18-11-2025, 01:43 AM
El funesto funebrero la observó con serenidad acompañando el acompasado mecer del Crimson Stage con el oleaje, el horizonte poco a poco se iba tornando en colores más claros denotando que a lo lejos iba a amanecer quizás más pronto que tarde. El termo de café en su mano seguía tibio, pero ya no era lo que lo mantenía despierto, sino su amiga, o más concretamente ese momento en el cual ella lo extrañaba entregándole una nueva arista que, con la curiosidad que lo caracterizaba, deseaba conocer. No parecía pertenecer al mundo de los despiertos en vigilia, ni al reino de lo onírico, estaba atrapada en el medio.
— La gente dice que el café le quita el sueño, para mi es un mito... Tener algo calentito en la panza me ayuda a descansar mejor, es el frío lo que no tolero —explicaría con serenidad y sin alterar su tono en lo más mínimo del estoico y monocorde vaivén que tendía a usar. — Y si seguimos en la lógica de que estamos en el sueño, entonces el tiempo no existe y podemos tomar café cuando queramos O comer el postre antes de la cena
No lo dijo para confundirla, ni para burlarse de ella pues Eros era incapaz de ello. Pero decidió jugar tambien con la posibilidad de que quizás estaban en un sueño. El mundo era un lugar enorme y desconocido, lleno de variopintas habilidades, y poderes que escapaban a la imaginación ¿Por qué no vivir un sueño? Era algo posible, sin duda.
Cuando Gwen rio hablando de su capacidad de querer a cualquiera, Eros no lo hizo. Pese a que le parecía hermoso, en cierto punto la envidiaba. Envidiaba ese poder, esa magia. El querer de forma desinteresada, sin reservas, ni miedo. Sin ego, sin memoria, o clausulas. Cómo si querer no doliese, cómo si las cicatrices no se llevasen por dentro.
Eros desvió la mirada hacia el mar unos segundos, observando cómo la bruma de las olas salpicaba cuando éstas chocaban contra el casco del barco de tanto en tanto, sintiendo las gotas contra su rostro. Su mandibula se tensó por un momento, como si fuese a decir algo aunque retractándose de inmediato. Llevó su mano a su mentón, pensativo y asintió.
—¿Estaba rico el café? —Preguntó curioso, recibiendo su taza de manos de la muchacha mientras la escuchaba hablar. — Alana dice que somos libres, estoy pensando mucho en eso... En lo que conlleva la libertad, los sentimientos y esas cosas... Todavia es nuevo, raro.
¿Raro? Incierto, confuso, contradictorio, inmoral, poco ético. Habia muchos sentimientos que Eros trato de poner sobre una mesa, en una larga lista de pros y contras. Entendio que dentro de él había emociones que lo avergonzaban, que repudiaba y le daban asco. Entendía que él no era un ser perfecto... Y aun así le dijeron que debía abrazar eso. Por supuesto, ese era uno de los motivos que lo tuvieron despierto esa noche.
El tiempo podía pasar para todos pero la cabeza no le daba tregua a nadie, ni lo esperaba. — Y respecto a eso que dices... Si, tus sospechas son ciertas. Las malas noticias van a llegar, las buenas también quizás y seguramente no estemos listos —Aclaró, pero no era un tono pesimista el que salía de su tono. — Pero confío. Yo confío, tengo fe —Era irónico que él hablase de fe, pero la entendía a la perfección. Creer ciegamente en algo sin reservas, y sin pruebas.
— Sin importar lo que el futuro nos depare, así sea aciago o nefasto... Vamos a estar bien, porque ya llegamos hasta aquí y no ha sido fácil. Nuestras vidas, nuestras historias, nuestro pasado... ¿Qué puede ser peor que enfrentar la vida solos, impotentes y ajenos a nuestros deseos? Yo creo que nada, y nada tampoco hará que volvamos a estar así
— La gente dice que el café le quita el sueño, para mi es un mito... Tener algo calentito en la panza me ayuda a descansar mejor, es el frío lo que no tolero —explicaría con serenidad y sin alterar su tono en lo más mínimo del estoico y monocorde vaivén que tendía a usar. — Y si seguimos en la lógica de que estamos en el sueño, entonces el tiempo no existe y podemos tomar café cuando queramos O comer el postre antes de la cena
No lo dijo para confundirla, ni para burlarse de ella pues Eros era incapaz de ello. Pero decidió jugar tambien con la posibilidad de que quizás estaban en un sueño. El mundo era un lugar enorme y desconocido, lleno de variopintas habilidades, y poderes que escapaban a la imaginación ¿Por qué no vivir un sueño? Era algo posible, sin duda.
Cuando Gwen rio hablando de su capacidad de querer a cualquiera, Eros no lo hizo. Pese a que le parecía hermoso, en cierto punto la envidiaba. Envidiaba ese poder, esa magia. El querer de forma desinteresada, sin reservas, ni miedo. Sin ego, sin memoria, o clausulas. Cómo si querer no doliese, cómo si las cicatrices no se llevasen por dentro.
Eros desvió la mirada hacia el mar unos segundos, observando cómo la bruma de las olas salpicaba cuando éstas chocaban contra el casco del barco de tanto en tanto, sintiendo las gotas contra su rostro. Su mandibula se tensó por un momento, como si fuese a decir algo aunque retractándose de inmediato. Llevó su mano a su mentón, pensativo y asintió.
—¿Estaba rico el café? —Preguntó curioso, recibiendo su taza de manos de la muchacha mientras la escuchaba hablar. — Alana dice que somos libres, estoy pensando mucho en eso... En lo que conlleva la libertad, los sentimientos y esas cosas... Todavia es nuevo, raro.
¿Raro? Incierto, confuso, contradictorio, inmoral, poco ético. Habia muchos sentimientos que Eros trato de poner sobre una mesa, en una larga lista de pros y contras. Entendio que dentro de él había emociones que lo avergonzaban, que repudiaba y le daban asco. Entendía que él no era un ser perfecto... Y aun así le dijeron que debía abrazar eso. Por supuesto, ese era uno de los motivos que lo tuvieron despierto esa noche.
El tiempo podía pasar para todos pero la cabeza no le daba tregua a nadie, ni lo esperaba. — Y respecto a eso que dices... Si, tus sospechas son ciertas. Las malas noticias van a llegar, las buenas también quizás y seguramente no estemos listos —Aclaró, pero no era un tono pesimista el que salía de su tono. — Pero confío. Yo confío, tengo fe —Era irónico que él hablase de fe, pero la entendía a la perfección. Creer ciegamente en algo sin reservas, y sin pruebas.
— Sin importar lo que el futuro nos depare, así sea aciago o nefasto... Vamos a estar bien, porque ya llegamos hasta aquí y no ha sido fácil. Nuestras vidas, nuestras historias, nuestro pasado... ¿Qué puede ser peor que enfrentar la vida solos, impotentes y ajenos a nuestros deseos? Yo creo que nada, y nada tampoco hará que volvamos a estar así
