15-11-2025, 09:05 PM
Enji vio en cámara lenta como su compañero felino, propulsado como un proyectil de cañón, atravesaba la corta distancia que los separaba del ave. Ford desplegó sus pequeñas garras en el aire y extendió las patas para hacer más grande e intimidante su figura de apenas treinta centímetros. Las fauces abiertas emitían un agudo maullido. Tenía los ojos bien abiertos y sus pupilas finas, rasgadas verticalmente, reflejaban a su presa. A su objetivo. Todo instinto de autopreservación y supervivencia se vio eclipsado por su raíz depredadora, su orgullo como felino. Un ave de ese tamaño no era algo que se encontrase todos los días en el South Blue. ¿Cuántos gatos tendrían la oportunidad de hacerse con ese premio? ¿Cuántas generaciones hablarían de su hazaña? Incluso morir en medio de tamaña empresa sería un honor.
Lamentablemente, todos sus sueños se vieron apagados y enterrados cuando una palma gigante se atravesó entre su presa y él. El maullido de Ford se interrumpió al sentir el choque y posterior presión de unos dedos alrededor de su pequeño cuerpo.
La sonrisa que quería aparecer en labios de Enji se desplomó.
—¡Eh! ¡¿Quién mierda te crees para meterte en medio, cara de raíz?! —Una vena se le marcó en la frente, hinchada debido a su rebullente fastidio, mientras ladraba a todo pulmón sus improperios poniéndose frente a frente con Maki.
La decepción en el pequeño Ford se hizo evidente. Lo alejaban de su premio, arrastrado hacia atrás por su captora, y la oportunidad se volvía polvo entre sus patas. De la tristeza saltó rápidamente a la cólera y con un renovado brillo en su mirada, el brillo de la venganza, mordió la mano de la mujer que lo tenía preso. Claro, la fuerza de su pequeña mandíbula de cachorro era diminuta, pero toda su voluntad estaba puesta en ese mordisco.
—Pretendo darle al enano su momento de gloria. ¡¿Qué mierda pretendes tú, eh?! —De pronto se sintió tironeado de la única prenda que le quedaba después de haber descartado su chaleco —el boxer negro—, y sus ojos se pusieron en blanco—. ¡Sacá la mano de ahí, carajo!
Agarró su propia prenda con una mano para tirar en dirección contraria y tratar de romper el agarre de la mujer. Estaba demasiado cerca de convertir su exhibicionismo en nudismo total.
—¡Es un gato y allí hay un pollo gigante! ¿Qué esperabas que pasara? Ahora, suelta al gato y deja que la naturaleza siga su curso. ¡Y, ya que estás, suéltame de una vez! —Con la mano libre tomó a la mujer de la solapa de su chaqueta—. ¡Te huele la cara a carbón!
Los insultos referidos a las cicatrices eran algo irónico teniendo en cuenta que él también tenía varias cicatrices de quemaduras en el cuerpo. Una especialmente notoria en su costado derecho del abdomen, entre las costillas y la cadera.
Lamentablemente, todos sus sueños se vieron apagados y enterrados cuando una palma gigante se atravesó entre su presa y él. El maullido de Ford se interrumpió al sentir el choque y posterior presión de unos dedos alrededor de su pequeño cuerpo.
La sonrisa que quería aparecer en labios de Enji se desplomó.
—¡Eh! ¡¿Quién mierda te crees para meterte en medio, cara de raíz?! —Una vena se le marcó en la frente, hinchada debido a su rebullente fastidio, mientras ladraba a todo pulmón sus improperios poniéndose frente a frente con Maki.
La decepción en el pequeño Ford se hizo evidente. Lo alejaban de su premio, arrastrado hacia atrás por su captora, y la oportunidad se volvía polvo entre sus patas. De la tristeza saltó rápidamente a la cólera y con un renovado brillo en su mirada, el brillo de la venganza, mordió la mano de la mujer que lo tenía preso. Claro, la fuerza de su pequeña mandíbula de cachorro era diminuta, pero toda su voluntad estaba puesta en ese mordisco.
—Pretendo darle al enano su momento de gloria. ¡¿Qué mierda pretendes tú, eh?! —De pronto se sintió tironeado de la única prenda que le quedaba después de haber descartado su chaleco —el boxer negro—, y sus ojos se pusieron en blanco—. ¡Sacá la mano de ahí, carajo!
Agarró su propia prenda con una mano para tirar en dirección contraria y tratar de romper el agarre de la mujer. Estaba demasiado cerca de convertir su exhibicionismo en nudismo total.
—¡Es un gato y allí hay un pollo gigante! ¿Qué esperabas que pasara? Ahora, suelta al gato y deja que la naturaleza siga su curso. ¡Y, ya que estás, suéltame de una vez! —Con la mano libre tomó a la mujer de la solapa de su chaqueta—. ¡Te huele la cara a carbón!
Los insultos referidos a las cicatrices eran algo irónico teniendo en cuenta que él también tenía varias cicatrices de quemaduras en el cuerpo. Una especialmente notoria en su costado derecho del abdomen, entre las costillas y la cadera.
