18-11-2025, 05:12 PM
Al fin María había despertado y parecía estar bien, aunque sus heridas aún no habían sanado del todo y su rostro todavía tenía alguna hinchazón y hematoma por la tremenda paliza que había sufrido por parte de aquellas mujeres. Sí, había sufrido grandes daños y llevábamos ya un tiempo en el hospedaje que Jin nos había proporcionado, pero al fin, con paciencia y cuidados médicos adecuados, logró ponerse de pie otra vez. Me alegraba oír de nuevo la dulce voz de aquella muchacha, no parecía merecer todo el sufrimiento a la que esa tripulación le sometió.
Antes de que llegase yo Jin la frenó en seco, parecía tenerle miedo, aunque no podía imaginar el porque, Jin parecía un villano sacado de alguna historieta, pero solo por su alma atormentada, no me había demostrado tal maldad nunca, aunque tampoco es que nos conociésemos en profundidad. Por suerte cuando me vio a mi comenzó a ser la dulce y vivaracha mujer que conocía, hablando sin parar, a veces tan rápido que costaba seguirle el hilo, pero en término generales parecía agradecida de verme y de seguir viva. También se disculpaba incansablemente por decirme aquella cosas horribles previas al combate. Sonreí a la chiquilla de azulado pelo mientras relajaba mi postura y posaba una de mis manos en su cabeza. -No tienes que disculparte, mujer. A decir verdad no es que estuviese prestando demasiada atención a lo que decías, me preocupaba mas librarme de esa chusma.- Ella podía apreciar que no tenía rasguño alguno, no porque hubiera sanado, sino porque había salido totalmente ileso de ese enfrentamiento. Yo no era un gran guerrero, eso era cierto, y mi imagen destacaba mi faceta menos combativa, pero lo que pocos sabían es que en las calles tienes que aprender a defender coas tan simples como tu comida, tu saco de dormir o tu propia ropa, incluso tus órganos. Realmente ser mendigo tenía sus peligros intrínsecos.
Quité la mano de su testa y coloqué los brazos en jarra mientras le miraba el rostro, pero no sus ojos o algo por el estilo, sino las lesiones que aquellas tristes piratas le habían dejado. -Ahora mismo céntrate en recuperarte. El medico nos dijo que no debería quedarte secuela alguna.- Volví a sonreír, pero esta vez con un aire esperanzador. La verdad es que María había empezado su camino a la libertad de manera dificultada, pero logró salir de la opresión de ese proyecto de bucaneras, aunque fuese con un poco de ayuda. Poco después Jin intercedió con su voz profunda y algo ronca por todo lo que fumaba. -En serio, fumaba demasiado.- Parecía preocuparse por su estado, no quería que mi efusividad empeorase sus heridas. -Descuida Jin, no es que tenga demasiada fuerza jeje...- Aunque no se necesitaba fuerza para hacer daño a alguien, la verdad. -Si, vayamos todos al gran comedor y comamos algo, la verdad es que me muero de hambre...- Miré a Jin de reojo e un tono un poco burlón y sonriente. -Me pregunto si tu cocinero podrá saciar mi hambre jejeje...- Dije recordándole aquella noche de competencia sana mientras caminaba tranquilo al gran comedor para llenar un poco la panza, que uno nunca sabe cuando va a comer en la calle.
-Dime, querida niña, hay algo que me tiene intrigado. ¿Cómo acabaste con esa gente? Claramente no eran trigo limpio.- Le miré algo curioso y confundido, era extraño ver personas como María con gente así, sin escrúpulos ni remordimientos. Por lo poco que había escuchado en la calle cuando estaban le golpeando, pude deducir que tomaban a la niña como una mercancía que vender ¿Serían esclavistas? No hay personas mas despreciables en este mundo, aquellos que usan su libertad para quitársela a los demás
Antes de que llegase yo Jin la frenó en seco, parecía tenerle miedo, aunque no podía imaginar el porque, Jin parecía un villano sacado de alguna historieta, pero solo por su alma atormentada, no me había demostrado tal maldad nunca, aunque tampoco es que nos conociésemos en profundidad. Por suerte cuando me vio a mi comenzó a ser la dulce y vivaracha mujer que conocía, hablando sin parar, a veces tan rápido que costaba seguirle el hilo, pero en término generales parecía agradecida de verme y de seguir viva. También se disculpaba incansablemente por decirme aquella cosas horribles previas al combate. Sonreí a la chiquilla de azulado pelo mientras relajaba mi postura y posaba una de mis manos en su cabeza. -No tienes que disculparte, mujer. A decir verdad no es que estuviese prestando demasiada atención a lo que decías, me preocupaba mas librarme de esa chusma.- Ella podía apreciar que no tenía rasguño alguno, no porque hubiera sanado, sino porque había salido totalmente ileso de ese enfrentamiento. Yo no era un gran guerrero, eso era cierto, y mi imagen destacaba mi faceta menos combativa, pero lo que pocos sabían es que en las calles tienes que aprender a defender coas tan simples como tu comida, tu saco de dormir o tu propia ropa, incluso tus órganos. Realmente ser mendigo tenía sus peligros intrínsecos.
Quité la mano de su testa y coloqué los brazos en jarra mientras le miraba el rostro, pero no sus ojos o algo por el estilo, sino las lesiones que aquellas tristes piratas le habían dejado. -Ahora mismo céntrate en recuperarte. El medico nos dijo que no debería quedarte secuela alguna.- Volví a sonreír, pero esta vez con un aire esperanzador. La verdad es que María había empezado su camino a la libertad de manera dificultada, pero logró salir de la opresión de ese proyecto de bucaneras, aunque fuese con un poco de ayuda. Poco después Jin intercedió con su voz profunda y algo ronca por todo lo que fumaba. -En serio, fumaba demasiado.- Parecía preocuparse por su estado, no quería que mi efusividad empeorase sus heridas. -Descuida Jin, no es que tenga demasiada fuerza jeje...- Aunque no se necesitaba fuerza para hacer daño a alguien, la verdad. -Si, vayamos todos al gran comedor y comamos algo, la verdad es que me muero de hambre...- Miré a Jin de reojo e un tono un poco burlón y sonriente. -Me pregunto si tu cocinero podrá saciar mi hambre jejeje...- Dije recordándole aquella noche de competencia sana mientras caminaba tranquilo al gran comedor para llenar un poco la panza, que uno nunca sabe cuando va a comer en la calle.
-Dime, querida niña, hay algo que me tiene intrigado. ¿Cómo acabaste con esa gente? Claramente no eran trigo limpio.- Le miré algo curioso y confundido, era extraño ver personas como María con gente así, sin escrúpulos ni remordimientos. Por lo poco que había escuchado en la calle cuando estaban le golpeando, pude deducir que tomaban a la niña como una mercancía que vender ¿Serían esclavistas? No hay personas mas despreciables en este mundo, aquellos que usan su libertad para quitársela a los demás
