Festival Furioso - [Aventura T2, Presente Absoluto]
#31
El silencio extraño, provocado por la canción, se rompió en cuanto las cuerdas se tensaron alrededor del cuerpo del oso.

La bestia, que hasta ese momento permanecía inmóvil y confusa, reaccionó tarde a la brusca presión que se cerraba sobre su lomo y su cuello. Sus músculos se hincharon bajo el pelaje chamuscado, y un rugido profundo, seco, brotó de sus entrañas al sentir cómo las sogas se entrelazaban y se ajustaban con fuerza.

El animal intentó incorporarse de golpe, pero el tirón firme que lo contuvo, resultado del trabajo conjunto del grupo, lo hizo tambalear. Las patas delanteras raspaban frenéticamente el suelo, levantando tierra y brasas, mientras su cuerpo oscilaba, atrapado entre la tensión de las cuerdas.

Las llamas que aún quedaban en su pelaje se extinguieron al rodar involuntariamente por el suelo, sofocadas por la misma lucha. Pero el fuego no era ya el problema, el instinto de supervivencia del oso había despertado del todo. Una bestia atada era muy peligrosa.

El animal emitió un gruñido gutural, ahogado por la cuerda que tensaba su cuello, mientras sus ojos, enrojecidos y brillantes, se fijaron en Heras, aquel que lo sostenía con mayor firmeza. Entonces, en un arranque salvaje, trató de lanzarse hacia él. El movimiento se vio frenado casi al instante por la traba de las cuerdas que ya empezaban a enredarse entre sus patas traseras tras el movimiento de Ryota, y la fuerza combinada de todos los presentes, sumada a la resistencia de las mismas.

A cada tirón desesperado, la bestia hacía crujir sus articulaciones y raspaba el suelo con una fuerza capaz de partir tablones. La tierra tembló cuando intentó incorporarse por completo, pero la sujeción era sólida; cada sacudida levantaba polvo y pequeños escombros, pero no lograba romper las ataduras recién colocadas.

En medio de su lucha, soltó un bramido más agudo, mezcla de frustración, dolor y furia. Su cuerpo entero vibraba, tensaba los músculos, trataba de zafarse de cualquier forma… Pero, por primera vez desde que apareció, no avanzaba ni un solo paso hacia nadie.

El oso estaba retenido, pero aún no habían logrado calmado. Era una fuerza de la naturaleza contenida apenas por la unión y sincronía de quienes lo habían enfrentado. Algo que no duraría para siempre. 

Su respiración era ahora un jadeo profundo, irregular, y cada exhalación levantaba polvo y hierba. Las fosas nasales se abrían y cerraban con violencia mientras buscaba la mínima oportunidad de liberarse… Pero, al menos de momento, no la tenía.

Aun así, cada movimiento dejaba claro que la tensión no duraría mucho si no actuaban rápido. Un animal de tal tamaño, enfurecido y herido, jamás permanecería inmóvil por voluntad propia. Sus músculos seguían palpando la cuerda, probando dónde cedería primero.

Pero entonces, entre la nube de polvo levantada por su propia furia, surgió un aroma distinto. Un aroma familiar, que durante aquel día ya le había visitado varias veces. Carne fresca.

Cuando Liora se acercó con el trozo de comida, todavía algo temblorosa, la bestia volvió la cabeza con brusquedad. Sus fauces se abrieron en un gruñido que pretendía intimidar, pero se apagó antes de completarse. El oso aspiró profundamente, una y otra vez, como si el olor atravesara la confusión, el dolor y la adrenalina que lo dominaban.

La joven extendió la mano, con cautela pero sin retroceder, tras haber analizado fríamente la situación. El oso gruñó bajo… dio un tirón más contra las cuerdas… y luego, lentamente, bajó la cabeza.

Su hocico húmedo rozó la comida. Olfateó, y acto seguido, mordió.

La tensión que envolvía la plaza se disolvió como humo. Sus hombros dejaron de temblar, la respiración se volvió más lenta, menos entrecortada. Los rugidos se transformaron en resoplidos graves, casi pesados, y el fuego de su mirada, hasta entonces pura rabia, perdió intensidad, volviéndose opaco, cansado.

El oso, agotado por la herida, por las llamas, por la lucha, y ahora distraído por el alimento, dejó de resistirse. Hundió el hocico en la carne y se concentró únicamente en masticar, ignorando por completo las cuerdas, a Heras, y a cualquier otra amenaza cercana.

Las patas tensas se relajaron, el lomo dejó de arquearse. El ambiente, antes cargado de violencia, se volvió extraño y silencioso. Un último resoplido sacudió el aire, esta vez tranquilo, casi agradecido. Y así, con el sencillo acto de ser alimentado, la enorme bestia finalmente se calmó, rindiéndose a la quietud y permitiendo que la tensión colectiva se esfumara… El problema se había resuelto al fin, al menos, por ahora. Aquel oso parecía un animal completamente distinto del que arrasó el lugar al comienzo. Una bestia domesticada. Un problema resuelto. Una amenaza sofocada, como el incendio que poco a poco fue perdiendo fuerza. Los héroes, finalmente, lo habían conseguido.




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RE: Festival Furioso - [Aventura T2, Presente Absoluto] - por Krysser - 17-11-2025, 03:08 AM

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