16-11-2025, 11:32 PM
Durante su contemplativo dueto con el mar en contra de las estrellas finalmente pudo sentir una presencia no muy distante, producto de esa sensación que tiene uno cuando es acechado, un leve cambio en el ambiente, en el aire, en la bruma. Quizás fue porque conocía el sonido de la madera de la cubierta como si se hubiese criado allí, pero para alguien como Eros acostumbrado a la quietud ese tipo de cambios siempre era perceptible. Con serenidad parpadeó un par de veces, antes de girar la cabeza apenas pudo sentir el tono de una voz conocida, particular, bienvenida y familiar. — Buenas noches Gwendolyn —Espetó con igual cortesía que la muchacha había usado en primera instancia, esbozando una sonrisa tenue porque sabía que ella nunca podría verla ¿La estaba saludando, o la estaba despidiendo? El murmullo de su tono se fundió con la bruma, y se limitó a prestar su oído atento para que las palabras de la cantante no se perdiesen de igual manera con la noche.
Estoico, no por rigidez sino por respeto, dejándola la madera para acercarse hasta que consideró prudente detenerse y solo entonces el dio un par de pasos firmes hacia su cercanía. — En efecto soy, tú eres tú —Respondió con seriedad pese a lo sorprendente que podrían resultarles las cuestiones. — Y ambos estamos despiertos, ahora mismo por lo menos, quizás hasta hace un rato tú no lo estabas... Yo llevo cosa de una hora o así aquí —Habia una suavidad en el tono a la hora de contarle las cosas y una cadencia al hablar muy distinta al Eros que ella había conocido no hace tanto, sereno y proyectando su voz desde el pecho. Era la confianza, el saber que ella no solo era inofensiva para él, sino una amiga.
— Me gusta despertar temprano, antes del amanecer para despedirme de la noche y poder pensar, estar solo y poner en limpio todos los pensamientos que me hayan atravesado en el día... Han sido días muy movilizantes debo reconocer, metafórica y literalmente —Tomó otro sorbo de su café, buscando el termino que había dejado cerca de sí en el suelo para rellenar la taza antes de marcar sus pasos hasta que solo un metro los separase. Extendió la diestra. — Si deseas tomar un poco de café, estoy sosteniendo la taza frente a tu pecho —Aclaró con serenidad, quizás podía percibir el aroma desde esa distancia. El sostenía la misma desde la base, con temor de que un movimiento en falso la quemase.
Inspiró, había algo de preocupación en su mirada. — ¿Está todo bien? ¿Quizás tu cama no es lo suficientemente cómoda? Puedo revisarla si gustas... Y si alguien te ha lastimado, puedo lastimarlo aunque se que estarás en contra de ello —Se atajó de antemano pues sabía la política de la muchacha en contra de la violencia, y en parte le gustaría que también fuese la suya, pero entendía que ir en contra de su naturaleza era complejo. Alana decía que debía aceptarlo, Rosse igual.
Estoico, no por rigidez sino por respeto, dejándola la madera para acercarse hasta que consideró prudente detenerse y solo entonces el dio un par de pasos firmes hacia su cercanía. — En efecto soy, tú eres tú —Respondió con seriedad pese a lo sorprendente que podrían resultarles las cuestiones. — Y ambos estamos despiertos, ahora mismo por lo menos, quizás hasta hace un rato tú no lo estabas... Yo llevo cosa de una hora o así aquí —Habia una suavidad en el tono a la hora de contarle las cosas y una cadencia al hablar muy distinta al Eros que ella había conocido no hace tanto, sereno y proyectando su voz desde el pecho. Era la confianza, el saber que ella no solo era inofensiva para él, sino una amiga.
— Me gusta despertar temprano, antes del amanecer para despedirme de la noche y poder pensar, estar solo y poner en limpio todos los pensamientos que me hayan atravesado en el día... Han sido días muy movilizantes debo reconocer, metafórica y literalmente —Tomó otro sorbo de su café, buscando el termino que había dejado cerca de sí en el suelo para rellenar la taza antes de marcar sus pasos hasta que solo un metro los separase. Extendió la diestra. — Si deseas tomar un poco de café, estoy sosteniendo la taza frente a tu pecho —Aclaró con serenidad, quizás podía percibir el aroma desde esa distancia. El sostenía la misma desde la base, con temor de que un movimiento en falso la quemase.
Inspiró, había algo de preocupación en su mirada. — ¿Está todo bien? ¿Quizás tu cama no es lo suficientemente cómoda? Puedo revisarla si gustas... Y si alguien te ha lastimado, puedo lastimarlo aunque se que estarás en contra de ello —Se atajó de antemano pues sabía la política de la muchacha en contra de la violencia, y en parte le gustaría que también fuese la suya, pero entendía que ir en contra de su naturaleza era complejo. Alana decía que debía aceptarlo, Rosse igual.
