15-11-2025, 02:33 PM
Aquella mujercita, lejos de agradecer el consejo, comenzó a gritar desconsolada e iracunda. "Tiene tanta voz en un cuerpo tan pequeño... Eso si que es tener pulmones" Pensé mientras la gente comenzaba a girar la cabeza para ver de donde venía el molesto ruido, molestos por ser interrumpidos en su trance y sus rezos. Ella se quejaba de mi poco intelecto y explicaba de manera que pareciese una energúmena, que no era una ladrona, mientras giré la cabeza y miré hacia arriba para ver la gotera que ella mencionaba. Lo que decía era totalmente cierto, pero sus palabras hirientes y su actitud malhumorada no dejaba que le prestase alguna ayuda, no obstante, podía entender su enfado.
Volteé de nuevo el rostro para mirarle con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, alguien ya nos estaba chistando, exigiendo silencio. Puse el dedo índice de mi derecha sobre mis labios. -Estamos en una iglesia, habla más bajo.- Exigí entre susurros mientras mi otra mano recogía el cáliz para ahorrarle trabajo a la muchacha y ponía el copón bajo la incesante gota que chocaba contra la roca desnuda. -Además, utilizas palabras demasiado grandes para una persona tan pequeña, habla con educación.- Otro nuevo consejo, esta vez con un tono mas tranquilo y amable, sonriendo de una manera tranquila. "Para que vuelva a llamarme idiota" Pensé mientras reía internamente a modo de pequeña venganza.
Una vez pasado ese momento de tensión le miré mientras seguía sonriendo de una forma amistosa, la postura de mi cuerpo se relajó y mi ceño dejó de estar fruncido. -Por cierto, me llamo Han ¿Tu como te llamas? Nunca te había visto por aquí.- Aunque tampoco era de extrañar, seguramente habíamos coincidido en alguna que otra ocasión, pero por la diferencia de tamaños, lo mas probable es que no le hubiese visto. Alzó un momento la mirada, observando la cola de indigentes hacerse mas grandes, aunque fuese a buen ritmo. "A este paso se acabará la comida..." Medité mientras ella se presentaba o me reprochaba por mis palabras.
Cuando terminó le enseñé mi cuenco y mi cuchara de madera vieja, con el dedo de la otra mano señalé la cola. ¿Quieres comer un poco? Aunque no lo parezca el cocinero de esta iglesia es un virtuoso de las cacerolas.- Una pequeña muestra de amabilidad para dejar atrás todo aquel malentendido y la trifulca que ella parecía querer comenzar. Si la dama se fijaba, podría ver mis ropas ajadas, mojadas y viejas, un aspecto mas bien austero, siendo similar a la de los mendigos que formaban la cola tras de mi, ella misma podría darse cuenta de que, muy probablemente, llevaría mas de un día o dos sin comer. Su ropa, en cambio, se veía elegante, abundante en sedas, daban la sensación de no ser de este lugar, sino de uno mas exótico, su piel era bronceada, como el del pan cuando esta en su punto perfecto de horneo y sus mejillas sonrosadas y algo hinchadas, dándole una forma circular a su cabeza. Dos coletas, una a cada lado, eran lo que recogía su pelo castaño, dejando ver una aniñado rostro con una afilada nariz.
Sus rasgos eran peculiares, pero mucho mas peculiar era su tamaño "Si que ha tenido que mojarse para encoger tanto." Pensando mientras intentaba deducir por que diantres era tan pequeñita, parecía un muñeco que se movía por si solo, qué digo, yo tenía muñecos algo mas altos que ella.
Volteé de nuevo el rostro para mirarle con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados, alguien ya nos estaba chistando, exigiendo silencio. Puse el dedo índice de mi derecha sobre mis labios. -Estamos en una iglesia, habla más bajo.- Exigí entre susurros mientras mi otra mano recogía el cáliz para ahorrarle trabajo a la muchacha y ponía el copón bajo la incesante gota que chocaba contra la roca desnuda. -Además, utilizas palabras demasiado grandes para una persona tan pequeña, habla con educación.- Otro nuevo consejo, esta vez con un tono mas tranquilo y amable, sonriendo de una manera tranquila. "Para que vuelva a llamarme idiota" Pensé mientras reía internamente a modo de pequeña venganza.
Una vez pasado ese momento de tensión le miré mientras seguía sonriendo de una forma amistosa, la postura de mi cuerpo se relajó y mi ceño dejó de estar fruncido. -Por cierto, me llamo Han ¿Tu como te llamas? Nunca te había visto por aquí.- Aunque tampoco era de extrañar, seguramente habíamos coincidido en alguna que otra ocasión, pero por la diferencia de tamaños, lo mas probable es que no le hubiese visto. Alzó un momento la mirada, observando la cola de indigentes hacerse mas grandes, aunque fuese a buen ritmo. "A este paso se acabará la comida..." Medité mientras ella se presentaba o me reprochaba por mis palabras.
Cuando terminó le enseñé mi cuenco y mi cuchara de madera vieja, con el dedo de la otra mano señalé la cola. ¿Quieres comer un poco? Aunque no lo parezca el cocinero de esta iglesia es un virtuoso de las cacerolas.- Una pequeña muestra de amabilidad para dejar atrás todo aquel malentendido y la trifulca que ella parecía querer comenzar. Si la dama se fijaba, podría ver mis ropas ajadas, mojadas y viejas, un aspecto mas bien austero, siendo similar a la de los mendigos que formaban la cola tras de mi, ella misma podría darse cuenta de que, muy probablemente, llevaría mas de un día o dos sin comer. Su ropa, en cambio, se veía elegante, abundante en sedas, daban la sensación de no ser de este lugar, sino de uno mas exótico, su piel era bronceada, como el del pan cuando esta en su punto perfecto de horneo y sus mejillas sonrosadas y algo hinchadas, dándole una forma circular a su cabeza. Dos coletas, una a cada lado, eran lo que recogía su pelo castaño, dejando ver una aniñado rostro con una afilada nariz.
Sus rasgos eran peculiares, pero mucho mas peculiar era su tamaño "Si que ha tenido que mojarse para encoger tanto." Pensando mientras intentaba deducir por que diantres era tan pequeñita, parecía un muñeco que se movía por si solo, qué digo, yo tenía muñecos algo mas altos que ella.
