23-11-2025, 01:26 AM
La brisa nocturna seguía golpeando el casco del Crimson Stage mientras Eros bebía el aciago trago que las palabras de Gwen suponían en el estopor de su alma ebria de sentir tanto que no sabía que hacer con ello. Se mantuvo estoico y silente, dejando que la voz de la cantante fuese la que decorase la penumbra de la noche , pues había en cada elección de palabras un ejercicio consciente por parte de la misma; que mostrar, y que no, que callar y cómo decir. Entendía perfectamente que había mucho de ella que desconocía, pero despues de todo lo menos que podía hacer era intentarlo. Curiosidad, ternura y cariño. Tres conceptos que representaban en él quizás sus valores fundamentales.
¿Por qué elegían hacer lo incorrecto? El mismo se lo preguntaba, o quizás por qué había una inclinación a ello ¿Quién juzgaba lo incorrecto? ¿Era el estado, dios, la gente o el sentir? ¿Qué leyes respetaban aquellos que no seguían ninguna ley? Se incomodó silenciosamente más se mantuvo callado, rascando su nuca con cierto nerviosismo mientras sus pensamientos se sumían en un espiral descendente que terminaría llevando su mirada así como sus pensamientos hacia la oscuridad del mar.
No entendía quienes eran malos o buenos en un mundo donde todos tenían sus motivos para luchar por lo que creían, y todo se basaba en convicciones. Para él la convicción más grande era quizás la libertad, y la posibilidad de poder buscar la libertad para uno mismo y quienes apreciaba ¿Era acaso malo? Un villano, un ente maligno, un ser retorcido. Quizás, solo quizás.
— La tengo —Murmuró relativo a la fe. No era como la suya, sin duda, pues no había divinidad o poder superior que pudiese doblegarlo o volverse relevante cuando enfrentaba a la muerte cara a cara. No pedía explicaciones a lo divino, ni se desvelaba pensando en lo ajeno a lo terrenal pero el creer fervientemente sin tener pruebas, certezas o nada que respalde la creencia ¿No era eso la fe? Entonces Eros creía en ellos, en ella, a veces en sí mismo. Creía en la fuerza, y en la resiliencia. En la voluntad, determinación. — No soy un hombre de fe, estrictamente hablando, no creo en cleros o iglesias... Pero si creo en nosotros, y en lo que somos capaces —Aclaró. El cabaret era un grupo de buenas personas, eran individuos en si mismos con sus propias luchas y cada uno de ellos había sabido respaldar su fe de una forma u otra.
Se sentó en la barandilla del barco cuando Gwen suavemente se meció como el Crimson Stage hasta el centro de la cubierta, sin quitar sus ojos de la muchacha en ningún momento. Casi sin darse cuenta se encontró llorando. Lagrimas brotaban de sus ojos dorados ante las palabras de la muchacha, y comprendió que le dolía no poder darle una solución a ello que nunca hubiese esperado oír. No, a ello que nunca hubiese deseado oír.
Era lógico, quizás, enfadarse con lo divino cuando la más ferviente de sus devotas debía cargar con una cruz que ponía a prueba su fe. ¿Era hermosa? Si, bajo muchos estándares ¿Importaba cuantas veces se lo dijesen si es que ella misma no era capaz de apreciarlo? Pensaba que no, más solo ella estaba en sus zapatos y portaba el estigma del creyente, y el penitente.
— A mi también me gustaría que me pudieses ver... De nada sirve que te diga que mis ojos son como la miel, que tengo cara de cansado casi todo el tiempo o que mi cabello se ve como el crepúsculo —Se describió lo mejor que pudo jugueteando con uno de sus mechones de cabello, finalmente limpiando las lagrimas de su rostro con la manga de su abrigo en pos de no ser notado, de poder mentirle en la cara a aquella que consideraba su primer amiga.
Entonces se dio cuenta de un detalle, tan minúsculo como determinante según la lente que se usase. — ¿Te gustaría tocar mi rostro? Se que no es verme, pero creo que será útil para que me reconozcas cuando aparezca nuevamente el impostor de tus sueños —Añadió tratando con toda su determinación de esbozar una sonrisa, aunque debía reconocer que había días que costaba mucho.
Pegó un saltito hacia el suelo de la cubierta, andando con un sereno contoneo hasta la cantante. — Creo que es todo lo que te puedo ofrecer de momento pero... Vivimos en un mundo donde lo mágico y lo real van de la mano, lo inexplicable y lo lógico. Estoy seguro de que si hay una forma de que puedas ver, la encontraremos, y si no la hay la podremos inventar —Nuevamente se había presente esa fe de la que había hablado con anterioridad.
