Hace dos noches de hoy
Una tormenta arrecia en el exterior. La lluvia se intensifica cada vez más y cae como metralla en las vidrieras de la iglesia, retumbando su interior con un ritmo frenético. Los truenos rugen con fuerza tras el destello del relámpago, que ilumina el interior con su fugaz luz, cegando a los presentes. El viento se cuela por las rendijas de las puertas y la roca sólida, agitando el fuego de las cientos de velas encendidas. Trae el lamento de aquellos que ya fueron sentenciados.
En su interior, un grupo de personas. Puede que veinte, puede que más. Nadie se ha parado a contarlas. Todos están de rodillas, ordenados por filas frente a un altar. Las frentes rozan el suelo, mientras las manos se alzan sobre las cabezas y se juntan en una especie de símbolo religioso. Todos murmuran palabras vacías, adorando a un dios que apenas acaban de conocer. Al otro lado del altar, un hombre que dobla en tamaño a cualquier ser humano. Sus cuatro metros de alto son cubiertos por una túnica oscura y un cuello blanco. Lo corona un sombrero chato adornado con gemas brillantes. Su rostro de locura y su postura altiva, denotan un control implícito sobre el resto. Sus palabras se escuchan en cada rincón, con aires imperativos y sabiéndose de una verdad absoluta. -¡¡¡HIJOS MÍOS, ALZAD LAS CABEZAS!!!- grita. Tras la orden, todos obedecen. -¡¡¡TRAED FRENTE A MI A LA MÁRTIR DE PUREZA, AQUELLA QUE GESTA AL DIABLO EN SU INTERIOR!!!-
Un cura grita en una noche tormentosa
En la actualidad. Mediodía del 14 de invierno del año 16
El frío cala en los huesos a cualquiera que se atreva a pasear sin chaquetón por las calles de la ciudad. Sin embargo, Sorbet Norte se ve tan esplendorosa como nunca. Ya han colgado los adornos de las festividades venideras y no hay ni un solo ciudadano que se lo haya querido perder. Todos los paseos y avenidas están a rebosar de gente, con sus trajes elegantes y sus andares finos. Toda la riqueza de la isla se acumula en esta zona, y casi pareciera que hay una competición interna en determinar que familia es más ostentosa o excéntrica. Nuestro protagonista, Dharma, es ajeno a todo esto. Él no participa en estos juegos ni necesita demostrar nada. Tiene personalidad suficiente como para ir con su estilo único. Su resistencia al frío es tal que puede mostrar su cuerpo atlético sin llevar ningún tipo de abrigo hortera, ni nada parecido, que le impida moverse con libertad. Pasea tranquilamente. ¿Su objetivo o la razón por la que se encuentra aquí? Solo él lo sabe. Avanza tímido, analítico, aunque despreocupado. Sabe que no hay desafío que se le resista, aunque tampoco quiere meterse en problemas.
El tiempo lo lleva a moverse cada vez más a las afueras, en el límite fronterizo entre el norte y el sur de Sorbet. Aquí la buena vida sigue a la orden del día, pero se nota de forma más discreta, con menos pomposidad. La clase media se difumina entre las riquezas y todo es más asequible.Los caminos son estrechos y la arquitectura se asume más práctica que estética.
De repente, algo llama tu atención. Gracias a tu fino sentido del oído, detectas un quejido aniñado de dolor que se escucha en un callejón alejado de tí. Te acercas a inspeccionar y, mientras lo haces, se escuchan golpes y un tumulto de voces que maldicen casi al mismo tiempo. -¡Monstruo!- grita uno. -¡Pecador!- insulta otro. -¡Criatura del infierno!- se suma uno más. Cada amenaza e improperio son el precedente de un nuevo impacto y un nuevo lamento doloroso. No tardas en llegar al lugar de los hechos. Un pasillo sin salida de unos diez metros de largo y tres de ancho. En el fondo, diez hombres apalean algo con palos y varas de metal improvisadas. En el suelo, rodeado, ocupando casi el total del ancho del callejón, un enorme ser está tirado en posición fetal. Destacan sus cuernos, que determinan que es un Oni. Pero su tamaño no encaja. Es más pequeño de lo habitual. Gracias a tu perspicacia detectas rápido lo que pasa. Es un crío.
Agresión
La gente que cruza cerca tuyo y también es testigo de lo que sucede, parece hacer caso omiso, como si ya estuvieran acostumbrados o conformes con la agresión. Agachan la cabeza y desaparecen tan rápido como pueden. Antes de que puedas intervenir o pasar de largo, uno de los matones se da cuenta de tu presencia. -¡Eh tú!- Te observa unos segundos, y al ver que eres humano, sonríe. -¡Vamos, acércate. Estás a tiempo de ajusticiar a esta aberración!- te invita desde la distancia mientras extiende una cañería que usa como arma contundente. El resto no pierde el tiempo y sigue con la paliza.
Es tu momento,Dharma. ¿Qué harás?¿Ayudarás al joven Oni a zafarse de los matones que le rodean?¿Te unirás a la paliza por pura diversión?¿O tal vez decides quedarte al margen, observando como acaban con el chaval? La decisión es tuya. Solo tú manejas el destino.
Datos de interés

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