18-11-2025, 11:00 AM
Menudo torbellino de emociones y de acontecimientos, apenas pudimos respirar y lamernos las heridas, antes incluso de poder entender que era lo que realmente estaba sucediendo, todo comenzó a venirse abajo, no sin escucharse primero un fuerte crujido antecediendo al colapso.
Bai me sanaba con soltura y Owen, mas nervioso a cada segundo, luchaba contra la idea de no volver a ver a quien decía ser su amor. Aquellos dos perros del estado aún parecían colaborativos, parecía que entendían que ahora mismo el oficio o el título importaba poco o nada, aquí solo importaba ayudarnos para salir vivos y de una pieza. Era fascinante como el ser humano no se aguanta a si mismo como especie, libraba guerras y enfrentamientos, se encerraba a si mismo en una prisión de normas y leyes sociales pensadas para la opresión de muchos y el beneficio de unos pocos. Sin embargo, sin importar todo lo anterior, las personas se ayudan mutuamente cuando se encuentran en una situación de peligro mortal, en ese momento las rencillas, el odio o el deber pasan a un segundo plano y comenzaban a colaborar para salir todos del escollo. Fascinante el doble rasero de los humanos en verdad.
-Bueno Owen, entiendo tu preocupación por rescatar a la chica, pero ahora mismo solo debemos centrarnos en una cosa: Salir del cubil.- Le dije señalando a una de las paredes de aquella prisión pétrea que nos retenía. Justo en ese momento escuché como la piedra se aquejaba, miré algo asustado con los ojos bien abiertos mientras unas grietas nacidas desde lo mas alto de la estructura bajaba hacia el suelo. -Oh... Mierda...-
Ya sabía lo que venía, trozos de pared comenzaron a caer sobre nosotros, aquello era algo peligroso, si, podría habernos matado, por suerte Bai fue veloz desenvainando su mandoble y cortando las rocas que iban a dañarnos, aunque realmente a mi no parecía que fuese a caerme algo mas grande que un triste guijarro. A medida los muros de derrumbaban podía verse el percal que teníamos a nuestro alrededor sin saberlo, pudiendo ver caras conocidas y familiares. "¿Esa de ahí es María?" Pensé mientras dudaba de ello por verla ensangrentada ¿Acaso había dejado de ser esa dulce niña que conocí? ¿Es que ahora era una asesina sin compasión? La verdad es que no tenía tiempo alguno de averiguarlo, pues antes de darme cuenta me encontraba al hombro de Bai, cargándome ella como si yo fuera un saco para huir de ahí. La escena que se abría ante nuestros ojos era aterradora, una lluvia de rocas que caían al mar y, poco a poco, se hundían, pero no solo era eso lo que podíamos observar, no. Con algo de esfuerzo por la polvareda, pude apreciar que mis compañeros de tripulación estaban allí, todos intentando llegar al barco, bueno, o casi todos mas bien dicho. Mi bronceado compañero se dirigía hacia la dirección opuesta a los barcos que se vislumbraban en el horizonte, volando raudo y presto hacia la torre que Bai y yo dejábamos atrás en el recuerdo.
Rápidamente pude darme cuenta de que Bai, si bien no carecía de fuerza, su velocidad no era la mas óptima y, para nuestra desgracia, las rocas comenzaban a hundirse. Aquello fue instinto puro de supervivencia, soltándome del brazo de mi compañera y cayendo a su lado mientras corría a su lado. -Vas demasiado lenta.- Dije mientras esta vez era yo quien cargaba con la colosal mujer, levantándola por encima de mi cuerpo extendiendo los brazos para que su inmenso tamaño no fuera demasiado problema y empecé a cargarle mientras saltaba de roca a roca con mas velocidad que la alada mujer. -Corre, corre, corre, corre.- Me decía a mi mismo una y otra vez para recordarme que no podía quedarme paralizado por el miedo, ahora mismo no solo mi vida dependían de mis piernas.
Quería buscar a Lan, sin embargo, no estaba en posición de elegir o hacer lo que me placía, todo se derrumbaba a nuestro alrededor y todos intentábamos llegar a nuestra embarcación. Además, todos y cada uno de los miembros de la Mano Vacía era mas que capaz de salir de allí por su propio pie, si yo podía, ellos por descontado eran capaces, solo tenía que confiar en ellos y esperar un poco para volver a ver su bello cabello rojizo... ¿Acaso Kay tenía razón? ¿Realmente estaba enamorándome de aquella imponente mujer? ¿Pero cómo? Apenas nos conocíamos, el corazón era extraño, pues se aclaraba en los peores momentos de alguien -Maldita sea Bai, si salimos de aquí con vida pienso pedirle una cita a Lan.- Curiosa forma de buscar razones para no rendirse y seguir saltando de roca en roca a toda prisa. Ya había un objetivo, vivir un día mas para encontrar el amor.