Poco a poco en el firmamento los colores de la noche se iban tornando más claros, con un leve fulgor rosáceo en el horizonte que acompañaba ese tan sutil cambio en el aire. El viento de la madrugada era distinto al de la noche, la misma humedad en el aire iba cambiando en torno ellos charlaban. Lo que parecían minutos bien podrían ser horas para aquellos que caminaban en las penumbras.
¿Por qué elegían hacer lo incorrecto? El mismo se lo preguntaba, o quizás por qué había una inclinación a ello ¿Quién juzgaba lo incorrecto? ¿Era el estado, dios, la gente o el sentir? ¿Qué leyes respetaban aquellos que no seguían ninguna ley? Se incomodó silenciosamente más se mantuvo callado, rascando su nuca con cierto nerviosismo mientras sus pensamientos se sumían en un espiral descendente que terminaría llevando su mirada así como sus pensamientos hacia la oscuridad del mar.
No entendía quienes eran malos o buenos en un mundo donde todos tenían sus motivos para luchar por lo que creían, y todo se basaba en convicciones. Para él la convicción más grande era quizás la libertad, y la posibilidad de poder buscar la libertad para uno mismo y quienes apreciaba ¿Era acaso malo? Un villano, un ente maligno, un ser retorcido. Quizás, solo quizás.
— La tengo —Murmuró relativo a la fe. No era como la suya, sin duda, pues no había divinidad o poder superior que pudiese doblegarlo o volverse relevante cuando enfrentaba a la muerte cara a cara. No pedía explicaciones a lo divino, ni se desvelaba pensando en lo ajeno a lo terrenal pero el creer fervientemente sin tener pruebas, certezas o nada que respalde la creencia ¿No era eso la fe? Entonces Eros creía en ellos, en ella, a veces en sí mismo. Creía en la fuerza, y en la resiliencia. En la voluntad, determinación. — No soy un hombre de fe, estrictamente hablando, no creo en cleros o iglesias... Pero si creo en nosotros, y en lo que somos capaces —Aclaró. El cabaret era un grupo de buenas personas, eran individuos en si mismos con sus propias luchas y cada uno de ellos había sabido respaldar su fe de una forma u otra.
Se sentó en la barandilla del barco cuando Gwen suavemente se meció como el Crimson Stage hasta el centro de la cubierta, sin quitar sus ojos de la muchacha en ningún momento. Casi sin darse cuenta se encontró llorando. Lagrimas brotaban de sus ojos dorados ante las palabras de la muchacha, y comprendió que le dolía no poder darle una solución a ello que nunca hubiese esperado oír. No, a ello que nunca hubiese deseado oír.
Era lógico, quizás, enfadarse con lo divino cuando la más ferviente de sus devotas debía cargar con una cruz que ponía a prueba su fe. ¿Era hermosa? Si, bajo muchos estándares ¿Importaba cuantas veces se lo dijesen si es que ella misma no era capaz de apreciarlo? Pensaba que no, más solo ella estaba en sus zapatos y portaba el estigma del creyente, y el penitente.
— A mi también me gustaría que me pudieses ver... De nada sirve que te diga que mis ojos son como la miel, que tengo cara de cansado casi todo el tiempo o que mi cabello se ve como el crepúsculo —Se describió lo mejor que pudo jugueteando con uno de sus mechones de cabello, finalmente limpiando las lagrimas de su rostro con la manga de su abrigo en pos de no ser notado, de poder mentirle en la cara a aquella que consideraba su primer amiga.
Entonces se dio cuenta de un detalle, tan minúsculo como determinante según la lente que se usase. — ¿Te gustaría tocar mi rostro? Se que no es verme, pero creo que será útil para que me reconozcas cuando aparezca nuevamente el impostor de tus sueños —Añadió tratando con toda su determinación de esbozar una sonrisa, aunque debía reconocer que había días que costaba mucho.
Pegó un saltito hacia el suelo de la cubierta, andando con un sereno contoneo hasta la cantante. — Creo que es todo lo que te puedo ofrecer de momento pero... Vivimos en un mundo donde lo mágico y lo real van de la mano, lo inexplicable y lo lógico. Estoy seguro de que si hay una forma de que puedas ver, la encontraremos, y si no la hay la podremos inventar —Nuevamente se había presente esa fe de la que había hablado con anterioridad.
Poco a poco en el firmamento los colores de la noche se iban tornando más claros, con un leve fulgor rosáceo en el horizonte que acompañaba ese tan sutil cambio en el aire. El viento de la madrugada era distinto al de la noche, la misma humedad en el aire iba cambiando en torno ellos charlaban. Lo que parecían minutos bien podrían ser horas para aquellos que caminaban en las penumbras.
