17-11-2025, 03:19 PM
La respiración de Eros se volvió un poco más pausada a medida que escuchaba las palabras de que lo él esperaba fuesen bromas, con ese roce entre el sueño y la realidad mientras coqueteaba con el absurdo, quizás ese sueño seguía en ella. La contempló con su estoica serenidad manteniendo esos ojos ambarinos que parecían siempre un poco tristes, un poco cansados y un poco más vetustos que su rostro sobre la suave expresión de la cantante. Tras unos segundos de silenciosa reflexión, ladeó su cabeza ligeramente dejando escapar ese ligero "Teeheehee" que correspondía a su característica risa.
— Si esto fuera un sueño… sería uno bastante aburrido, ¿no crees? Pero al menos no sería una pesadilla, eso te lo aseguro —respondió con una calidez en su tono paciente que contrastaba con el aire frío que levantaba la noche desde la superficie del mar que los rodeaba— Porque los míos normalmente son menos simpáticos. No me convidan café nunca, ni suele venir a acompañarme Gwendolyn... De modo que si estoy soñando, espero seguir haciéndolo un ratito más —Aclaró con serenidad.
Si ella saltaba al mar ¿Qué pasaría? Se lo preguntó por un momento antes de suspirar dejando escapar quizás parte de su alma. — Si saltases al mar ahora... Tendrían que sacarnos a ambos, el agua salada nos haría pesar el cuerpo y nos hundiríamos como dos anclas. Alana o Giyuu tendrían que tirarse de cabeza, sería un escandalo, nos regañarían, se preocuparían y quizás llorarían pero todos con cara de dormidos, que son las cuatro de la mañana —Replicó con la mayor sensatez que pudo aunque entendía el sentimiento que aquejaba a la muchacha, ¿Qué determinaba cuan real era nuestra realidad?
Su sonrisa desapareció tras unos momentos, quizás ella tenía razón y él era el impostor. Inspiró con profundidad rascando su nuca con nerviosismo, rascó y rascó hasta que finalmente pudo sentir el cálido carmín entre sus uñas contemplando la sangre cuando retiró la mano. Él estaba tan tranquilo, pero todos los sueños deben terminar eventualmente.
— ¿Crees que puedas aprender a querer a Eros, el impostor? Pues ahora que lo dices no se si lo soy... Seguramente dije algo cómo "Si esa tabla está floja, ahí la arreglo" ¿No? —No sabía con certeza si lo dijo, qué dijo, cómo lo dijo, cuando, ni a quien ¿Quizás estaban ambos soñando? ¿Quizás ambos habían fallecido y éste era un eterno purgatorio? Dudaba, pero entendía que la única conexión con lo terrenal era el propio entendimiento que tenían de si mismos. Pues él era el, y ella era ella.
Una duda válida se planteó en su cabeza. — ¿Lo somos? Amigos, me refiero —Aclaró antes de suspirar frotando suavemente la herida que se acababa de hacer, tomando su termo para dale un trago limpio al mismo. — Cuando nos conocimos me dijiste que el perdón me daría una paz que la venganza no... ¿Qué le puede traer paz a tu corazón? Dudo que tirarte al mar te traiga paz, pues quizás te da una eternidad de arrepentimiento. Owen lloraría, el Cabaret estaría triste, yo te echaría de menos y el mar se sentiría culpable —Espetó.
— Si esto fuera un sueño… sería uno bastante aburrido, ¿no crees? Pero al menos no sería una pesadilla, eso te lo aseguro —respondió con una calidez en su tono paciente que contrastaba con el aire frío que levantaba la noche desde la superficie del mar que los rodeaba— Porque los míos normalmente son menos simpáticos. No me convidan café nunca, ni suele venir a acompañarme Gwendolyn... De modo que si estoy soñando, espero seguir haciéndolo un ratito más —Aclaró con serenidad.
Si ella saltaba al mar ¿Qué pasaría? Se lo preguntó por un momento antes de suspirar dejando escapar quizás parte de su alma. — Si saltases al mar ahora... Tendrían que sacarnos a ambos, el agua salada nos haría pesar el cuerpo y nos hundiríamos como dos anclas. Alana o Giyuu tendrían que tirarse de cabeza, sería un escandalo, nos regañarían, se preocuparían y quizás llorarían pero todos con cara de dormidos, que son las cuatro de la mañana —Replicó con la mayor sensatez que pudo aunque entendía el sentimiento que aquejaba a la muchacha, ¿Qué determinaba cuan real era nuestra realidad?
Su sonrisa desapareció tras unos momentos, quizás ella tenía razón y él era el impostor. Inspiró con profundidad rascando su nuca con nerviosismo, rascó y rascó hasta que finalmente pudo sentir el cálido carmín entre sus uñas contemplando la sangre cuando retiró la mano. Él estaba tan tranquilo, pero todos los sueños deben terminar eventualmente.
— ¿Crees que puedas aprender a querer a Eros, el impostor? Pues ahora que lo dices no se si lo soy... Seguramente dije algo cómo "Si esa tabla está floja, ahí la arreglo" ¿No? —No sabía con certeza si lo dijo, qué dijo, cómo lo dijo, cuando, ni a quien ¿Quizás estaban ambos soñando? ¿Quizás ambos habían fallecido y éste era un eterno purgatorio? Dudaba, pero entendía que la única conexión con lo terrenal era el propio entendimiento que tenían de si mismos. Pues él era el, y ella era ella.
Una duda válida se planteó en su cabeza. — ¿Lo somos? Amigos, me refiero —Aclaró antes de suspirar frotando suavemente la herida que se acababa de hacer, tomando su termo para dale un trago limpio al mismo. — Cuando nos conocimos me dijiste que el perdón me daría una paz que la venganza no... ¿Qué le puede traer paz a tu corazón? Dudo que tirarte al mar te traiga paz, pues quizás te da una eternidad de arrepentimiento. Owen lloraría, el Cabaret estaría triste, yo te echaría de menos y el mar se sentiría culpable —Espetó.
