía. Me mantengo en silencio, con el rostro serio e impasible, aunque por dentro me estoy descojonando vivo. Mi compañero camina frente a mi, aunque conociéndolo, fijo que está igual. Ya es un milagro que sepamos mantener la compostura en momentos así.
Bajo las escaleras con cautela. Siento el temblor de cada escalón bajo mis pies, como si cada paso fuera a reventar la estructura. Apenas entro. Mi envergadura es tan masiva que cada pasillo se me hace estrecho. Y cargar con dos caballos no facilita la misión. Una vez abajo, hay un pasillo largo que seguir y una puerta de almacén. Seguimos las indicaciones y entramos. Como bien decían los trabajadores de aquí, es el lugar donde tenemos que dejar la mercancía. Un sitio donde todas las cajas y alimentos reposan ordenadamente entre estanterías y espacios pensados para tenerlo todo a mano. Se entiende, ya que la puerta de la cocina está a mano. Descargo los caballos en un rincón, junto a pedazos de carne embutida. -Madre mía, cabronazo, ¡Lo hemos conseguido!- me giro mirando a Ubbe, emocionado y feliz. -Tu plan ha salido de huevos-. Se le ve tan contento y con ganas de quemar la noche como a mí.
Nos cambiamos tan rápido como podemos, dejando las prendas en cajas y estás en fondos de estanterías, inaccesibles si vas con prisa y quieres coger algo, a sabiendas de que para acceder a ellas, has de consumir tres o cuatro cajas antes del producto. Nos dará tiempo suficiente para estar bien lejos antes de que se den cuenta. Una vez con la capa y el casco puesto, saco de mis bolsillos todo el capital que llevo encima, unos 776.650 berrys. -Yo llevo esto.- comento a la espera de saber cuanto se piensa gastar él. -Me sobran un millón en el barco, pero esos se guardan para futuros gastos.-
No hay tiempo que perder. Nos dirigimos a la sala de juegos con la ilusión de quien entra en un parque de atracciones. Al final, no deja de ser eso, un divertimento para el placer adulto. Mi hermano Buccaneer me cuenta cual es su noche ideal, como piensa hacer pasta y quemar la noche. Entre risas, le respondo de la misma forma. -Para mi lo primero es una buena cerveza y una mujer de categoría, que me haga compañía toda la noche.- le doy unos toques jugones con el hombro, con picardía. -Y cuando tenga eso, pienso apostarlo todo al rojo, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- nos descojonamos mientras entramos al paraíso del juego. No hay fracasos esta noche. O ganamos una fortuna o tiramos el mayor casino de la Gran Line al fondo del mar. Esta noche rebosa de fama Buccaner.
Outfit ---- Sigurd de Drum
En efecto, cajita feliz

![[Imagen: yOprKQR.jpeg]](https://i.imgur.com/yOprKQR.jpeg)