[Pasado] Fantasmas en karate | Social
#5
Le era innegable la sorprendente manera en que ambos se compenetraban. No necesitaba explicar lo que quería, sus intenciones o su ambición en ese momento; ella lo leía como un libro abierto y actuaba en consecuencia.

Ryota solo podía pensar en lo fácil y divertido que resultaba confabular con la joven de cabellos turquesas mientras dirigía la tetra y observaba cómo ella ofrecía su mejor interpretación para que el pobre hombre, oriundo de la isla, cayera completamente engatusado por la increíble belleza que poseía.

Una ligera risa escapó de sus labios cuando incluso sus estómagos parecieron sincronizarse al exigir comida. Y mayor todavía fue la necesidad de reír cuando notó la sorprendente agudeza con la que ella convertía al aparente artista marcial en un completo esclavo con el simple y delicado toque de sus labios.

“Las mujeres si que asustan…” Pensó, en apreciación por el increíble poder que tenían sobre los hombres. 

Una vez estuvieron sentados a la mesa, Liora se acomodó junto a Ryota, dejando al pobre enamorado en el extremo opuesto para no entorpecer el paso de las camareras, que debían circular por allí para tomar y llevar las órdenes. Casi podía verse en los ojos del artista marcial un pequeño ápice de decepción por no poder sentarse junto a su amada.

“Kekeke… ¿víctima?” preguntó divertido ante el comentario. “¿Tan malo suena estar conmigo?” Rió por lo bajo antes de recostarse suavemente en el hombro de su compañera. Era un gesto de genuino afecto mientras mantenía los ojos fijos en el hermoso orbe escarlata de Liora.

“También vine por el festival,” compartió con una sonrisa. “Me enteré por los lugareños que las sacerdotisas más hermosas de la isla descienden de los templos para bendecir el sake y acompañar la cosecha.” Añadió aquello con la emoción de un niño; solo imaginar aquel suceso parecía despertar en èl una curiosidad inocente, como si se lo imaginara como un grupo de diosas bajando de las alturas para mezclarse con los simples mortales por una noche cada cierto tiempo. 

“Oh sí, el festival es muy famoso en esta isl—”

Cuando por fin había tomado la palabra, el lamentable patrocinador del banquete fue abruptamente interrumpido por la camarera, que llegó cargada con los diversos platos que la pareja había ordenado.

“Aquí tienen su pedido, extra grande, extra delicioso, extra carne.” Rió mientras dejaba la mayoría de los platos frente a la pareja, y al lado contrario solo un sencillo ramen de cerdo con té de hierbas.

“¡Buen provecho!” 

Ambos reaccionaron casi al mismo tiempo y, con los cubiertos en mano, comenzaron a devorar la comida como si fuera el último banquete antes de la guerra más importante de sus vidas. Tal fue la ferocidad con la que morfaban que el hombre que los había invitado pareció llenarse solo con ver aquellos temibles apetitos desatados.

“Ñom, ñom, ñom… Uh, bro, ¿te vas a comer eso?” preguntó el castaño con la boca llena. Recibien en respuesta una negativa del hombre, aún sorprendido por la escena. “Oh, entonces te ayudo, kekeke. Para eso están los socios.” Sin siquiera cuestionar la repentina falta de hambre de su anfitrión, Ryota tomó el ramen y lo devoró como un tiburón lanzándose sobre un cardumen.

Los dos amigos quedaron finalmente satisfechos, recostados en sus sillas con el abdomen hinchado y rostros de completa felicidad.

La primera en romper el silencio fue Liora, que no tardó en ordenar a su “cita” que fuera a pagar el banquete, obviamente con una dulzura sutil que haría a cualquiera seguir sus órdenes. 

“Gracias, bro, eres un grande” añadió Ryota, levantando el pulgar en señal de gratitud, luciendo como un noble regordete que acababa de aprovecharse de sus empleados. 

Cuando el sujeto se levantó para ir a pagar la cuenta, Liora demostró su experiencia en ese tipo de situaciones, ya que aprovechó de inmediato la privacidad del momento para preguntar por la naturaleza del tesoro. Ryota, entonces, dejó ver una expresión más seria, muy alejada de su habitual sonrisa burlona.

[Imagen: zJQyv9b.png]

“No tengo la más mínima idea…”

Su seriedad se desvaneció al instante, reemplazada por un tono más relajado
.
“Parece que su padre era un maestro de la isla que dejó el tesoro en su antiguo dojo. Quizás sean los berrys que ahorró durante toda su vida enseñando artes marciales” dedujo el castaño, más como una idea improvisada que como algo concreto o útil.

Antes de que pudieran ahondar en sus conjeturas, el descendiente de aquel maestro regresó, notablemente más deprimido que al principio. Tal parecía que incluso el amor flaqueaba ante los problemas del dinero, aunque él hacía un esfuerzo por mantener la compostura para no dar una mala impresión a su amada.

“Ah… sí, claro, vamos” respondió el hombre ante la petición de Liora, casi con prisa. Daba la sensación de que, si se quedaban un minuto más y seguían comiendo, ni siquiera el tesoro de su padre alcanzaría para pagar lo gastado.

