24-11-2025, 09:56 PM
El aire seco de la zona volcánica llenaba mis pulmones mientras continuaba mi ascenso por el sendero que conducía a la cima del volcán. Me detuve en seco cuando vi algo extraño a 15 metros por encima de mi posición, muy cerca de terminar de ascender los primeros 500 metros del coloso de magma. No era una presencia viva, pues no pude detectar nada con mi haki de observación el cual antes de iniciar el ascenso había abrumado mis sentidos por todas las presencias que habitaban en Mystoria, sino algo diferente, objetos dispuestos con intención, con propósito, la mano de seres inteligentes había estado presente en este lugar que consideraba inhóspito equivocadamente. Aceleré el ascenso, usando mis fuertes piernas para saltar los últimos 10 metros de roca inestable, y aterricé suavemente en lo que claramente había sido un campamento. Mis ojos amarillos recorrieron el área lentamente. El sitio medía aproximadamente 8 metros de ancho por 6 de profundidad, protegido parcialmente por una saliente rocosa que ofrecía refugio del viento. Me arrodillé junto a las telas en el suelo, dos de ellas, separadas por 2 metros entre sí. Pasé mis dedos por la tela la cual se sentía gastada al tacto, desgastada por el uso y la intemperie, pero no podrida. Calculé que llevaban aquí varios meses como máximo, ciertamente no más de un par de años pues su condición no evidenciaba lo contrario. Me levanté y caminé hacia el círculo de piedras. Eran 12 rocas colocadas en formación circular perfecta, con un diámetro de 1 metro. Me agaché nuevamente, manteniendo mi haki de observación activo en todo momento, y observé el interior. Ceniza vieja, pero también algo más ¿grasa animal quizás? No podía saberlo a ciencia cierta, si bien mi vasto conocimiento médico y mi humilde habilidad en la cocina me permitía distinguir carne de grasa, no era un explorador que pudiera aseverar el origen de esto sin tener equipo preciso de laboratorio para evaluarlo. Sin embargo, no era ciego, habían montado un campamento y cocinado aquí. Me concentré en mi haki de observación nuevamente, barriendo 140 metros a la redonda, pero no detecté ninguna presencia cercana. Estaba solo en este campamento abandonado.
Me moví hacia los cueros destrozados, manteniéndome alerta. Los jirones estaban esparcidos en un área de 3 metros cuadrados, como si algo los hubiera rasgado violentamente. Me agaché y tomé uno de los pedazos entre mis dedos, examinándolo cuidadosamente. El cuero era grueso y resistente. Las marcas de las garras o lo que fuera que los destruyó eran profundas e irregulares. Había salpicaduras de sangre seca en algunos fragmentos, de un color marrón oscuro que indicaba varios meses de antigüedad. Dejé caer el cuero y noté el bulto debajo. Pergaminos. Me arrodillé con cuidado, apartando los jirones de cuero con delicadeza para no dañar lo que fuera que estuviera debajo. Eran tres pergaminos de color mostaza, enrollados y sorprendentemente bien preservados gracias al peso de los cueros que los había mantenido fijos contra el suelo rocoso. Los tomé uno por uno, sintiendo la textura del papel entre mis dedos. El primer pergamino estaba cerrado con un cordel simple. Lo desenrollé con cuidado, extendiendo el papel sobre una de las piedras planas para mantenerlo abierto. Había algo escrito en él. A la vez que comenzaba a leer, saqué mi cuaderno de notas – el cual originalmente tomé en la base del G1 en Marineford para posteriormente abastecerme con varios ejemplares para futuras necesidades – y comencé a anotar lo que iba leyendo. Al terminar de leer, intente dibujar un sketch bastante básico del campamento. Ojalá estuviera Apolo, con su habilidad de dibujar mapas esto sería pan comido para él, en mis manos los trazos eran simples palos que carecían de perspectiva alguna. Pero como dicen las viejas sirenas de mi isla ‘peor es nada’ y esto era evidencia importante. Fuera quien fuera que había estado aquí, no había llegado por accidente. Había subido 500 metros por un volcán activo y había establecido un campamento.
Me moví hacia los cueros destrozados, manteniéndome alerta. Los jirones estaban esparcidos en un área de 3 metros cuadrados, como si algo los hubiera rasgado violentamente. Me agaché y tomé uno de los pedazos entre mis dedos, examinándolo cuidadosamente. El cuero era grueso y resistente. Las marcas de las garras o lo que fuera que los destruyó eran profundas e irregulares. Había salpicaduras de sangre seca en algunos fragmentos, de un color marrón oscuro que indicaba varios meses de antigüedad. Dejé caer el cuero y noté el bulto debajo. Pergaminos. Me arrodillé con cuidado, apartando los jirones de cuero con delicadeza para no dañar lo que fuera que estuviera debajo. Eran tres pergaminos de color mostaza, enrollados y sorprendentemente bien preservados gracias al peso de los cueros que los había mantenido fijos contra el suelo rocoso. Los tomé uno por uno, sintiendo la textura del papel entre mis dedos. El primer pergamino estaba cerrado con un cordel simple. Lo desenrollé con cuidado, extendiendo el papel sobre una de las piedras planas para mantenerlo abierto. Había algo escrito en él. A la vez que comenzaba a leer, saqué mi cuaderno de notas – el cual originalmente tomé en la base del G1 en Marineford para posteriormente abastecerme con varios ejemplares para futuras necesidades – y comencé a anotar lo que iba leyendo. Al terminar de leer, intente dibujar un sketch bastante básico del campamento. Ojalá estuviera Apolo, con su habilidad de dibujar mapas esto sería pan comido para él, en mis manos los trazos eran simples palos que carecían de perspectiva alguna. Pero como dicen las viejas sirenas de mi isla ‘peor es nada’ y esto era evidencia importante. Fuera quien fuera que había estado aquí, no había llegado por accidente. Había subido 500 metros por un volcán activo y había establecido un campamento.
Resumen
Haki
Off

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