Bai me sanaba con soltura y Owen, mas nervioso a cada segundo, luchaba contra la idea de no volver a ver a quien decía ser su amor. Aquellos dos perros del estado aún parecían colaborativos, parecía que entendían que ahora mismo el oficio o el título importaba poco o nada, aquí solo importaba ayudarnos para salir vivos y de una pieza. Era fascinante como el ser humano no se aguanta a si mismo como especie, libraba guerras y enfrentamientos, se encerraba a si mismo en una prisión de normas y leyes sociales pensadas para la opresión de muchos y el beneficio de unos pocos. Sin embargo, sin importar todo lo anterior, las personas se ayudan mutuamente cuando se encuentran en una situación de peligro mortal, en ese momento las rencillas, el odio o el deber pasan a un segundo plano y comenzaban a colaborar para salir todos del escollo. Fascinante el doble rasero de los humanos en verdad.
-Bueno Owen, entiendo tu preocupación por rescatar a la chica, pero ahora mismo solo debemos centrarnos en una cosa: Salir del cubil.- Le dije señalando a una de las paredes de aquella prisión pétrea que nos retenía. Justo en ese momento escuché como la piedra se aquejaba, miré algo asustado con los ojos bien abiertos mientras unas grietas nacidas desde lo mas alto de la estructura bajaba hacia el suelo. -Oh... Mierda...-
Ya sabía lo que venía, trozos de pared comenzaron a caer sobre nosotros, aquello era algo peligroso, si, podría habernos matado, por suerte Bai fue veloz desenvainando su mandoble y cortando las rocas que iban a dañarnos, aunque realmente a mi no parecía que fuese a caerme algo mas grande que un triste guijarro. A medida los muros de derrumbaban podía verse el percal que teníamos a nuestro alrededor sin saberlo, pudiendo ver caras conocidas y familiares. "¿Esa de ahí es María?" Pensé mientras dudaba de ello por verla ensangrentada ¿Acaso había dejado de ser esa dulce niña que conocí? ¿Es que ahora era una asesina sin compasión? La verdad es que no tenía tiempo alguno de averiguarlo, pues antes de darme cuenta me encontraba al hombro de Bai, cargándome ella como si yo fuera un saco para huir de ahí. La escena que se abría ante nuestros ojos era aterradora, una lluvia de rocas que caían al mar y, poco a poco, se hundían, pero no solo era eso lo que podíamos observar, no. Con algo de esfuerzo por la polvareda, pude apreciar que mis compañeros de tripulación estaban allí, todos intentando llegar al barco, bueno, o casi todos mas bien dicho. Mi bronceado compañero se dirigía hacia la dirección opuesta a los barcos que se vislumbraban en el horizonte, volando raudo y presto hacia la torre que Bai y yo dejábamos atrás en el recuerdo.
Rápidamente pude darme cuenta de que Bai, si bien no carecía de fuerza, su velocidad no era la mas óptima y, para nuestra desgracia, las rocas comenzaban a hundirse. Aquello fue instinto puro de supervivencia, soltándome del brazo de mi compañera y cayendo a su lado mientras corría a su lado. -Vas demasiado lenta.- Dije mientras esta vez era yo quien cargaba con la colosal mujer, levantándola por encima de mi cuerpo extendiendo los brazos para que su inmenso tamaño no fuera demasiado problema y empecé a cargarle mientras saltaba de roca a roca con mas velocidad que la alada mujer. -Corre, corre, corre, corre.- Me decía a mi mismo una y otra vez para recordarme que no podía quedarme paralizado por el miedo, ahora mismo no solo mi vida dependían de mis piernas.
Quería buscar a Lan, sin embargo, no estaba en posición de elegir o hacer lo que me placía, todo se derrumbaba a nuestro alrededor y todos intentábamos llegar a nuestra embarcación. Además, todos y cada uno de los miembros de la Mano Vacía era mas que capaz de salir de allí por su propio pie, si yo podía, ellos por descontado eran capaces, solo tenía que confiar en ellos y esperar un poco para volver a ver su bello cabello rojizo... ¿Acaso Kay tenía razón? ¿Realmente estaba enamorándome de aquella imponente mujer? ¿Pero cómo? Apenas nos conocíamos, el corazón era extraño, pues se aclaraba en los peores momentos de alguien -Maldita sea Bai, si salimos de aquí con vida pienso pedirle una cita a Lan.- Curiosa forma de buscar razones para no rendirse y seguir saltando de roca en roca a toda prisa. Ya había un objetivo, vivir un día mas para encontrar el amor.
resumen
gastos y recuperación