Después de caminar hasta el final de aquel pequeño poblado, el trío de jóvenes se encontró con un dojo olvidado, castigado por el paso del tiempo y el desgaste del ambiente. Había moho en la madera de los cimientos, telarañas en cada esquina, algunas tablas rotas y signos evidentes de humedad, siendo esos solo algunos de los muchos defectos que se notaban a simple vista

[Imagen: 9qy7ohB.jpeg].

“Wow… ¿tu padre fue maestro cuándo? ¿Hace cien años?”

Preguntó Ryota sin demasiada delicadeza, ganándose de inmediato una mirada agresiva del hombre atormentado por fantasmas.

“Claro que no. Este es el estado en el que caen los dojos sin maestro. Cuando mi padre murió, lamentablemente ninguno de sus discípulos pudo heredar su legado porque no habían dominado el arte marcial” explicó con cierto aire de soberbia. “Yo preferí centrarme en mis estudios para volverme un hombre rico, así que tampoco dominé su arte. Por eso el dojo cayó en decadencia. Al final, decidimos olvidarlo… hasta que encontré un pergamino de mi difunto padre entre sus cosas”

Dicho detalle llamo la atención de Ryota, por lo que espero a que esté continuará. 

“Decía que, el día en que ya no estuviera con nosotros, guardaría su mayor tesoro en este dojo. Así que vine a intentar recuperarlo, pero su fantasma me atacó…”culminó su relato con un breve escalofrío, quizá producto del trauma vivido.

Fue entonces cuando Liora volvió a usar sus encantos para dejar fuera del asunto al heredero de tal fortuna. Pero nadie sería tan tonto como para caer en algo así. Es decir, cualquier hombre tendría un mínimo de amor propio… ¿no? Incluso si no lo tuviera, debería conservar suficiente orgullo como para no dejar que su mujer fuera sola, ¿verdad?

“¡Claro que sí, mi… mi mujer! Tú, chico castaño, ¡cuídala y te recompensará bien con mi dinero!” ordenó con la autoridad de un emperador.

“A…” Musitó el castaño sorprendido al ver la verdadera personalidad del sujeto. 

Antes de poder decir algo más, su mano fue suavemente tomada por la de Liora. El suave roce entre sus pieles llamo su atención y lo motivo a avanzar correspondiendo al dulce toque de la señorita. “Si, vamos.” Expreso, temiendo que si podía jugar tan fácil con cualquier hombre, sin lugar a dudas el no era la excepción. 

“En definitiva, las mujeres si que dan miedo.” 

Pensó risueño, avanzando junto con Liora al interior del dojo.

Una vez dentro, la mano de Ryota no se apartó de la de Liora; de hecho, entrelazó sus dedos con los de ella mientras se abrían paso por entre los deteriorados maderos del suelo. El interior mostraba un escenario de madera húmeda, tablones que rechinaban, cuartos con puertas corredizas de arquitectura oriental, telarañas y muebles viejos que parecían haberse rendido ante la humedad.

“No me sueltes,” expresó Ryota, con un leve rubor en las mejillas. “Quizás la madera del suelo se rompa y me caiga al subsuelo con alguna araña por ahí… así que agárrame fuerte.” Reveló así su verdadera intención de mantener el contacto, pues la simple idea de ver una araña ( o peor, sentirla sobre su piel) le producía un profundo repelús.

En ese momento, mientras avanzaban por el pasillo de entrada, un sonido aterrador irrumpió en la quietud del lugar. Era como un lamento añejo, un quejido gutural que parecía surgir desde el mismísimo averno, proveniente del área de entrenamiento más adelante.

“Qué mier… ¿Tú también lo escuchas?” preguntó Ryota a su compañera, con un tono atemorizado que revelaba su sorpresa ante lo escuchado. “Crees que si sea un fantasma?” La duda era razonable, y más cuando ambos continuaban avanzando hacia esa dirección con pasos casi inaudibles para inexpertos. 

Con cuidado, Ryota avanzó hasta la puerta desde donde provenían aquellos extraños sonidos. Aprovechando su altura, se posicionó sobre Liora y abrió ligeramente la puerta corrediza, asomando su orbe ámbar por la parte superior mientras ella hacía lo propio por la inferior.

Sus cuerpos se juntaron ofreciendo un roce entre ellos debido a la inclinación, y juntos observaron la habitación contigua.

Era un espacio amplio, con el suelo de madera recién colocado… o por lo menos, intacto. Justo en medio, una figura delgada, decrepita, demacrada y fantasmagórica emitía aquellos sonidos tan espeluznantes.

“Bueno… ni modo, los fantasmas sí existen. Qué cosas… mejor nos vamos, ¿no?” murmuró Ryota, ofreciéndole a su compañera una salida amigable a la situación.

Sin embargo, al intentar alejarse un poco (y por puro infortunio) desvió la mirada hacia el lado contrario… solo para encontrar una diminuta araña descendiendo frente a su rostro, suspendida por un hilo desde el techo.

[Imagen: mL4PXcm.png]

“AHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!”

Karmas
[Imagen: ELRAliP.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [Pasado] Fantasmas en karate | Social - por Ryota Miyamoto - 15-11-2025, 08:00 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)