Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto]
#1
Día 4, Invierno
12:17


El sol del mediodía caía a plomo sobre Centáurea, filtrándose entre las copas inmensas de los árboles como lanzas doradas que fragmentaban la sombra. Lelith había decidido adentrarse en la selva, y ahora avanzaba sin prisa por el sendero de tierra que conducía hacia la espesura, seguramente más por curiosidad que por necesidad. El calor hacía brillar su piel perlada, resaltando aún más los reflejos rojizos de su cabello oscuro, que opacaban con su brillo las hebras negras. Su paso, ligero y silencioso, apenas levantaba polvo; y mucho menos sonido alguno.

La frontera entre los asentamientos y la jungla no era un límite claro; era más bien una transición, un desvanecerse paulatino del orden humano. A sus espaldas quedaban las estructuras elevadas de Hydrangea, casas de madera suspendidas entre ramas colosales, conectadas por puentes que crujían suavemente con la brisa. Desde lo alto se oían voces dispersas, el sonido metálico de herramientas, la vida cotidiana de aquellos que habían decidido convivir con la selva en lugar de combatirla.

Pero delante empezaba otro mundo.

La vegetación era exuberante, desbordada. Helechos del tamaño de personas, raíces que rompían la tierra como serpientes petrificadas, flores de colores imposibles que exhalaban perfumes dulces, casi intoxicantes. Cada ruido, un crujido de ramas, el zumbido de insectos o el batir lejano de alas, parecía parte de una orquesta indomable. La luz del mediodía, tan abierta y sincera en los claros, se volvía tamizada y misteriosa apenas unos pasos dentro de la maleza.

La jungla estaba repleta de presencias, algunas diminutas, otras demasiado grandes como para mostrarse. Podía sentir el pulso del lugar bajo los pies, un latido lento que invitaba y advertía al mismo tiempo. Ese tipo de ambigüedad que seguramente la haría sonreír.

Entonces, tras un buen rato avanzando, algo perturbó la armonía del paisaje.

Un movimiento súbito, pequeño, blanco como una chispa de luz entre tanta sombra. Allí, sobre una raíz gruesa y retorcida, un conejito blanco la miraba fijamente. Su pelaje resaltaba de manera casi absurda entre el verde profundo del entorno, como si hubiese escapado de otro lugar, de otro contexto. Ladeó la cabeza, arqueó las orejas y, en un gesto casi teatral, dio la vuelta y saltó entre unos matorrales.

Era una criatura insignificante y débil, sí. Pero no era eso lo que más llamaba la atención, sino lo fuera de lugar que aquel indefenso animalito estaba. ¿Cómo podía sobrevivir un tierno conejito en aquel ambiente hostil? Seguramente, Lelith pronto lo descubriría. 



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Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto] - por Krysser - 17-11-2025, 08:45 PM

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