19-11-2025, 01:32 PM
No hacía demasiado que había desembarcado de Samba, esa misma mañana sin ir mas lejos, pero no había tenido tiempo de visitar la isla, el tener que llevar las cosas al hostal donde nos hospedaríamos, acomodar a Larry con comida y agua en la zona de la cuadra, comer un poco con la tripulación y debatir cual sería nuestro siguiente paso a proceder. Nuestra visita a la Isla de Samba no era una simple casualidad, tampoco habíamos ido por mero ocio, allí nos esperaba lo que sería nuestro propio barco, un modesto velero que sería capaz de llevarnos de una isla a otra, al menos esa era la teoría.
Por suerte para la tarde, mas tirando a la noche, ya pude dar un paseo por las calles del reino, un lugar tranquilo a esas horas, pero aún quedaba algo de gente paseando por sus calles y algunos locales abiertos. Yo caminaba tranquilo y sin rumbo alguno, mirando de lado a lado la arquitectura distinta a mi isla patria, aunque con cierta similitud familiar, todo acompañando con hileras de farolillos encendidos, en los cristales que cubrían las pequeñas lámparas de aceite de dichos farolillos se apreciaban tintes, dando un paseo por las calle alegre y divertido, sin ser recargado, pero lo bastante como para que los colores se apreciasen con la luz de las llamas. -Parece un mundo de fantasía.- Afirmé para mi mismo mientras me daba cuenta de que también había músicos itinerantes endulzando la velada de los presentes con su melodía. Sonreí con gran ilusión y comencé a chasquear los dedos de la mano derecha mientras caminaba despreocupado. ¿El rumbo? Que la propia ciudad fuese quien me guiara, desde luego se había ganado mi interés y curiosidad.
Por lo visto quedaban pocos días para que saliesen barcos comerciales al Grand Line y aquí eso se celebraba, como ritual de despedida a los marineros que se embarcaban al gran peligro de aquellas aguas, una celebración para desear suerte a sus seres queridos, no había forma mas pura de mostrar amor por los tuyos, que todos pudieran disfrutarlo contigo. Tabernas hoy cerrarían tarde, intentando abastecer a todo marinero, ya fuera capitán o grumete, alimentando sus estómagos y saciando su seca garganta con ron o sake. -Hmm... Quizás debería ir a alguna de esas tabernas para cenar algo, quizás probar su famoso sake.- Caminé hacia la zona del bulevar de la aldea, encontrando varios establecimientos abiertos, todos bastante repletos de gente esperando a ser atendida, así que tuve que caminar un tiempo hasta estar cerca del puerto para encontrar un bar que, si bien no estaba vacío, los camareros tenían tiempo para respirar entre comanda y comanda. El lugar, todo hecho9 de madera, tenía decoraciones marítimas en sus paredes: redes, cañas, alguna red para peces grandes; claramente era un lugar para hacer sentir seguros a los marineros. Incluso las ventanas eran ojos de buey y los asientos tenían forma de timón acolchado circular. Me acerqué a la barra sin prisa alguna y, al llegar me senté en uno de esos taburetes. -Disculpe, tabernero.- Así esperé a ser atendido.
Por suerte para la tarde, mas tirando a la noche, ya pude dar un paseo por las calles del reino, un lugar tranquilo a esas horas, pero aún quedaba algo de gente paseando por sus calles y algunos locales abiertos. Yo caminaba tranquilo y sin rumbo alguno, mirando de lado a lado la arquitectura distinta a mi isla patria, aunque con cierta similitud familiar, todo acompañando con hileras de farolillos encendidos, en los cristales que cubrían las pequeñas lámparas de aceite de dichos farolillos se apreciaban tintes, dando un paseo por las calle alegre y divertido, sin ser recargado, pero lo bastante como para que los colores se apreciasen con la luz de las llamas. -Parece un mundo de fantasía.- Afirmé para mi mismo mientras me daba cuenta de que también había músicos itinerantes endulzando la velada de los presentes con su melodía. Sonreí con gran ilusión y comencé a chasquear los dedos de la mano derecha mientras caminaba despreocupado. ¿El rumbo? Que la propia ciudad fuese quien me guiara, desde luego se había ganado mi interés y curiosidad.
Por lo visto quedaban pocos días para que saliesen barcos comerciales al Grand Line y aquí eso se celebraba, como ritual de despedida a los marineros que se embarcaban al gran peligro de aquellas aguas, una celebración para desear suerte a sus seres queridos, no había forma mas pura de mostrar amor por los tuyos, que todos pudieran disfrutarlo contigo. Tabernas hoy cerrarían tarde, intentando abastecer a todo marinero, ya fuera capitán o grumete, alimentando sus estómagos y saciando su seca garganta con ron o sake. -Hmm... Quizás debería ir a alguna de esas tabernas para cenar algo, quizás probar su famoso sake.- Caminé hacia la zona del bulevar de la aldea, encontrando varios establecimientos abiertos, todos bastante repletos de gente esperando a ser atendida, así que tuve que caminar un tiempo hasta estar cerca del puerto para encontrar un bar que, si bien no estaba vacío, los camareros tenían tiempo para respirar entre comanda y comanda. El lugar, todo hecho9 de madera, tenía decoraciones marítimas en sus paredes: redes, cañas, alguna red para peces grandes; claramente era un lugar para hacer sentir seguros a los marineros. Incluso las ventanas eran ojos de buey y los asientos tenían forma de timón acolchado circular. Me acerqué a la barra sin prisa alguna y, al llegar me senté en uno de esos taburetes. -Disculpe, tabernero.- Así esperé a ser atendido.
