Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto]
#3
La selva pareció plegarse alrededor de Lelith mientras avanzaba, como si el propio aire se hubiera vuelto más espeso, más consciente de su presencia. Los hongos que había probado dejaban ya de ser un sabor en la lengua para convertirse en una pulsación bajo la piel, un cosquilleo ascendente que convertía los colores en algo demasiado vibrante, demasiado vivo. 

Estaba drogada.

La luz del mediodía, antes directa y nítida, comenzó a fragmentarse en haces que parecían moverse con voluntad propia. Las hojas respiraban con un ritmo irregular. Los troncos se curvaban apenas cuando no se les miraba de frente. Nada era totalmente extraño, pero tampoco totalmente lógico.

Entre la maleza, el rastro blanco del conejito reapareció un instante, como un destello, un parpadeo pálido entre los verdes y espesos arbustos. Luego se desvaneció de nuevo, como si jamás hubiera estado allí.

En su lugar, en mitad de un claro diminuto, algo brilló.

Un pequeño reloj de bolsillo descansaba sobre una raíz, dorado, reluciente, totalmente fuera de contexto. La superficie reflejaba la luz como si no perteneciera a ese mediodía sino a otro más brillante, más pulido. Sus manecillas se movían con una velocidad que no obedecía a la razón, saltando de minuto en minuto, luego de hora en hora, girando como si quisieran desgarrar el tiempo mismo.

A su alrededor, la selva se comportaba de manera extraña. Las sombras parecían inclinarse hacia el reloj. El viento evitaba tocarlo. Incluso los insectos que revoloteaban cerca cambiaban abruptamente de dirección, como si un límite invisible rodeara el objeto.

Y justo cuando el silencio se volvía demasiado denso, demasiado expectante… El conejo habló.

La voz no surgió de ningún sitio visible, y con ella no vibraban las hojas, no temblaba la tierra. La voz simplemente apareció, profunda, resonante, como el eco de un tambor enterrado bajo la raíz de un árbol anciano, pero con un deje agudo bastante molesto.

-Llegas tarde, eres muy leeeeeeeenta.

El sonido recorrió el claro entero, abriéndose paso entre los árboles. Las manecillas se detuvieron de golpe.

-Tarde. Siempre tarde... -Añadió la voz.

A unos metros, entre la vegetación, una figura nívea emergió con un parpadeo tembloroso, inconfundible. Era aquel conejito. Su forma parecía multiplicarse por momentos, como si la luz jugara con él. ¿Siempre había sido así de grande? Un instante tenía contornos nítidos; al siguiente, se estiraba ligeramente, casi líquido, como si no estuviera hecho de carne sino de un destello. Sus ojos, negros y profundos como fosas, estaban fijos en Lelith.

El conejo entonces habló de nuevo, con aquel tono insoportable suyo.

-Cógeme si puedes, lenta. 

La selva vibró, un susurro profundo en la corteza y en la tierra.

El conejito dio un pequeño salto hacia atrás, no huyendo, sino indicando algo. Una dirección. Un sendero que no había estado allí un segundo antes y que ahora parecía un pasillo de luz distorsionada entre los troncos, una invitación o un engaño, imposible saber.

Las copas de los árboles se inclinaron apenas, como conteniendo el aliento.

El reloj, inmóvil sobre la raíz, añadió en un murmullo que se deshilachó en el aire, y un tono metálico casi robótico.

"Es la hora. La entrada ya está abierta."

Tras eso, su tapa comenzó a cerrarse lentamente, casi como un ojo que decide dejar de observar.

El resto quedaba en manos de quien escuchaba, o de quien creía escuchar tanto al reloj como al conejo. ¿Seguirlos o correr bien lejos de aquel extraño lugar?


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RE: Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto] - por Krysser - 21-11-2025, 07:29 AM

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