18-11-2025, 08:39 AM
Un millón de berries, para ser exactos, le fueron entregados… ¿Por qué a él? Ni siquiera sabía si eso era buena idea, el rostro de la chica podía borrarse de su mente en cualquier momento y ninguna garantía habría de que luego le devolviera esos billetes, pero, aun así, cuando escuchó la voz de la mujer, asintió con naturalidad y dejó a un lado su intento de “disección” —que tanto le estaba costando al no tener las herramientas necesarias — y se quitó los ensangrentados guantes de látex para recibir el dinero, enrollarlo y guardarlo en uno de los bolsillos más seguros de su mochila negra, donde no pudiera verse ni encontrarse fácilmente, a fin de cuentas, cerró bien el zipper de aquel bolsillo.
—Jmmm…no te preocupes, señorita, las herramientas no colaboran...es una lástima, habría querido ver más de este gyojin —. Notó como la chica peliverde arrancaba la pequeña katana del cuerpo del difunto gyojin mientras que él se resignaba a perder un buen objeto de estudios, tomó su libreta y lápiz y los guardó también en la mochila antes de sacar de esta un botiquín mediano que le entregó a la chica iguana. —Tómalo como garantía del millón de berries...no vale eso, pero...es algo —. Luego de eso, cerró bien cada bolsillo de la maleta y se echó esta a sus hombros…una acción que pareció coordinada con el estruendo que se escuchó después.
Su cuerpo se paralizó por inercia para que sus ojos curiosos se fijaran en su alrededor y sus oídos se pusieran en alerta. El ruido parecía el de cientos de tambores resonando a la vez. Su piel se erizó y su único recuerdo antes de perder por completo el control de su mente fue ver como el cuervo los protegía con sus alas, pero…por más grande que fuera aquel hombre…esas paredes lo eran aun más y solo imaginar como se derrumbaban era suficiente para hacer que su respiración se volviera agitada.
Aun en el suelo se alejó de la protección de las alas negras del cuervo del que nunca supo el nombre real mientras que el estruendo de la estructura derrumbándose se hacía cada vez más potente.
Le costó ponerse de pie y, por un instante se quedó paralizado en medio del lugar, mirando en todas las direcciones. Las paredes que empezaban a desmoronarse le enseñaron un “escenario” con otras personas… ¿Quiénes? Imposible de saber, pues se olvidó del mundo, de que había gente que lo rodeaba y que, de hecho, alguien le gritaba algo. Apenas logró enfocar a Maki dentro de su línea de visión. Sabía que algo le estaba diciendo, algo sobre un tal Uker, sobre dinero…No podía unir una cosa con la otra, no cuando las palabras de la chica empezaron a hacerse cada vez más lejana y, en cambio, un pitido en sus oídos se hacía más potente.
No asintió, no se despidió, ni siquiera notó que el cuervo alzó vuelo o cuando Maki lo siguió, pues apenas y podía procesar lo que ocurría…Era demasiado…demasiadas rocas cayendo…si una de ellas lo tocaba, si alguna de ellas golpeaba su cabeza…todo estaría mal de nuevo, el mundo se volvería más confuso de lo que ya era.
Su ritmo cardiaco se aceleró y un sudor frío recorrió su espalda. El miedo lo mantuvo plantado en su sitio a pesar de que su mente le gritaba que corriera, pero no fue hasta que sintió una roca, de al menos del tamaño de una bola de tenis, golpeando su hombro que pudo reaccionar… ¿Para bien? Quizá sí, quizá no.
Su cuerpo sintió un shot de adrenalina que lo impulsó a girarse y empezar a correr hacia… ¿A dónde exactamente? Ni siquiera miró lo que había en frente cuando decidió ir en dirección contraria a Maki y Dong, por lo que no prestó atención real a los barcos encallados, solo se centró en que hacia allá parecía haber una “luz”, una salida de la lluvia de rocas.
Aunque, por supuesto, hay que aclarar que no corrió de la manera más eficaz. Su cuerpo se sentía más ligero, algo que, de manera inconsciente, lo impulsó a ir más rápido de lo que su mente creía; sin embargo, cada tanto llegaba a tropezarse con rocas que ya estaban en el suelo y que, en otro momento, podría haber evitado, pero sus acciones iban tan en automático que apenas y se dio cuenta cuando por fin salió del “infierno” rocoso y pudo respirar el aire fresco de la noche.
No dejó de correr ni siquiera cuando sus botas empezaron a hacer ruidos de splash cuando entró en un terreno más acuoso, tampoco notó que más personas intentaban escapar, de lo único que fue “consciente” en ese momento fue, ahora sí, de la presencia de los barcos.
No tenía tiempo de pensar en cual había viajado y; sin embargo, impulsado por el miedo a que las rocas pudieran llegar a donde estaba, de alguna manera, dio un salto que, al igual que su carrera anterior, parecía estar guiado por mero instinto, pues fue tan descuidado que, aunque llegó a la cubierta del barco, ni siquiera aterrizó bien.
El golpe contra la madera de la cubierta del barco comercial —al que se subió sin darse cuenta — no fue suficiente para hacerlo salir de su estado de pánico; sin embargo, no podía hacer más… ¿A dónde iría ahora? Se sentó en el suelo, y se quitó la mochila negra de la espalda y se recostó a una pared mientras que abrazó con tal fuerza la mochila que intentar quitársela parecería imposible, como si aquello pudiera devolverlo a la realidad, al mismo tiempo que se mordía con fuerza el interior de su boca, un gesto que provocó que, de su labio de por si herido por ese dichoso tic, volviera a brotar un hilillo de sangre que terminó por manchar su mentón.
No prestaba atención a sus alrededores, en su mente solo estaban imágenes de aquel lugar desmoronándose, de hecho, ni siquiera notó cuando un nombre de cabellos negros (Jin) lo llamó por su nombre…En ese momento era más un niño asustado que un adulto funcional.
Resumen
¿Bélico?
