Eternidad [Priv. Uker] [Presente relativo]
#13
De haber conservado algo de lucidez, su comportamiento le habría avergonzado. Su caminar errático lo hizo trastabillar en más de una ocasión y sus manos, tan temblorosas como frías, luchaban por aferrarse al hombro de quien se había convertido en su improvisado compañero en esta búsqueda de provisiones.
 
Sin embargo, nada de lo que hiciera, ni siquiera cuando intentaba actuar con mayor normalidad o respirar hondo para atenuar su malestar, evitó que los transeúntes lo miraran como si fuera un loquito de centro, aunque, por supuesto, no fue consciente del juicio en las miradas de los desconocidos y, de hecho, agradeció que se apartaran de su camino, a fin de cuentas, eso le daba algo de espacio para respirar, por no mencionar que evitaba que otro accidente como el anterior —el vomitar los zapatos del cocinero —, le sucediera de nuevo, aunque, en honor a la verdad, su mente estaba tan en las nubes que había olvidado ese incidente, aunque la sensación en su garganta intentara recordárselo.
 
A este punto solo se dejó guiar sin oponer más resistencia que un niño malcriado, uno que balbuceaba insultos entre dientes porque su padre no lo quería llevar de regreso a su casa. Solo deseaba dos cosas: una silla y algo de menta.
 
No vale la pena mencionar que los 20 minutos que tardaron en recorrer los puestos del mercado, fueron los más eternos de su vida y que, cuando por fin entró a la farmacia, ni siquiera prestó atención al olor de los fármacos, solo se recostó de espaldas en una pared y se deslizó sobre esta hasta sentarse sobre el suelo con las rodillas dobladas y los brazos sobre estas. Agotado y sintiendo que el mundo le daba vueltas. No tenía más fuerzas para seguir andando.
 
Si tuviera algo de razonamiento habría notado su propio pulso acelerado y la sudoración fría que perlaba su rostro, de hecho, habría notado que su reflejo en el vidrio del mostrador se veía como el de alguien que ha perdido todo el sentido de la vida: rostro amarillento, labios blancos y mordisqueados —por él mismo— y ojos sin brillo, como si hubiera presenciado una catástrofe; sin embargo, algo en su expresión cambió cuando el cocinero volvió a acercarse a él con un frasco.
 
—¿Suficiente? —Su olfato no es el mejor de todos, pero a pesar de la ansiedad que lo carcomía por dentro, fue capaz de distinguir el líquido dentro del frasco transparente, algo que lo hizo arrugar la nariz; siempre es mejor guardar aceites esenciales en frascos de vidrios oscuros, pero…no es como que tuviera demasiadas fuerzas para formular frases decentes como para exponer su molestia…aun así, aceptaría aquello que el cocinero le extendía.
 
Su mano tembló al acercarla al frasco. El olor a menta se había extendido por la farmacia, pero, el escaso olfato del médico apenas y pudo notarlo, fue por ello que acercó aquella esencia a su nariz e inhaló con fuerza una, dos, tres veces.
 
Cerró sus ojos mientras que el olor inundaba sus fosas nasales y, finalmente, una larga exhalación terminó por relajar sus músculos que estuvieron tan tensos durante gran parte del viaje. Era como si por fin el aire que respiraba estuviera llegando de manera correcta a sus pulmones. En ese momento también fue consciente de como sus manos se posaban con más firmeza sobre el frasco. Los temblores cada vez eran menores con el pasar de los minutos y, por último, sus ojos parecían tener de nuevo ese brillo que antes se había perdido.
 
Fueron varios minutos que transcurrió de esa manera antes de atreverse a abrir los ojos de nuevo y alejar de su nariz el frasco con esencia de menta que, en su mente, le había salvado la vida. Parpadeó un par de veces y, luego, por fin fue consciente del sitio en donde estaba. Miró a su alrededor y notó los frascos y demás medicinas dispuestas de manera ordenada en anaqueles, incluso notó al dueño de aquella botica que, aunque parecía estar leyendo el periódico, de vez en cuando miraba hacia donde estaban el cocinero y el médico.
 
De repente sintió un nudo en su pecho y es que, por algún motivo, ese tipo de sitios, tanto farmacias como boticas, le dejaban una sensación extraña, hacían que su “cerebro picara”, como si intentara recordar algo que estaba tan enterrado en su subconsciente que sería imposible traerlo a flote algún día.
 
—Eres el cocinero… ¿cierto? —Prefirió no pensar tanto en la familiaridad que la farmacia le evocaba y centrarse en quien tenía en frente…aún podía recordarlo, a pesar de su pequeño colapso, el rostro atractivo y el cabello negro con mechones blancos, aun tenía un espacio en su memoria. —Lo siento…no quise ponerte en apuros…Jmmm… ¿Cuánto te debo por esto? —Movió el frasco transparente entre sus dedos y, de repente, a su mente llegaron fragmentos de todo lo que había ocurrido desde que se encontró con Rackham.
 
Dejó escapar un suspiro de cansancio, se puso de pie para estirar sus músculos y se apresuró a salir de la farmacia, aunque no sin antes agradecer al sujeto que ahí trabajaba y esperar que el cocinero saliera junto con él.
 
De nuevo el bullicio de la calle llegó a sus oídos y, aunque su primer impulso fue caminar hacia el barco —donde sea que estuviera — para descansar y olvidarse de la pesadez aun presente en su cabeza, prefirió recurrir a la sensatez por una sola vez y aprovechar la ventaja del paisaje y de la banca que estaba en el exterior de la tienda, en la que no tardó en sentarse. Necesitaba descansar antes de emprender un viaje de regreso a donde sea que estuvieran anclados.
 
—Supongo que debo darte las gracias por no dejarme tirado en la calle —. Se acomodó mejor en el banco, por si el pelinegro pensaba en sentarse también. —Te debo una…supongo que podría pagártelo ayudándote a investigar eso que dijo el historiador —La cara del chico que les habló de un lugar fantástico empezaba a borrarse de su mente, pero recordaba la interacción y la leyenda…por ahora. —, aunque antes de eso, debo preguntar… ¿Por qué decidiste enviarle información? ¿Te interesa lo que dijo de la inmortalidad? ¿Crees en esos cuentos o…acaso es por algo más? —Podía ser distraído, sí, pero cuando se trataba de asuntos académicos prestaba más atención de lo usual.


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RE: Eternidad [Priv. Uker] [Presente relativo] - por Hyákinthos - 21-11-2025, 04:49 AM

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