No juegues, lo que menos imaginé es que el espíritu de los Isleños de Karate fuera tan fuerte con sus fechas de celebración. No me iba a guardar nada en absoluto. Si voy a celebrar tengo que disfrutarlo. Ahora que estoy con buena compañía, compartimos una buena bebida. Pero no me había olvidado de mi promesa. Los chicos estaban animados con botanas y risas.
Por un breve momento me abrí y pasé por la cantina, los chicos no sabían de mi, pero yo en Karate tengo bastante tiempo ya y por ende uno que otro contacto. De tanto trabajar antes de pagar mis deudas, me hice un conocido en los campos de arroz que me ayudó a hacerme con una buena y sustanciosa botella de vino. Fue un regalo por salvar a su hijo del Oso. Nada me hizo más feliz cuando me hice con aquella botella pues le había prometido a alguien especial un buen Vino.
Este decía ser un vino de uvas verdes, imaginaba que no era el típico vinotinto pero era excelente igual porque es de uvas. —No tienes vino del tinto, yo creo que le gustará ese tambien.— No estaba del todo contento con darme dos botellas. —Agradecido, créame cuando le digo que no se arrepentirá nunca de este detalle milidel. —Unas palmadas multas en la espalda antes de volver a la mesa con los muchachos, parece que Ryota nos hablaba un poco de su vida. Mi mirada pasó por todos los presentes, pensé en rodar los ojos pero no puedo menospreciar este momento que se tomó para abrirse. Además que para mi ese chico es importante, salvó a la princesita.
No quise meterme que fuera mi turno de buenas a primeras. Lo que no esperaba es que Tezca se presenta como un pirata. Mi mirada recorrió el alrededor, no más para ver si alguien más podría estar escuchando nuestro alrededor. Las botellas las tenía bajo la mesa resguardadas con mis pies para que no les pasara nada. Claramente para sentarme era lo mejor no estar muy cerca, ya que mis piernas pueden estorbar a los demás. No daba el pecho hacia la conversación así no estorbara a ninguno.
Solo Runin me sacó del trance consecuencia de la preocupación. Veía al rubio comprendiendo a qué se refería hace unos días en el pasado. Un cruce de miradas café me hace sonreír inmediatamente. —Es difícil encontrar belleza que rivalice con la tuya, mi Tesoro.—Saque las botellas de vino claro y de vino tinto para que ella disponga, son suyas. —Nada que ver, sabes que si estas conmigo pide por esa boquita. — Choque de hombros con ella y luego vuelvo a recostar mi peso hacia ella.
—Algunos aquí ya me conocen. Soy Heras. Si necesitan alguien que les ayude con el timón, o a defenderse de un animal hambriento, aquí estoy. — Mostre la mano señalándome a mí mismo con el pulgar con total confianza. No voy a mostrarme como un manojo de dudas frente a todos. —Gracias al lidel por invitarme. Cuando quieras una ayuda cuenta conmigo. — Entonces vuelvo con Runin y le digo con un tono bajito.
—Cuando te embarnisaste todo el cuerpo, de quien querías la atención, mía o del oso. — Luche y perdi por sostenerle la mirada, pero terminé por bajarla más alla de su cuello y luego tuve que subirla por si me pillaban. —Bueno, tu ganas, si obtuviste mi atención, pero no me hagas eso de nuevo en una pelea.— Claro ahora es un tono más de broma. —Traiganle una cerveza, de Hidromiel para la princesa. — Para mi suerte, conozco que pueden beber ambas y aprovechando mis brazos largos le quite una de las jarras ambarinas, que no son muchas, para entregarsela.
—Tienes que actualizar, varias estaciones sin verte. Actualizame de tus aventuras. — Aquí creo que soy el único que sabe lo bien que pega Liora el cruzado de derecha, ha tumbado más borrachos de los que se puede esperar. Con mis alas cerré un poco el círculo social, ya que aun lado tengo a Runin y trato de integrarme a la conversación. —Hace un tiempo estuve entrenando, tenemos que medirnos.— Tras actualizarme un poco con Liora busqué con la vista un poco a todos antes de mirar por el rabillo a la adicta al vino.
