22-11-2025, 10:48 AM
La llamada no tardó en llegar a la nueva base institucional de mystoria y la respuesta aunque no se dio de manera sonora se entendió en el silencio que transmitía, no había preocupación en sus compañeros, pues aquella llamada fue más protocolaría que necesaria. El rugido se disipó con los fríos vientos que amenazaban mysotoria, pero quisiera o no aquella bestia, había sido escuchada y su agonía había llegado hasta los oídos de aquel que no se permite dejar a los demás sin ayuda.
El marine expandió su mayor arma, el haki y pudo sentir la vida. Cada rincón de la isla con la que llegaba a conectar se visualizó en su palacio mental como pequeñas velas que se movían e interactuaban entre ellas, pudo notar como algunas se apagaban cuando otras mas grandes se acercaban, pudo sentir el miedo de las presas y el placer de los depredadores, su haki por un momento le permitió entender la libertad de los pájaros que soñaban con besar el sol y la tranquilidad de los peces que vivían en los lagos cercanos. El equilibrio de aquel salvaje lugar se fundió con la piel del gyojin, no. El gyojin se fundió con aquella isla, quizá por su parte más animal en su carga genética, o quizá por la paz que había demostrado en su interior, no lo sé, pero lo que si sé, es que aquella sensación de vida y comprensión total pudo llegar a abrumarle, pues eran 140 metros a la redonda y Fuguwu era un experto en el uso de aquel poder, por eso la información llegó en oleadas de pulsaciones, vidas enormes y pequeñas, aunque la división pensara que estaban solos, era mentira. No lo estaban.
En su escalada, su terrible fuerza le permitió agarrarse con firmeza en los tramos peligros, sus capacidades le ayudaron a seguir prosiguiendo y mientras sentía todo con su haki, su ascensión pasaba de promesa a realidad.
La ascensión sería larga, el volcán medía 4kms de altura y a medida que avanzaba por la escarpada zona que servía como subida, todo lo que llegó a sentir desde el claro se disipó, fue perdiendo aquellas pequeñas luces, y cada vez podía sentir menos vida alrededor, quizá las condiciones del lugar al que iba no eran las perfectas para los seres no habituados a las mismas.
A 500 metros de su ascensión, Fuguwu pudo encontrar una zona que pareció haber sido un campamento en el pasado, había telas apostadas en el suelo como si fueran un par de camas, piedras colocadas en circulo, asemejadas a lo que podría haber sido una hoguera con otras piedras planas, que quizá hubieran servido de plato, había una zona con unos cueros rodios, tirados en jirones y aparentemente destrozados, pero lo más curioso, lo más curioso de todo, era que bajo esos jirones de cuero, que quizá en algún momento habían sido una bolsa, había unos pergaminos de color mostaza, que se habían mantenido presos por el peso de los cueros y por suerte no habían salido volando, en esos pergaminos había algo escrito.
Un suceso sorprendente, asumiendo que aquella isla estaba inhabitada y que Fuguwu estaba ascendiendo por aquel enorme volcán, un sitio para las bestias, no para la civilización.
El marine expandió su mayor arma, el haki y pudo sentir la vida. Cada rincón de la isla con la que llegaba a conectar se visualizó en su palacio mental como pequeñas velas que se movían e interactuaban entre ellas, pudo notar como algunas se apagaban cuando otras mas grandes se acercaban, pudo sentir el miedo de las presas y el placer de los depredadores, su haki por un momento le permitió entender la libertad de los pájaros que soñaban con besar el sol y la tranquilidad de los peces que vivían en los lagos cercanos. El equilibrio de aquel salvaje lugar se fundió con la piel del gyojin, no. El gyojin se fundió con aquella isla, quizá por su parte más animal en su carga genética, o quizá por la paz que había demostrado en su interior, no lo sé, pero lo que si sé, es que aquella sensación de vida y comprensión total pudo llegar a abrumarle, pues eran 140 metros a la redonda y Fuguwu era un experto en el uso de aquel poder, por eso la información llegó en oleadas de pulsaciones, vidas enormes y pequeñas, aunque la división pensara que estaban solos, era mentira. No lo estaban.
En su escalada, su terrible fuerza le permitió agarrarse con firmeza en los tramos peligros, sus capacidades le ayudaron a seguir prosiguiendo y mientras sentía todo con su haki, su ascensión pasaba de promesa a realidad.
La ascensión sería larga, el volcán medía 4kms de altura y a medida que avanzaba por la escarpada zona que servía como subida, todo lo que llegó a sentir desde el claro se disipó, fue perdiendo aquellas pequeñas luces, y cada vez podía sentir menos vida alrededor, quizá las condiciones del lugar al que iba no eran las perfectas para los seres no habituados a las mismas.
A 500 metros de su ascensión, Fuguwu pudo encontrar una zona que pareció haber sido un campamento en el pasado, había telas apostadas en el suelo como si fueran un par de camas, piedras colocadas en circulo, asemejadas a lo que podría haber sido una hoguera con otras piedras planas, que quizá hubieran servido de plato, había una zona con unos cueros rodios, tirados en jirones y aparentemente destrozados, pero lo más curioso, lo más curioso de todo, era que bajo esos jirones de cuero, que quizá en algún momento habían sido una bolsa, había unos pergaminos de color mostaza, que se habían mantenido presos por el peso de los cueros y por suerte no habían salido volando, en esos pergaminos había algo escrito.
Un suceso sorprendente, asumiendo que aquella isla estaba inhabitada y que Fuguwu estaba ascendiendo por aquel enorme volcán, un sitio para las bestias, no para la civilización.
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