[Pasado] Donde el techo llora
#9
Me quedé quieta, como si me hubiesen golpeado con un cubo de agua fría, aunque bueno, técnicamente ya estaba mojada, cuando me mandó callar. En una iglesia, decía. En una iglesia. Como si no fuese suficiente tener el cabello pegado al cráneo, el vestido chorreando hasta los tobillos y medio orgullo hundido en ese charco que se me hacía a los pies. ¿Lo peor de todo? Que él bien sabía lo que era. No es que él se hubiese librado de la lluvia. A pesar de eso, era capaz de escupir tales absurdas palabras. Tragué saliva con un sonido desagradable, ese que uno hace cuando intenta no soltar otra barbaridad.

Me giré hacia él muy despacio, como quien gira una puerta vieja que cruje. Un suspiro. Un temblor en la ceja. Y luego le miré hacia arriba, porque, claro, todo tenía que estar por encima de mí, hasta él, y con un gesto que podría haber detenido al mismísimo destino si hubiera querido me forcé a mí misma a sonreír.

— Puedo hablar más bajo —susurré, casi pero no del todo controlando el enfado—. Más alto no. Créeme, ya lo he intentado… me falta cuerpo —un mechón empapado cayó sobre mi frente y lo aparté con la mano de un manotazo torpe, entre irritada y resignada. El suelo seguía frío bajo mis zapatos y me recordó, con crueldad innecesaria, que ese hombre me había visto caer como si fuera una criatura torpe intentando bajar el copón demasiado incómodo y grande para mi diminuto cuerpo, ese copón que me hizo desestabilizarme. Y encima se atrevía a corregirme. A mí. Di varios pasos hacia él, apenas medio metro, lo justo para que me escuchara bien, y levanté el dedo índice apuntando a su pecho, aunque no llegué a tocarle, no podía. No hacía falta—. Y no son palabras demasiado grandes —remarqué despacio—. Son las que uso porque las sé. Y aunque algunas cabezas elevadas no estén muy acostumbradas a… escucharlas, no voy a hacerlas más pequeñas para que quepan mejor.

Mi dedo bajó, pero mis ojos no. La rabia se me desinfló un poco, como un fuelle agujereado, cuando lo vi mover el plato él mismo, sin reproches, sin teatrales “te lo dije”, sin nada. Solo lo cogió y lo colocó bajo la dichosa gotera como si fuese lo más natural del mundo. Y por un momento, uno minúsculo, casi imperceptible, tuve que contener un gruñido porque me sentí ridícula al seguir enfadada—. Gracias.

Han. No le pegaba nada, para lo grande que era—. Alana —respondí finalmente, con una falsa compostura que ya no sabría de dónde estaba sacando—. Y no, yo tampoco te he visto nunca. Probablemente porque estás demasiado… —me lancé a señalar hacia lo más alto de él, exagerando el gesto— allá arriba. De todas formas es mi primera vez aquí.

El agua me recorría el cuello como un dedo ajeno y odioso. Di un pequeño temblor, involuntario, que intenté disimular levantando la barbilla. No funcionó. Y entonces yo también vi cómo la cola de indigentes seguía creciendo y cómo su expresión cambiaba un poco al mirar el cuenco de madera. Y entendí. Yo lo miré como si fuera un espejismo en mitad del desierto—. No he comido —admití a regañadientes, como si confesara un delito menor. Había estado, además, obcecada en la maldita gotera—. Y visto lo visto, no voy a fingir que no me vendría bien.

Mi mirada bajó a su ropa, desgastada, húmeda, tan humilde. Uno siempre cree que tiene mala suerte hasta que mira alrededor. Y allí estaba él, empapado igual que yo pero con aparentes diferencias. Suspiré despacio, muy bajito, con ese aire de quien se rinde un segundo solo, sin que nadie lo note—. Y… de nuevo, gracias por lo del cáliz —dije deprisa, como quien arranca una venda. No lo miré cuando lo dije. O no del todo. Después sí. Entonces empecé a avanzar, mínima cosa, para ponerme a su altura, o bueno, a la altura que podía, y señalé su cuenco con la barbilla—. Voy contigo. Pero escucha muy bien esto, Han —levanté otra vez el dedo, como un arma diminuta—: si vuelves a repetir lo de las palabras demasiado grandes… te juro por todos los dioses de esta iglesia que te las hago tragar. Una por una. Y sin agua.

Y ahí, empapada, helada, temblando un poquito y con la dignidad colgando de un hilo, avancé a su lado. Aunque la verdad… mi expresión ya era más de curiosidad que de enfado. No pensaba admitirlo. Pero ahí estaba. Avanzando hacia la larga cola de indigentes pidiendo comida. Aún no tenía la suerte de estar con mi capitán.
  Responder


Mensajes en este tema
[Pasado] Donde el techo llora - por Alana Sahiba - 04-10-2025, 12:49 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Han - 09-10-2025, 10:22 AM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Alana Sahiba - 13-10-2025, 10:12 AM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Han - 01-11-2025, 09:40 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Alana Sahiba - 05-11-2025, 02:34 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Han - 10-11-2025, 09:18 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Alana Sahiba - 11-11-2025, 02:40 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Han - 15-11-2025, 02:33 PM
RE: [Pasado] Donde el techo llora - por Alana Sahiba - 16-11-2025, 06:45 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)