16-11-2025, 03:49 PM
Poco a poco fui abriendo los ojos, acostumbrándome a la luz artificial de aquel local. Mi espalda crujió al reincorporarme sobre mi mismo, giré los hombros para calentar los músculos un poco y me puse a dar vueltas en el taburete de asiento giratorio sorprendido del local en el que había acabado esta vez. Otro día que no volvía a acordarme de nada. “Otro día la misma mierda.” Pensé mientras deducía un poco la situación, ya que me parecía extraña. El local, la gente, el ambiente… Era completamente alejado de lo que era yo. ¿Enserio había entrado a este bar de pijos por cuenta propia? Además con mis pintas que pese a no ser las peores que lhabía llevado en samba dejaba mucho que desear, pues comparado con los trajes caros y de diseño del resto de clientes yo calzaba mi clásico chaleco rojo sin mangas y con el cuello cubierto de pelo, sin camisa y con pantalones de cuero y botas de plataforma.
Me limpié la comisura de mis labios que aún sentía espesa por mis babas de recién levantado con la muñeca, y en ese instante escuché la voz del camarero ofreciéndome una copa. Si un par de vueltas de nuevo en mi asiento hasta mirarle a la cara. Me quedé ensimismado por unos segundos, como si no hubiese entendido la pregunta, ¿Enserio tengo tanta pinta de borracho que nada más me ofrecen una copa nada más despertar? Que rápido me la cala la gente. -Si pero… Antes que nada señor bigote prepuberto. ¿Dónde coño… -Mis palabras se trabaron en cuanto una mujer despampanante apareció de la nada para ponerse a mi lado y pedir una copa de vino. Mi expresión me delataba, era obvio que su físico me había impresionado, al menos lo suficiente para detener mi verborrea constante de idioteces que suelo soltar por mi boca.
-Sírveme lo mismo que a ella. -Respondí finalmente cuando volvió con su copa a perderse entre la multitud que se agolpaba tirando los daditos. -Y te apuesto cien berries a que me hago a ese pibón antes de que termine el día o noche… Bueno no sé qué hora es pero que más da. Antes de que se vaya. -Mientras me servía contemplé al resto de personas, a los tipos que se dirigían a una zona más tranquila a hablar de asuntos privados y otros contemplando una daga que a simple vista parecía bastante valiosa. Desde luego nadie en pasaba desapercibido, cada quien destacaba a su manera. Por supuesto deduje al no ver q mi pajarraco por ninguna parte que en este sitio no dejarían la entrada a animales por lo que Travis seguramente estuviera fuera esperando a que un servidor saliera.
Una vez me sirvió la copa me levanté de mi asiento y caminé lentamente hacia la multitud que contemplaba el juego de azar, pero antes de llegar asentí en señal de respeto a las dos chicas que vigilaban la puerta, para que iba a mentir, me daban mal rollo su altura y semblantes de seriedad, como si no tuviesen alma alguna, me producían escalofríos, si había vigilancia debía no liarla, al menos no demasiado.
Finalmente llegué hasta el resto de personas que se aglomeraban alrededor de la mesa que presidia el mink gorrino. Me situé al lado de la señorita la cual me había llamado la atención en la barra. -¿En qué consiste? -Le pregunté como si nada, denotando algo de pasividad en mis palabras, dando un pequeño sorbo al vino, tratando de entender las reglas de aquel juego de suerte.
Me limpié la comisura de mis labios que aún sentía espesa por mis babas de recién levantado con la muñeca, y en ese instante escuché la voz del camarero ofreciéndome una copa. Si un par de vueltas de nuevo en mi asiento hasta mirarle a la cara. Me quedé ensimismado por unos segundos, como si no hubiese entendido la pregunta, ¿Enserio tengo tanta pinta de borracho que nada más me ofrecen una copa nada más despertar? Que rápido me la cala la gente. -Si pero… Antes que nada señor bigote prepuberto. ¿Dónde coño… -Mis palabras se trabaron en cuanto una mujer despampanante apareció de la nada para ponerse a mi lado y pedir una copa de vino. Mi expresión me delataba, era obvio que su físico me había impresionado, al menos lo suficiente para detener mi verborrea constante de idioteces que suelo soltar por mi boca.
-Sírveme lo mismo que a ella. -Respondí finalmente cuando volvió con su copa a perderse entre la multitud que se agolpaba tirando los daditos. -Y te apuesto cien berries a que me hago a ese pibón antes de que termine el día o noche… Bueno no sé qué hora es pero que más da. Antes de que se vaya. -Mientras me servía contemplé al resto de personas, a los tipos que se dirigían a una zona más tranquila a hablar de asuntos privados y otros contemplando una daga que a simple vista parecía bastante valiosa. Desde luego nadie en pasaba desapercibido, cada quien destacaba a su manera. Por supuesto deduje al no ver q mi pajarraco por ninguna parte que en este sitio no dejarían la entrada a animales por lo que Travis seguramente estuviera fuera esperando a que un servidor saliera.
Una vez me sirvió la copa me levanté de mi asiento y caminé lentamente hacia la multitud que contemplaba el juego de azar, pero antes de llegar asentí en señal de respeto a las dos chicas que vigilaban la puerta, para que iba a mentir, me daban mal rollo su altura y semblantes de seriedad, como si no tuviesen alma alguna, me producían escalofríos, si había vigilancia debía no liarla, al menos no demasiado.
Finalmente llegué hasta el resto de personas que se aglomeraban alrededor de la mesa que presidia el mink gorrino. Me situé al lado de la señorita la cual me había llamado la atención en la barra. -¿En qué consiste? -Le pregunté como si nada, denotando algo de pasividad en mis palabras, dando un pequeño sorbo al vino, tratando de entender las reglas de aquel juego de suerte.
Cositas
