La primera pista [Pasado - Jin]
#2
Tras la conversación, convencer a algunos para poder evitar un posible daño al joven Kiyoshi era de lo más problemático. Por supuesto, muchos lo tenían en estima, y la alarma se disparó al verlo salir cojeando de aquella habitación, con la pierna cosida y, los disparos que se habían escuchado desde fuera. Para entonces se había armado bien, él mismo había tratado de estipular el contrato, e incluso encontrar abogados para ambos. Siempre usando la mediación mediante el médico, respetando la intimidad que el joven había buscado y, por otro lado, buscando alguna nueva excusa para que su propio jefe no se inmiscuyera en ese asunto, o sería mucho peor. En apenas días, con la pierna en semejantes condiciones y, para colmo, con su repudio a los medicamentos. Prácticamente tenía que ser obligado para tomárselos. Irónico con la locura que poseía ese hombre que tuviera una actitud tan infantil, siempre con la tan confiable excusa de “ya se curará solo”.

El resto ya era dejar todo listo, además del contrato, encontrar dónde se encontraba la joven Elena. Lo bueno fue que encontrarla no tuvo demasiada dificultad, una mujer que estaba en contra de las palabras y advertencias de sus padres, con claras escapadas nocturnas para poder saciar su curiosidad y, sin embargo, delicada y cargada de elegancia. La mujer estaba llena de la vida de joven adulta. Lo positivo fue lo relativamente fácil que fue convencerla de ese encuentro, lo difícil fue conseguir que al menos le permitiera estar con él también.

Y ahora, allí estaba el yakuza, como siempre. Se sentía cansado, ya no solo por la situación en sí, también por las pocas de sueño que había logrado. Demasiados días sin su alivio además del tabaco. La puerta sonó tres veces, con tres toques firmes. —Jefe, ya es la hora.

Su mano se pasó sobre su cabeza, con el cansancio entre sus ojos. La acompañante en el otro lado de su cama, descansando plácidamente tras toda aquella actividad nocturna. La condenada pierna no le había dejado saciar su apetito sexual hasta entonces y, aún así, los problemas de su propio insomnio persistían.

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—Voy para allá. Dejen al joven Maeda con lo que les pida si lo hace.

Se incorporó de la cama, ignorando a su acompañante nocturno, apartando las sábanas y yendo directamente a darse el baño necesario antes de acomodarse el traje y salir de allí. Como de costumbre, siempre puntual, todo listo, como siempre le gustaba tener las cosas. Revisó por última vez el contrato, solo para asegurarse de que todo estuviera en condiciones. Obviamente, dos copias de la misma, con su propia firma ya marcada en ellas y llevando consigo el bolígrafo para que el acompañante también lo hiciera. Se abstuvo de hablar de Akura hasta que no pudiera ver la firma del joven, ya que una de las cláusulas dejaba claro que debía mantener en secreto su identidad.


Para cuando finalmente estaban fuera, ya se encontraba fumando, como buena mala costumbre que mantenía. Lo había esperado en la entrada principal, por el exterior. Escuchó a Kiyoshi y automáticamente le ofreció los dos contratos para que viera que no estaban diferentes, ni cambiados. —Por supuesto que lo tengo. — esperó, revisando que los firmara y revisó por su cuenta que estuviera todo una última vez más.

—Desde luego que tengo un plan. Hemos quedado en una ubicación privada. — Sopló el último halo de su cigarrillo, dejándolo caer al suelo y pisándolo para apagarlo. —Hablamos con ella, al principio solo quería verle a usted solo, pero logramos convencerla para que al menos pudiera estar presente en su conversación. De momento no está al tanto de qué queremos hablar con ella, la dejé fruto de su imaginación. — No esperó mucho más. Estaba todo listo, y él comenzó a caminar con calma, pese a que podía sospechar la impaciencia que poseía el joven. —Por el momento la convencí de que era una cita entre ustedes para volver a encontrarse. Parece demasiado emocionada. Sigue obsesionada con la idea de querer casarse con usted, por esa parte fue fácil. Pero voy a necesitar que hagas de cebo. — Su voz bajaba en volumen mientras hablaba. —En caso de que, por supuesto, decida no hablar más de la cuenta. Por el momento intentemos que sea pacífico y aprovechar a exprimir ese amor que parece sentir por usted, joven Maeda. — Además, no se equivocaba, se encontraban cerca, en la misma isla, aunque el paseo era un poco más largo.

Para cuando alcanzaran el lugar, se vería una casa tradicional, cargada de elegancia, aunque en realidad se trataba de un restaurante privado, que había sido reservado exclusivamente para los tres que iban a estar allí, además de los cocineros y los camareros. El silencio ya estaba comprado tanto por sí mismo como por la propia muchacha, silencioso acuerdo al que ambos habían llegado. Y, hablando de la muchacha, allí estaba, con ropa claramente elegante, digna de la casa de la que venía, un pequeño lazo negro decorando su cuello, abrigo rojo con detalles dorados.

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Se acercó a ella, reconociéndola al instante y, posiblemente, también lo hiciera el propio Kiyoshi. Jin, por su lado, inclinó ligeramente su cabeza, con una media sonrisa en sus labios.

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—Buenos días, señorita Elena.

La cortesía también la conocía, pese a ser quien era. La muchacha lo miró, frunciendo ligeramente sus cejas, jugueteando con uno de los mechones de su largo cabello rubio, los rulos decorando los laterales de sus hombros y sus ojos buscándolo con la mirada. —Señor Onizuka, espero que no haya olvidado traer a Kiyoshi, o no hay acuerdo. — No respondió, solo se puso a un lado, para que el propio Kiyoshi se presentara por su cuenta.
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Mensajes en este tema
La primera pista [Pasado - Jin] - por Kiyoshi Maeda - 20-11-2025, 12:26 AM
RE: La primera pista [Pasado - Jin] - por Onizuka Jin - 20-11-2025, 05:42 PM

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