Por un breve momento me abrí y pasé por la cantina, los chicos no sabían de mi, pero yo en Karate tengo bastante tiempo ya y por ende uno que otro contacto. De tanto trabajar antes de pagar mis deudas, me hice un conocido en los campos de arroz que me ayudó a hacerme con una buena y sustanciosa botella de vino. Fue un regalo por salvar a su hijo del Oso. Nada me hizo más feliz cuando me hice con aquella botella pues le había prometido a alguien especial un buen Vino.
Este decía ser un vino de uvas verdes, imaginaba que no era el típico vinotinto pero era excelente igual porque es de uvas. —No tienes vino del tinto, yo creo que le gustará ese tambien.— No estaba del todo contento con darme dos botellas. —Agradecido, créame cuando le digo que no se arrepentirá nunca de este detalle milidel. —Unas palmadas multas en la espalda antes de volver a la mesa con los muchachos, parece que Ryota nos hablaba un poco de su vida. Mi mirada pasó por todos los presentes, pensé en rodar los ojos pero no puedo menospreciar este momento que se tomó para abrirse. Además que para mi ese chico es importante, salvó a la princesita.
No quise meterme que fuera mi turno de buenas a primeras. Lo que no esperaba es que Tezca se presenta como un pirata. Mi mirada recorrió el alrededor, no más para ver si alguien más podría estar escuchando nuestro alrededor. Las botellas las tenía bajo la mesa resguardadas con mis pies para que no les pasara nada. Claramente para sentarme era lo mejor no estar muy cerca, ya que mis piernas pueden estorbar a los demás. No daba el pecho hacia la conversación así no estorbara a ninguno.
Solo Runin me sacó del trance consecuencia de la preocupación. Veía al rubio comprendiendo a qué se refería hace unos días en el pasado. Un cruce de miradas café me hace sonreír inmediatamente. —Es difícil encontrar belleza que rivalice con la tuya, mi Tesoro.—Saque las botellas de vino claro y de vino tinto para que ella disponga, son suyas. —Nada que ver, sabes que si estas conmigo pide por esa boquita. — Choque de hombros con ella y luego vuelvo a recostar mi peso hacia ella.
—Algunos aquí ya me conocen. Soy Heras. Si necesitan alguien que les ayude con el timón, o a defenderse de un animal hambriento, aquí estoy. — Mostre la mano señalándome a mí mismo con el pulgar con total confianza. No voy a mostrarme como un manojo de dudas frente a todos. —Gracias al lidel por invitarme. Cuando quieras una ayuda cuenta conmigo. — Entonces vuelvo con Runin y le digo con un tono bajito.
—Cuando te embarnisaste todo el cuerpo, de quien querías la atención, mía o del oso. — Luche y perdi por sostenerle la mirada, pero terminé por bajarla más alla de su cuello y luego tuve que subirla por si me pillaban. —Bueno, tu ganas, si obtuviste mi atención, pero no me hagas eso de nuevo en una pelea.— Claro ahora es un tono más de broma. —Traiganle una cerveza, de Hidromiel para la princesa. — Para mi suerte, conozco que pueden beber ambas y aprovechando mis brazos largos le quite una de las jarras ambarinas, que no son muchas, para entregarsela.
—Tienes que actualizar, varias estaciones sin verte. Actualizame de tus aventuras. — Aquí creo que soy el único que sabe lo bien que pega Liora el cruzado de derecha, ha tumbado más borrachos de los que se puede esperar. Con mis alas cerré un poco el círculo social, ya que aun lado tengo a Runin y trato de integrarme a la conversación. —Hace un tiempo estuve entrenando, tenemos que medirnos.— Tras actualizarme un poco con Liora busqué con la vista un poco a todos antes de mirar por el rabillo a la adicta al vino.
Karmas
