18-11-2025, 02:42 PM
¿Acaso no habrá sido todo nada más que un sueño? No puede ser, se sentía todo tan real... La encapuchada y su hermano el pistolero. El hombre antorcha que nos permitía ver las paredes de nuestra prisión. El marine que pensé sería un símbolo de mi libertad, un escudo, mi protector. Aquel al que me acerqué buscando refugio, pero mi acto no fue nada más que una insensatez que me puso a tiro de aquella lagartija dorada. Aún puedo sentir su cola contra mi cuello, limitando el acceso de aire, hasta privarme de la posibilidad de hablar. Si tan solo hubiese podido hablar...
No. Nada de eso podía haber sido fruto de mi imaginación. Al igual que no lo era haber podido escapar de aquella isla. El comienzo de nuestra aventura, la noticia de la boda de Gwen... La tormenta que nos golpeó y jugó con nosotros como lo hace un niño con los juguetes a los que ya no les guarda ningún afecto, zarandeándolos y lanzándolos de un lado a otro, consciente de que no podrán hacer nada por evitarlo. Creo que aún puedo sentir como me sacude una y otra vez, tan fuerte que noto como si el viento se colase dentro de mi chaqueta para despojarme de todo lo que tengo. Siento que floto y me arrastra a donde quiere llevarme, como si tan solo fuese un peluche con el que se ha encaprichado.
También puedo recordar la boda de Gwen y el chico pelirrojo. Él con su elegante traje azul y blanco y ella con su peculiar capa negra. Debe ser algún tipo de tradición de la isla de la que proviene la señorita Gwendolyn, pues nunca había oído hablar de una novia que no vistiera de blanco el día de sus nupcias. Recuerdo las campanas y los cohetes que lo celebraron, y cómo el aire arrastraba los manjares que sin ninguna duda habría preparado nuestra cocinera, la estrella del sabor. La que preparaba los mejores platos de todos los mares. También recuerdo el beso. ¿Hubo beso? Era una boda, seguro que hubo.
Entonces lo recordé. ¿Cómo podíamos estar de celebración cuando hasta hace un momento nos enfrentábamos a un enemigo terrible? Un gran pesar llegó a mi cuerpo, como si hubiesen depositado sobre mi una losa que me hundiera contra el suelo y no me permitiera levantarme. Confusión, gritos y malas palabras. Debía haber soñado lo anterior, no cabe duda. O peor aún, habría estado presente en numerosos eventos, pero no de forma corpórea. Había muerto y mi espíritu vagaba aquí y allá viendo las aventuras de mis compañeros. O atormentándolos al ver el fantasma de su difunto aliado. ¿Acaso les pesaría mi perdida? No les había dado tiempo a conocerme, no les había dejado.
De pronto, un temblor. Una nueva sacudida. ¿Será así como los fantasmas se desplazan de un lugar a otro? Eso debía ser, pues primero sentí una gran presión en mi cuerpo, allá donde estuviese, y una calidez en mi cabeza, si aún la conservaba, y más tarde varios temblores más. Tras esto, mi espíritu debió viajar a una nueva aventura de mis compañeros, una batalla. Podía oír cañonazos en la lejanía e incluso, piedras que rodaban restallando contra las rocas. Me sentí flotar. Note como nuevamente mi cuerpo avanzaba. Debía estar siguiendo a nuestra doctora, Alana, pues pude sentir cómo le lanzaba un botiquín a uno de nuestros aliados. Más gritos, inteligibles. Más caos.
De nuevo un viaje. Otro salto. Me llené de preocupación. Debía estar en un incendio, pues sentí cómo alguien gritaba clamando por agua. Alguien fuerte, capaz de sostener a sus aliados. Debía de estar junto a Giyuu que intentaba apagar un incendio surgido en el barco. ¿Qué hay más importante para unos piratas que su barco? Era su casa, su escenario, su hogar. Debían protegerlo a toda costa. Probablemente fue alguna catástrofe, algo a la altura de un terremoto, pues no podía verlos—estábamos en planos diferentes, no había duda—, pero si que podía sentir una agitación más fuerte que las de antes. Algo que volvía a llevar mi cuerpo a un nuevo lugar. Espero que fuese alguna escena más feliz.
Y así lo era. Supe que se trataba de Rosse, nuestra estrella capitana. No podía ser alguien más que ella, siempre hablando de honey, o algún tipo de dulce, sin duda era ella quien estaría comiendo algodón de azúcar. Parecía que lo estuviese disfrutando, por la manera en que celebraba haberlo conseguido. Mi atención giró a un lado y pude ver cómo Eros estaba dando vueltas en un carrusel, montado sobre algún tipo de roedor mientras rechazaba el ofrecimiento del dulce de nuestra capitana.
Al fin, podía descansar en paz. Se notaba la calma a mi alrededor. ¿Sería esta la señal de que podría descansar tranquilo, al ver a mis compañeros a salvo? Creo que sin duda era el significado de aquello, pues tras todo el caos, tan solo pude percibir aquel destello azul celeste con un aura angelical que me trajo a la calma.
De pronto, un temblor. Una nueva sacudida. ¿Será así como los fantasmas se desplazan de un lugar a otro? Eso debía ser, pues primero sentí una gran presión en mi cuerpo, allá donde estuviese, y una calidez en mi cabeza, si aún la conservaba, y más tarde varios temblores más. Tras esto, mi espíritu debió viajar a una nueva aventura de mis compañeros, una batalla. Podía oír cañonazos en la lejanía e incluso, piedras que rodaban restallando contra las rocas. Me sentí flotar. Note como nuevamente mi cuerpo avanzaba. Debía estar siguiendo a nuestra doctora, Alana, pues pude sentir cómo le lanzaba un botiquín a uno de nuestros aliados. Más gritos, inteligibles. Más caos.
De nuevo un viaje. Otro salto. Me llené de preocupación. Debía estar en un incendio, pues sentí cómo alguien gritaba clamando por agua. Alguien fuerte, capaz de sostener a sus aliados. Debía de estar junto a Giyuu que intentaba apagar un incendio surgido en el barco. ¿Qué hay más importante para unos piratas que su barco? Era su casa, su escenario, su hogar. Debían protegerlo a toda costa. Probablemente fue alguna catástrofe, algo a la altura de un terremoto, pues no podía verlos—estábamos en planos diferentes, no había duda—, pero si que podía sentir una agitación más fuerte que las de antes. Algo que volvía a llevar mi cuerpo a un nuevo lugar. Espero que fuese alguna escena más feliz.
Y así lo era. Supe que se trataba de Rosse, nuestra estrella capitana. No podía ser alguien más que ella, siempre hablando de honey, o algún tipo de dulce, sin duda era ella quien estaría comiendo algodón de azúcar. Parecía que lo estuviese disfrutando, por la manera en que celebraba haberlo conseguido. Mi atención giró a un lado y pude ver cómo Eros estaba dando vueltas en un carrusel, montado sobre algún tipo de roedor mientras rechazaba el ofrecimiento del dulce de nuestra capitana.
Al fin, podía descansar en paz. Se notaba la calma a mi alrededor. ¿Sería esta la señal de que podría descansar tranquilo, al ver a mis compañeros a salvo? Creo que sin duda era el significado de aquello, pues tras todo el caos, tan solo pude percibir aquel destello azul celeste con un aura angelical que me trajo a la calma.
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