20-11-2025, 04:28 AM
El muchacho había sido una persona muy agradable, los había invitado a su hogar y dejado presenciar sus descubrimientos. El cocinero observó con algo de duda el den den mushi, pensando en lo que significaría encontrar algo así. Sería un alivio, tanto para él como para el muchacho, pero no podía quitarse de la cabeza las otras posibilidades. Si el gobierno lo descubría, si ya lo tenía en su poder y de pronto un pirata irrumpía con eso, ¿Qué serían capaces de hacer? Tampoco les debería ser muy difícil rastrear su información hasta el investigador, y eso solo significaba que…
Las palabras del hombre de cabello rosa lo despertaron, sin dejarlo llegar a una conclusión. Parecía desesperado, ansioso, y algo se revolvió dentro del cocinero al verlo así. - Oye, tranquilo, seguro que… -. No pudo terminar de hablar antes de que sus zapatos terminaran cubiertos en vómito. Miró con asco esa sustancia, y con algo de pena a quien había sido el responsable de ensuciarlo. Le estaba claro que esa obsesión por sus plantas era más que eso, parecía sufrir un síndrome de abstinencia.
Lo había visto alguna que otra vez, cuando estaba en el hospital junto a su madre.
- Oye, tranquilo, no vas a morir -. No sabía como reaccionar más que diciendo esas palabras, que dudaba que fueran a ayudar al pobre hombre. - Vamos al mercado, te aseguro que encontraremos algo -. Y así comenzó su avance hacia ese destino, llevando casi que a cuestas al médico que no podía mantenerse de pie con normalidad. No estaban lejos, no habían caminado tanto, y el hombre de ojos azules comenzó a preguntar en cada puesto si tenían algo de esas hierbas, sobre todo de menta.
En menos de 20 minutos habían conseguido la mayor parte de todo lo que el pelirosa había salido a buscar, pero la menta se les escapaba aún. Sus pasos lo llevaron hacia una farmacia, un negocio que sería perfecto para conseguir las hierbas faltantes, así como algo con menta. El dueño del lugar vio algo raro a Hyakintos en cuanto ingresaron por la puerta de madera, incluso mientras escuchaba a Uker hablar y pedirle lo que necesitaban, pero eso no fue impedimento para que se retirara un momento a una sala detrás del mostrador, saliendo a los pocos segundos con una caja en sus manos.
El hombre la abrió, mostrando el interior, casi vacío, solo dos pequeñas botellas que contenían un líquido reposaban en el fondo. Uker se hizo con una de ellas, y el olor del contenido le llenó la nariz de inmediato: Menta, un olor bastante fuerte y puro. - Hyak, ¿esto será suficiente? -. No habían conseguido las hojas, por mucho que buscaron, pero tal vez ese líquido podría ser una salvación temporal.
Las palabras del hombre de cabello rosa lo despertaron, sin dejarlo llegar a una conclusión. Parecía desesperado, ansioso, y algo se revolvió dentro del cocinero al verlo así. - Oye, tranquilo, seguro que… -. No pudo terminar de hablar antes de que sus zapatos terminaran cubiertos en vómito. Miró con asco esa sustancia, y con algo de pena a quien había sido el responsable de ensuciarlo. Le estaba claro que esa obsesión por sus plantas era más que eso, parecía sufrir un síndrome de abstinencia.
Lo había visto alguna que otra vez, cuando estaba en el hospital junto a su madre.
![[Imagen: fBHo0P5.jpeg]](https://i.imgur.com/fBHo0P5.jpeg)
- Oye, tranquilo, no vas a morir -. No sabía como reaccionar más que diciendo esas palabras, que dudaba que fueran a ayudar al pobre hombre. - Vamos al mercado, te aseguro que encontraremos algo -. Y así comenzó su avance hacia ese destino, llevando casi que a cuestas al médico que no podía mantenerse de pie con normalidad. No estaban lejos, no habían caminado tanto, y el hombre de ojos azules comenzó a preguntar en cada puesto si tenían algo de esas hierbas, sobre todo de menta.
En menos de 20 minutos habían conseguido la mayor parte de todo lo que el pelirosa había salido a buscar, pero la menta se les escapaba aún. Sus pasos lo llevaron hacia una farmacia, un negocio que sería perfecto para conseguir las hierbas faltantes, así como algo con menta. El dueño del lugar vio algo raro a Hyakintos en cuanto ingresaron por la puerta de madera, incluso mientras escuchaba a Uker hablar y pedirle lo que necesitaban, pero eso no fue impedimento para que se retirara un momento a una sala detrás del mostrador, saliendo a los pocos segundos con una caja en sus manos.
El hombre la abrió, mostrando el interior, casi vacío, solo dos pequeñas botellas que contenían un líquido reposaban en el fondo. Uker se hizo con una de ellas, y el olor del contenido le llenó la nariz de inmediato: Menta, un olor bastante fuerte y puro. - Hyak, ¿esto será suficiente? -. No habían conseguido las hojas, por mucho que buscaron, pero tal vez ese líquido podría ser una salvación temporal.
