22-11-2025, 08:01 PM
![[Imagen: dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg]](https://wallpapers.com/images/hd/dark-alleyway-1600-x-900-wallpaper-vqg0sqmqrcbrfqtj.jpg)
La pequeña ciudad tenía un encanto mugriento, como si estuviera acostumbrada a tragar miseria, pero aún así se empeñara en seguir en pie. Calles estrechas, tejados torcidos, faroles que parpadeaban... Allí, donde los carteristas reptaban entre la gente y las bandas sin nombre intentaban parecer temibles creyéndose reyes del barrio, Lelith caminaba como quien pasea por una tienda de golosinas.
Observaba a cada persona como si fueran dulces en una estantería. Unos demasiado blandos, otros sin sabor... ninguno lo suficientemente tentador todavía. Mientras se preguntaba qué entretenimiento podría ofrecerle esa isla, decidió detenerse en un bar que olía a humedad, sudor y ron barato.
En cuanto entró, varias miradas se clavaron en ella. Una en particular no se apartó. Era un ladrón de poca categoría, pero con más intuición que la mayoría, que la observaba como quien mira un fuego hermoso sin saber si le calentará las manos o le devorará los brazos... Reconoció en Lelith algo que los demás no sabían ver: la belleza peligrosa, la calma del depredador, el brillo homicida detrás de la sonrisa perezosa. Se acercó a ella ignorando su instinto de supervivencia...
- No eres de por aquí, ¿no? -dijo, tratando de sonar casual-.
Lelith no contestó. Bebió un sorbo, lo observó… y sonrió apenas, como quien decide si un juguete servirá o no.
- Podría tener trabajo para ti -continuó él, tragando saliva-. Una casa. De un… marine local. Nada importante. Mucho dinero allí. Pero… necesitaré que tú lo distraigas.
Lelith parpadeó lento, devolviendo la mirada a su bebida.
- ¿Y qué ganarías tú?
- Lo que tú no quieras llevarte -respondió él con un tono demasiado rápido-.
Ella comprendió en un instante su plan. Usarla, engañarla, cargarle el muerto... Maravilloso. Así acordaron verse esa noche frente a la casa del marine.
La vivienda era demasiado ostentosa para alguien de tan poco rango. Lelith ya lo había visto por las calles: un hombre joven aún, excesivamente pulido, siempre con el uniforme impecable, con un orgullo frágil, envuelto en la tela inmaculada. Caminaba como si necesitara que el mundo creyera que él era autoridad pura, aunque su valor se deshacía para quien supiera reconocer la insignia de soldado raso de la marina. Vanidad, arrogancia, temor disfrazado de postura rígida. Un hombre que solo sabía parecer peligroso. Lelith había visto hombres así antes. Siempre eran los que gritaban más fuerte y morían aún más rápido.
![[Imagen: el-gran-palacio.jpg?s=612x612&w=0&k=20&c...OndAX1Q7Q=]](https://media.istockphoto.com/id/944134234/es/foto/el-gran-palacio.jpg?s=612x612&w=0&k=20&c=1GaeLBOCsoCsVGTeyt6BQJ7l9pXftLNVhvOndAX1Q7Q=)
Cuando el ladrón y Lelith entraron por la ventana trasera, la casa estaba quieta. El ladrón rebuscaba con la torpeza de quien quiere terminar antes de paralizarse por el miedo. Lelith lo observaba en silencio, evaluando cada rincón de la estancia, midiendo distancias, sombras, obstáculos.
La puerta principal se abrió.
El marine entró, cargando una bolsa de víveres. Al ver a los intrusos, su rostro se tensó en una mueca que pretendía ser feroz, pero que apenas ocultaba su sorpresa aterrada.
- ¡Quietos! -rugió, alzando su arma, la cual no sostenía con verdadera seguridad-.
El ladrón, impactado por el súbito encontronazo, miraba de frente al marine. Pero Lelith, que se había escabullido nada más oír la manivela, se colocó por detrás del marine y... cerró la puerta con un 'clic' suave. Un sonido tan leve pero, sin embargo, tan definitivo.
El marine giró y la vio. Los ojos rojos. La piel perlada. La belleza inquietante y una sonrisa que no podía pertenecer a nadie cuerdo.
- Tú… ¿qué…?
- Shh -susurró Lelith, avanzando-. No arruines el momento.
El ladrón quiso aprovechar la confusión para dirigirse a la ventana por la que habían entrado. Otra mala decisión.
El marine no vio más que una sombra avalanzándose contra el ladrón... Lo próximo que pudo ver fue a Lelith riendo, con su katana chorreando sangre, y al ladrón ya en el suelo, con profundos cortes en los talones y las muñecas. Se retorcía de forma agónica, pero lo que le inquietaba no era su dolor, si no la mirada del monstruo que ahora se le clavaba firmemente. El marine retrocedió, blanco como la cal.
- Eres… eres un demonio.
- Lo dices como si fuera un insulto -respondió ella, inclinando la cabeza con diversión-.
